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Biografía

Marino Gómez-Santos: Severo Ochoa no era de este mundo

domingo 03 de marzo de 2019, 19:08h
Marino Gómez-Santos: Severo Ochoa no era de este mundo

Renacimiento. Sevilla, 2018. 336 páginas. 19,90 €.

Por Carlos Abella

La lectura de este libro sobre los últimos años del gran investigador español Severo Ochoa (Luarca 1905- Madrid 1993) produce desazón, angustia y tristeza. Porque Marino Gómez-Santos, el que fuera su amigo, biógrafo y persona de su exclusiva confianza, ha relatado con pluma exquisita, dura y delicada a la vez, la peripecia humana de un hombre que como el titulo afirma “no era de este mundo”, porque no ser de este mundo es desconocer la envidia que asola el modesto panorama científico español; no ser de este mundo es descubrir la vil condición humana de quienes se hacían pasar por discípulos a la espera solo de la herencia monetaria y no es ser de este mundo contemplar en los actos oficiales el vacío institucional que la España oficial hacía a un notable investigador y científico al que las circunstancias de la vida llevaron a ser discípulo del Dr. Juan Negrín -más recordado por su nefasta presencia en la política española de los años treinta-, a salir de España en 1936 como otros miles de españoles republicanos y de nuevo tener que abandonar los laboratorios alemanes para -como miles de intelectuales, artistas y sabios occidentales y centroeuropeos-, escapar de la Alemania de Hitler huyendo del macabro afán antijudío del más odiado personaje de la historia del siglo XX.

Asentado en Estados Unidos después de la II Guerra Mundial, y en concreto en Nueva York, Severo Ochoa -como cuenta Marino Gómez-Santos con rigor- recibió el soporte, la ayuda y los medios para desarrollar junto con otros científicos investigaciones sobre la Bioquímica y la Biología Molecular con el feliz resultado de haber sido galardonado en 1959 con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina compartido con el profesor Arthur Kornberg. En 1956 él y su esposa adoptaron la nacionalidad estadounidense y a su regreso a España no recuperaron la española.

Este libro que con oportunidad y calidad ha editado Renacimiento está basado en el diario que Marino Gómez-Santos escribió desde 1967 a 1993 y que se corresponde con los años de su fecunda amistad con Severo Ochoa y su esposa Carmen Cobián, iniciada cuando como periodista del diario Pueblo se acercó al premio Nobel, recién llegado a España para hacerle una entrevista, y culminada con las atenciones que le dispensó en los últimos meses de su vida hasta su muerte en la Clínica de la Concepción de Madrid, a su entierro en el cementerio de Luarca y la generosa batalla librada como albacea y secretario de la Fundación Carmen y Severo Ochoa. Son estas últimas páginas -casi cincuenta- las que a la desazón ya descrita del dulce y progresivo irse de este mundo de Ochoa, producen la rebelión interior del lector ante tanta mezquindad, tanta frialdad de las autoridades y tanta miseria moral de quienes en lugar de enaltecer el legado científico y moral de Ochoa contribuyeron intencionadamente a su ignorancia, al abandono cuando no a la misma rapiña de los bienes materiales legados por Severo Ochoa.

Ejemplos de cuanto he mencionado aparecen en la página 81 cuando Ochoa afirma: “No tengo el menor interés en permanecer sobre la superficie de este planeta”, o cuando en la página 114 dice: “Me gusta mucho la literatura, la pintura, la escultura, la arquitectura, la arqueología, la música. Creo que el arte en general enriquece el espíritu científico. Lo único incompatible con la ciencia es la política”. O cuando con dolor afirmó, después de años de su regreso a España que “en España, para ejercer la ciencia, es necesario llevar el carné del Partido Socialista”.

Gómez-Santos ha sabido con su gran pluma describir el dolor de la pérdida de su amada esposa Carmen Cobián, cuando llevado por su agnosticismo confesaba: “No tengo esperanza de encontrarme con mi mujer, en otro lugar porque he buscado la fe sin encontrarla”, y en todo el libro hay una atmosfera que refiere que Severo Ochoa estaba en España fuera de lugar, quizá por sus muchos años de estancia en Nueva York, y quizás también por su falta de capacidad a la hora de ambientarse en la España que germinaba el fin de siglo. Es especialmente revelador su digno rechazo al ofrecimiento que en más de una ocasión le hizo S.M. el Rey Juan Carlos de concederle un título nobiliario. En resumen, este libro dibuja con sutileza y finura la agonía lúcida y cabal de un gran hombre, de su tiempo, y evidencia una vez más la sórdida condición humana de algunos.

Marino Gómez-Santos ha cultivado la historia contemporánea a través del género biográfico. En 1971, le fue concedido por su obra Vida de Gregorio Marañón el Premio Nacional de Literatura. Ha conocido y tratado de cerca a muchos protagonistas de la vida cultural y política de la España del siglo XX que aparecen reflejados en su La Memoria Cruel (2002). Además de Gregorio Marañón, es el primer biógrafo de Severo Ochoa, Francisco Grande Covián y la Reina Victoria Eugenia.

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