Fue elegido como el mejor jugador del año y, además, como el mejor atacante.
Con la temporada concluida en el triunfal desenlace firmado por los Patriots de Tom Brady y Bil Belichick. toca pasar revista a los premios que han rendido reconocimiento al rendimiento de los mejores jugadores de un curso que desembocó en la Super Bowl LIII. Se trató de un año deportivo en el que se confirmó la tendencia de la liga estadounidense en la protección de los jugadores ofensivos y, como consecuencia, prevalecieron aquellas franquicias con las apuestas menos defensivas.
Los playoffs determinarían que las Finales de Conferencia midieran a los cuatro equipos más potentes en cuanto a anotación, nada anecdótico. Kansas City Chiefs, New England Patriots, New Orleans Saints y Los Angeles Rams se la jugaron. Y, si bien el anillo se decidiría en un enfrentamiento de tinte defensivo, dictado por el gelendario Belichick, el paisaje global desde los primeras semanas de la temporada regular aclamaron a los ataques.
En ese contexto no resulta extraño que los candidatos a hacerse con el premio individual más goloso se lo disputaran tres jugadores de ataque. Patrick Mahomes, quarterback estelar de los Chiefs, alcanzó premios al Jugador Más Valioso (MVP) y Ofensivo del Año de la NFL en su segundo año como profesional. Una gesta que no pudo redondear en las eliminatorias por el título, pero que cobra una dimensión especial si se concibe que su año de novato se lo paso sin protagonismo.
Esto es, en su explosión arrasó con todo. "Es un honor muy especial el haber recibido ambos premios, pero creo que solo fue gracias al gran equipo que formamos con unos compañeros maravillosos y excepcionales", expuso desde el atril, en la cima del fútbol americano con sólo 23 años. Este producto de la Universidad de Texas Tech, que llevó al límite a los Patriots (perdieron en la prórroga por 31-37) en la previa de la Super Bowl, concluyó el curso con una tarjeta de 5.097 yardas (segundo en esta clasificación), 50 pases de touchdown (líder) y un ratio del 82.0 (líder).
Sólo tuvo que lamentar 12 intercepciones en 580 intentos de pase y se afirmó como uno de los grandes nombres que están llamados a relevar a Tom Brady y a Drew Brees, otro de los nominados. El quarterback de los Saints se quedó en la estacada en la lucha por el MVP, junto con Todd Gurley -el running back referencial de los Rams-, más sí pudo delebrar el reconocimiento que conlleva recibir el premio Art Rooney al Espíritu Deportivo. Y Chris Long se llevó el Walter Payton al Hombre del Año -destinado a aquel que ha aportado más a las comunidades necesitadas-.
Mahomes siguió la senda de seis años consecutivos con un mejor jugador que compita en el puesto de quarterback. Le precedieron Peyton Manning, Aaron Rodgers, Cam Newton, Matt Ryan y Brady. De esta manera, Adrian Peterson (que se lo llevó en 2012 desde el rol de corredor) sigue marcando una frontera que retrata la evolución del juego. Únicamente el galardón de Novato Ofensivo del Año vio a un running back vencer a un pasador.
El corredor de los New York Giants, Saquon Barkley, se impuso al sorpresivo quarterback de los Cleveland Browns Baker Mayfield. El estrellón neoyorquino resplandeció en un equipo perdedor (5-11) desde temprano. En su primer partido ya gozó de una actuación de 100 yardas. Sería el primer duelo de los siete en los que amontonó esa cifra, concluyendo con un total de 1.307 yardas y 11 touchdowns. Una irrupción que también acogió 91 pases atrapados para 721 yardas y cuatro touchdowns.
En el apartado defensivo saldría triunfal Aaron Donald. El tackle defensivo de los Rams se mostró colosal a lo largo y ancho del curso para merecer el premio de Defensivo del Año. Se alzó, con ello, como el segundo jugador en la historia que acapara ese trofeo en dos temporadas consecutivas. Y el Novato Defensivo del Año recayó en Darius Leonard, de los Colts. Este jugador de 23 años forzó cuatro fumbles y consiguió 7 intercepciones. Y del equipo de Indianápolis surgió, también, el Regreso del Año. Se trató del quarterback Andrew Luck, que consiguió llevar a los suyos a la postemporada.
Y, en un guiño a los pocos resquicios defensivos que han gozado de focos en estos meses, el Entrenador del Año fue Matt Nagy de los Chicago Bears. El conjunto venía de sufrir un ejercico de 5 victorias y 11 derrotas y de la mano de Nagy agudizó su achique, con la millonaria contratación de Khalil Mack, despegarían para pasar del último puesto de su división a la cima del mismo. Ganándose una participación en los playoffs que no profundizó más por el impensable field goal fallado por el kicker Cody Parkey. El coordinador defensivo Vic Fangio y la detonación de Mitchell Trubisky les bastó para acabar con un meritorio 12-4. Frank Reich, Sean McVay, Andy Reid y Sean Payton, preparadores más ofensivos, se quedaron a las puertas del premio.