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TRIBUNA

Releyendo a Ortega

miércoles 27 de febrero de 2019, 20:21h

Una obra de filosofía es siempre un acto para celebrar para quienes nos dedicamos al cultivo de las Humanidades. Mas si es una obra vibrante sobre la filosofía de Ortega, entonces estamos ante un acontecimiento cultural para toda España. La responsable de ese acontecimiento es la editorial Almuzara que acaba de publicar el libro escrito por Agapito Maestre Ortega y Gasset. El gran Maestro. No es un libro más sobre Ortega sino el libro que necesitábamos para releer a Ortega sin anteojeras ideológicas. Estamos ante una obra de madurez del filósofo Agapito Maestre. El libro cumple las aspiraciones de los clásicos de nuestro siglo de oro “enseñar deleitando”. Su enseñanza nos recrea por la obra del filósofo más grande del siglo XX a la vez que nos deleita con su ágil escritura.

En el libro podemos descubrir dos registros: uno, por el que pueden navegar los que quieren conocer la filosofía de Ortega, tomando conciencia del valor de sus escritos políticos, filosóficos, literarios, estéticos, así como de los recursos literarios, “prodigioso creador de metáforas”. El libro es una perfecta síntesis de las circunstancias que acompañaron a nuestro filósofo. El protagonismo del lector es clave en la filosofía de Ortega. Agapito Maestre nos acerca a Ortega con mirada limpia, nos ayuda a quitarle el miedo a este autor. En este libro, Maestre más que explicar, lo que hace es mostrar con sutil filosofía a Ortega.

El otro registro, no menos interesante que el anterior, es en el que Maestre, con especial maestría, profundiza en la esencia del pensamiento de Ortega. Sabe desbrozar toda la maleza que ha impedido ver la obra del mayor filósofo y pensador del siglo pasado que sigue proyectando luz para nuestras generaciones con la perspectiva y grandeza que merece. Es una investigación en la historia del pensamiento español. Pero no solo nos descubre el pensamiento de Ortega sino que como sucede con las cerezas, de Ortega cuelgan María Zambrano, José Gaos, García Morente, Julián Marías, Octavio Paz, Unamuno…

Maestre hace un estudio profundo sobre la filosofía de Ortega, abalado por el rigor científico y con las citas oportunas. El estudio de Ortega no es rectilíneo y monocorde, sino que avanza y retrocede para presentarnos un Ortega descarnado de los prejuicios que le han ido cargando sus detractores. Siguiendo al historiador Tácito no nos presenta un Ortega de los hechos sin más, sino que nos descubre un Ortega rodeado de sus circunstancias, no solo se interesa por el qué de Ortega sino que indaga en el cómo, el por qué y el para qué. Es, sin duda, un libro que puede considerarse como punto de referencia para los estudiosos de la filosofía y la política orteguiana.

Para penetrar en Ortega es necesario partir de unos principios: No existe asunto importante de España sobre el que no haya dicho nada Ortega. Dice Agapito Maestre: “Este es el legado que ha dejado Ortega a la cultura en lengua española de nuestra época. Ser, sí, ser libre, ser sin condiciones, ser sin miedo a vivir son las primeras muestras de un pensador que solo se salva a sí mismo salvando su circunstancia: El ser de Ortega es antes que nada, ser español. Ser sin poner condiciones a la vida”. “Fue un hombre libre por necesidad. Y, además quiso ser libre”.

La voz crítica de Ortega siempre estuvo en el foro público, el modo más usado para expresar su pensamiento fueron sus ensayos y el periódico. Su pensamiento no soportaba un sistema filosófico. El ensayo fue la forma de dialogar con su filosofía.

Ortega ingresó en la política, y nunca dejó de recibir críticas por su participación en ella, pero por encima de todo fue filósofo y no abandonará su oficio por entrar en política. El tema que late en su pensamiento es España. “Porque me importa mucho que España sea un permanente Estado”. Como ciudadano-filósofo le importaba más la nación que su interés personal, en esta clave hemos de entender su sonoro silencio. Su abandono de la política en el 1932 fue motivo de críticas al igual que lo fue su regreso a España en 1945.

El tema de este desencanto lo aborda Agapito Maestre con el título Ortega difamado. Por encima de todo, Ortega es reformista, liberal y demócrata. El individualismo democrático está en contradicción con el fundamentalismo democrático. Su empeño está en elevar el nivel de la cultura política de los españoles. La crítica que hace Gaos a Ortega es demoledora, “Murió intelectual y políticamente en el 31 por no defender la República”, “Ortega no era de su tiempo”, crítica que se hace después de su muerte y, como señala Agapito Maestre, a esta crítica hubiera respondido Ortega con el silencio. La filosofía de Ortega está en la plazuela, en su comunidad o no es filosofía, es un filósofo- ciudadano, su método socrático lo aplica a lo cuotidiano.

Si bien Ortega reconoce que el tema de Dios no es prioritario en su filosofía, sin embargo ha sido un bocado apetecido por todos, para actuar contra él. Nadie, dice Maestre, “ha descrito con la precisión de su escritura el pliegue que une filosofía y religión cristiana”. La vida como realidad radical no se cierra a priori a ninguna pretensión de realidad. Ortega establece las bases de convivencia pacífica entre filosofía de la razón y religión cristiana. Como dice Agapito es nuestra obligación intelectual dejar constancia de la herencia cristiana que recoge Ortega para su filosofar.

Con Palabras de Ortega el Dios del cristianismo es clave para entender la modernidad. Por ello Ortega es atacado desde dos frentes: el integrismo cristiano y los modernos ateos. Sin embargo para Ortega fe y ciencia se complementan, ateos y cristianos se necesitan para seguir adelante. El error está en que el cristiano y el ateo intentan ocupar todo el terreno de la existencia. El primero quiere suplantar la vida con la fe y el segundo con la ciencia. Nos dice Ortega “la vida no tolera que se la suplante ni con la fe revelada ni con la razón pura”. Eso, dice Maestre, no significa ni desprecio de la fe ni de la ciencia. La razón vital es tan exigente con la fe como con la ciencia. La razón vital es exigente con el cristianismo, pero no está reñida con él.

La idea de responsabilidad, respeto y reconocimiento fue su máxima al tratar el tema de Dios. “No soy católico pero no tengo ni un solo pelo de anticlerical. Critico el integrismo católico pero no soy enemigo de la religión”. Agapito Maestre añade: “No fue anti-nada, pero menos anti-católico”. La filosofía raciovitalista de Ortega es compatible con la creencia del Dios de los cristianos.

El silencio de Ortega. La obra de Ortega es diáfana, transparente, su silencio es tan transparente como su obra, su silencio es filosófico. El silencio es la mayor prueba de coherencia entre la vida de Ortega y su obra, entre el filósofo y su filosofía. Según resalta Maestre, se pasa de puntillas sobre su “desgarrado silencio”, como si de un enigma se tratara, pero es la señal clave para construir el principal de los bienes en común: la nación. Su idea de libertad, como fundamento de la democracia, justifica este silencio.

Los textos políticos de Ortega se encuentran engarzados a través de toda su obra. Como señala Maestre, la reflexión política está por todas partes. Las minorías selectas son las que han de dinamizar y desarrollar los valores democráticos de una sociedad, la excelencia se mide por la autoexigencia de sus individuos. El poder público corresponde a la colectividad de los ciudadanos. La verdadera política no puede ser otra que la democracia. Política y libertad, nos dice Ortega, las dos son necesarias, son nuestro destino. Ortega es crítico con el idealismo, el ser precede al deber-ser. Jamás desvinculó el liberalismo de la democracia. Por aquí nos invita Maestre a releer a Ortega como un gran pensador de la democracia, pues que pocos han visto en Ortega que el desarrollo de los individuos y de las sociedades abiertas y plurales no es viable sin su crítica al idealismo y la revolución. Sin el respeto por el libre desarrollo de los individuos no hay democracia. Hay que conciliar libertad y destino.

La relación de Ortega con su filosofía se expresa como una lucha constante, lo que conocemos como “segunda navegación”. Su retirada en el 32 de la actividad política, no fue un adiós a la política. Con su retiro no quiso estorbar en la construcción de los bienes públicos del nuevo régimen, su silencio ante la guerra y la postguerra es toda una lección de filosofía y política. Como desarrolla Agapito Maestre “recoge lo escrito y lo repiensa. Somete a prueba su propio pensamiento, del trato con su propia filosofía sale reforzada su imagen de escritor, artista, filósofo y pensador”. La segunda navegación es un saber de discreción y prudencia. Llega a decir que su obra es por presencia y esencia circunstancial, es imposible la salvación individual sin contar con las circunstancias. La búsqueda de la razón histórica donde se desarrolla su filosofía, España, es su pasión filosófica. Su obra solo puede entenderse como un servicio a España. Su único objetivo, a través de sus escritos, sigue siendo colaborar en la transformación de España para convertirla en una gran nación.

Pedagogía política. Durante toda su vida Ortega se propuso hacer pedagogía política. La política es un destino, no es ni buena ni mala, es necesaria. No es un asunto de especialistas, sino que afecta a todos los ciudadanos. La política, nos dice Ortega, tiene un carácter universal, ciudadanos dispuestos a resaltar aquello que les une. La política se transforma en un asunto que pertenece a todos. Sin la asunción de nuestro destino como nación el diseño de un estado democrático está abocado al fracaso. Como comenta Agapito Maestre, la conquista del ámbito político fue vista, estudiada y expresada por el filósofo español con una claridad que aún no tiene parangón entre nosotros. Según Ortega, “La política es el arte de conseguir sin violencia lo que nos es rehusado”. Un Estado al servicio de la nación, del pueblo.

Ortega arquitecto político. La filosofía política no es tanto una reflexión sobre ideas políticas cuanto un estudio de las circunstancias y “controles” en los que ella se mueve, nos dice Agapito Maestre. Según Ortega sólo quien tiene una idea del Estado dentro de la Nación puede ser llamado con propiedad: Político. Ortega crítico del poder, no fue nunca un oportunista político. El periódico fue el medio más utilizado para expresar su pensamiento. Ortega es el pensador más grande que ha dado España en el siglo XX. Con palabras de Maestre: “Pocos han difundido con tanta inteligencia como Ortega la democracia a la vez que criticaba la rebelión de las masas, eso que hoy conocemos como populismo. En Ortega no es posible separar el filosofó del hombre filosofo-ciudadano.”

En fin, Agapito Maestre en Ortega y Gasset. El gran maestro, no sólo nos previene de las malas lecturas que se han hecho de Ortega, sino que nos invita a una filosófica y alegre relectura de Ortega y sus discípulos.

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