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Vivir en el D.F.

lunes 28 de julio de 2008, 22:10h
Hay muchas frases que comúnmente se dicen, como “a todo se acostumbra el hombre”, y es posible que en parte esto sea cierto. Sin embargo algunas veces la costumbre es disfraz impuesto no tanto por conformismo, sino por la imposibilidad de escapar de la realidad que se vive, el deseo de permanecer en su tierra, la falta de oportunidades de desarrollo en otro lugar. Así es como los alrededor de veinte millones de habitantes de la capital mexicana se acostumbran a vivir en la inseguridad, el tráfico que hace que un trayecto dure en ocasiones más del doble, y en la tensión cada vez más evidente en el comportamiento de los ciudadanos.

Así es como los sectores con mayor ingreso dedican gran parte de éste en contratar seguridad privada, en blindaje para sus coches y en alarmas y sistemas de seguridad de alta tecnología para sus casas y oficinas. Los menos favorecidos sólo pueden rezar y pedir fervorosamente a la Virgen de Guadalupe, al Santo Niño o incluso a la Santa Muerte, tan de moda en los barrios populares de la capital mexicana, para que los delincuentes los pasen de largo, o por lo menos que no los dañen físicamente.

La Ciudad de la Esperanza, como los últimos gobiernos del Distrito Federal decidieron nombrar a esta mega urbe con un afán publicitario y poético, refleja su sobrenombre. Sin embargo es en realidad la esperanza de sus habitantes de poder salir a la calle sin tener que mirar atrás, de poder tomar el transporte público con la certeza de no ser atracado, de no tener que verificar el coche después de aparcarlo buscando si se han robado alguna pieza, sin el temor de ser secuestrado, ya sea por unos pocos pesos si se es obrero o por millones si se es empresario, de conseguir vivienda a un precio razonable, de obtener un trabajo bien remunerado según los conocimientos que se posean.

Los gobiernos de la capital no han podido solucionar la situación, pero la culpa no es exclusiva de éstos. Los incontables planes de descentralización del gobierno federal no se han concretado. La ciudad sigue creciendo, tanto en habitantes como en desigualdad, ante la falta de oportunidades en las otras regiones. Algunos estados del país han diseñado planes para crear empleo, pero no han sido suficientes. Por su parte las autoridades del Distrito Federal, con las propuestas y gastos en análisis, sufragados en gran parte por un grupo de empresarios, como el hecho en 2003 por la consultora del anterior alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, no han implementado soluciones concretas. Trasladar a los comerciantes ambulantes no tiene un significado relevante para los habitantes de la ciudad.

Los robos, secuestros, falta de empleo y disminución del poder adquisitivo continúan. Los oriundos del Distrito Federal que se encuentran fuera temen regresar, y los habitantes de la ciudad sueñan con escapar si no se dan soluciones a la situación. En la ciudad se discute sobre la desesperación, se habla de una posible revuelta si no se observan cambios. Esto es poco plausible, pero sí dice mucho sobre la tensión en la cual los ciudadanos viven. Están cansados de los discursos, de las guerras dentro de los partidos políticos, y entre ellos. Los habitantes de la capital quieren seguridad, quieren oportunidades, quieren que la Ciudad de la Esperanza sea la Ciudad de la Paz y el Bienestar.

Hebe Cue

Interna- cionalista

HEBE CUE es investigadora del Instituto Universitario Ortega y Gasset y experta en Relaciones Internacionales

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