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Políticas de perpetuidad. La "herencia Fujimori"

Lucía Nieto
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lnietoelimparciales/7/1/7/19
martes 29 de julio de 2008, 23:55h
Buscar el consenso y promover la unanimidad es un grave error que pone en peligro las instituciones democráticas. La promoción de fórmulas únicas que pretenden hacerse perpetuas y que persiguen abolir la oposición y abogan por la anulación del antagonismo político, son funestas para la libertad e igualdad, fines últimos de la democracia.

Una forma muy actual de este desconocimiento la estamos viviendo en varios países de América Latina, para ello nos podemos valer de dos ejemplos: Colombia y Venezuela. Se trata de dos países que por sí mismos traen suficientes dificultades para la vida en democracia de sus ciudadanos, marcadas fundamentalmente por la pobreza y la desigualdad social. Se suman a estas, las generadas en el plano político por sus gobernantes, que mediante su intromisión en las instituciones formales del Estado buscan acomodarse perpetuamente, con la convicción de que están gobernando de la mejor forma y, además, de que nadie lo puede hacer o lo hará mejor que ellos.

En Colombia, el presidente Álvaro Uribe, actualmente en su segundo periodo de gobierno, valiéndose de fórmulas legalmente contempladas pero ilegalmente logradas -cohecho-, consiguió modificar la Constitución y aprobar la reelección inmediata, de ahí su actual mandato, y está en el proceso de “acomodamiento” para el tercero. Las cosas no le han salido mal del todo, su gran frente de gobierno, la Política de Seguridad Democrática, le ha dado grandes dividendos. Es así como la decadencia de las FARC, gracias a los múltiples y sonados éxitos del gobierno, ha hecho que Colombia recupere espacios a nivel internacional y que la popularidad del presidente esté cercana al 85% o más. El pasado 20 de julio, día de la fiesta de la Independencia, marcharon cerca de 6 millones de personas en todas las ciudades y pueblos de Colombia y en muchas ciudades del mundo. Una marcha por la libertad sí, pero una marcha con marcadas señales y símbolos de apoyo al presidente para su tercer mandato. Todo esto a pesar de que más del 70% de los líderes políticos de los “movimientos” de la coalición política que ha apoyado a Uribe se encuentran en la cárcel sindicados de “parapolítica”. Sí, en el 2010 serán las próximas elecciones presidenciales y ya están siendo evidentes las jugadas del gobierno y de los miembros de la coalición, con miras a la preparación del tercer mandato, mala señal para la democracia estas políticas de pretendida perpetuidad.

Por su parte, Hugo Chávez, cercano como está a la validación de su gobierno en las urnas mediante las elecciones municipales y regionales de noviembre próximo, interpretadas como un paso en la búsqueda de un cuarto periodo en el poder, ante el fracaso del referéndum constitucional del 2007, que en su momento fue interpretado por el presidente como una batalla perdida pero no la guerra. Intenta recuperar protagonismo regional, se ha desmarcado de las FARC ante su deterioro militar y su creciente impopularidad. En su última gira ha estado en Bolivia, Nicaragua, Rusia, Bielorrusia, España y Portugal, ha adquirido importantes sistemas de defensa, no se sabe muy bien con qué fines pero este tipo de decisiones no dejan de ser especialmente populares, más cuando se ha alimentado la idea de riesgo ante la inestabilidad regional generada por el conflicto colombiano y la potencial amenaza de una “invasión gringa”. Ha hecho, además, inversión económica y política de presente y de futuro con los recursos petroleros, haciendo gala de un gran poder y control como negociador, lo que le hace muy popular. En lo interno, Chávez busca revitalizar su régimen, que ha perdido popularidad a pesar de ser el presidente venezolano que, comparado con sus antecesores, más poder ha acumulado y más fondos ha invertido en promover su proyecto político. La corrupción, el nepotismo y la violencia son sus principales dificultades, pero consciente de ello se vale de su indiscutible liderazgo y de sus, por ahora, infinitos recursos económicos, para ampliar la cobertura de las necesidades sociales a costa de un gran asistencialismo, del cual no es consciente la población, pero si favorece una imagen positiva del gobernante. Nuevamente estrategias populistas que soportan políticas de pretendida perpetuidad. ¡Qué viva la democracia!

Lucía Nieto

Investigadora de la Fundación Ortega y Gasset

Lucía Nieto es investigadora de la Fundación Ortega y Gasset.

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