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TRIBUNA

Maduro, Venezuela y la dictadura insumisa

jueves 10 de enero de 2019, 20:36h

Este 10 de enero comienza un nuevo periodo presidencial de Nicolás Maduro. La situación internacional, y también en el plano interno, no solo es compleja, sino también dramática en muchos sentidos. Se han cumplido ya 20 años desde la irrupción de Hugo Chávez como figura política, y tras algunos años de su muerte, y a pesar de las predicciones de muchos agoreros, Maduro no solamente no ha dejado el poder, sino que lo ha ido consolidando de manera bastante clara. Nada parece amenazar su continuidad al mando de la sufrida República Bolivariana de Venezuela.

Sin perjuicio de eso, el nuevo período de Maduro se encuentra actualmente con tres problemas de muy difícil solución. Podríamos decir, incluso, que son dificultades que tenderán a agravarse o que no serán resueltas durante su próxima administración, lo que vuelve más pesimistas las predicciones y más oscuro el desolador panorama que ha vivido Venezuela desde hace un par de décadas.

El primer gran problema es una tremenda crisis de legitimidad del régimen. Si ya en los últimos años de Hugo Chávez el gobierno bolivariano -de origen democrático- había devenido en arbitrario y una seria amenaza a las libertades, con Maduro la tendencia se consolidó. El punto de no retorno fue la clausura de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, a mediados del 2017. Con ello consolidaba su dictadura, hasta entonces caracterizada por la represión y muerte de numerosos jóvenes en las protestas sociales, el encarcelamiento de los principales líderes opositores y el control de prácticamente todo el aparato del Estado, incluyendo unas Fuerzas Armadas sumisas y bien controladas. Toda esta situación ha provocado una aguda polarización política, que en la práctica hace desaparecer las fórmulas pacíficas de solución del conflicto que afecta a Venezuela, toda vez que el régimen ha violado el orden democrático y las bases de la convivencia social.

El segundo aspecto es la crisis económica y social, cada año más grave y profunda, que se ha vuelto más difícil de resolver y con manifestaciones devastadoras para el pueblo venezolano. Se trata de una crisis integral: económica, de salud, humanitaria, con una miseria creciente, todo esto en medio de una gran delincuencia e inseguridad. Quizá la muestra más visible del fracaso del Socialismo del siglo XXI es la emigración de millones de venezolanos en los últimos años, casi el 10% de la población del país, entre ellos miles de profesionales que han partido a diferentes países en busca de las oportunidades que su patria hoy les niega. Como sabemos, se trata de una tendencia que se ha ido incrementando con el tiempo y que sigue afectando día a día al país.

El tercer elemento es la soledad internacional de la dictadura de Maduro. Desde hace algunos años el régimen ha recibido la condena de países europeos y latinoamericanos, así como son numerosos los ex gobernantes de distintas naciones que han representado ante la comunidad internacional sobre las violaciones a los derechos humanos y la falta de libertades existentes en Venezuela. El pasado 4 de enero el Grupo de Lima -representado por los gobiernos de Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía-, reiteró su rechazo al proceso electoral llevado a cabo por Maduro, negándole legitimidad democrática y desconociendo su régimen ante el periodo que se inicia este 10 de enero. Paralelamente reivindican y reconocen a la Asamblea Nacional elegida en diciembre de 2015y al Tribunal Supremo de Justicia. Por otra parte, reafirman “su inequívoca y firme condena a la ruptura del orden constitucional y del Estado de Derecho en Venezuela, resaltando que sólo a través del pleno restablecimiento, lo más pronto posible, de la democracia y el respeto de los derechos humanos, se podrán atender las causas de la crisis política, económica, social y humanitaria que atraviesa ese país”.

Aunque la Declaración no contó con el respaldo del nuevo gobierno de México, en general refleja la actitud de la comunidad internacional ante la dictadura de Maduro, la que rápidamente contestó a sus detractores: “Más allá de esta declaración, del auto determinado Grupo de Lima que ha escrito una vergonzosa página en la historia de las relaciones internacionales de la región, la República Bolivariana de Venezuela sabrá responder, a la luz del principio de la reciprocidad, a las acciones que individualmente decida tomar cada país, en la proporción correspondiente y en el terreno que cada uno escoja”. En esta línea de acción cuenta con el respaldo de la dictadura de Cuba, que acaba de celebrar 60 años de vida, así como de los miembros del decreciente Foro de Sao Paulo, cuya proyección es difícil de precisar.

¿Qué sucederá en Venezuela en los próximos meses y años? Es difícil predecir a estas alturas. En numerosas ocasiones el régimen de Maduro ha estado en las cuerdas y ha logrado sortear las dificultades con un sentido de poder muy claro: a veces con represión pura y simple, otras veces mediante sistemas seudo electorales, también clausurando o persiguiendo organismos democráticos. En materia económica el gobierno ha prometido numerosos veces la recuperación del país, ha organizado iniciativas creativas aunque siempre fallidas, ha llenado de anuncios al pueblo venezolano, cada día más pobre y escéptico. Sin embargo, en política el régimen de Maduro no se ha perdido, ha tenido un norte claro y ha sido exitoso: la premisa de conservar el poder siempre ha estado presente en el corazón del Socialismo del siglo XXI y, en Venezuela, ha sido su mayor logro visible.

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