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Poesía

Julia Bellido: Las voces del mirlo

domingo 03 de marzo de 2019, 19:10h
Julia Bellido: Las voces del mirlo

Renacimiento. Sevilla, 2018. 73 páginas. 9,90 €.

Por Sergio M. Moreno Domínguez

Poco después de amanecer, el trino alegre de las aves me despierta. El aroma dulzón de los frutales salta desde el jardín a nuestra cama y desde la ventana, con descaro, un solitario mirlo nos observa. Lentamente, me acerco a saludarle, pero corre a ocultarse en un naranjo y me quedo perplejo en el alfeizar, mientras mis ojos vuelan tras sus alas.

Sin embargo, tengo un libro entre las manos, un poemario que me habla con todas las voces de ese pájaro. Un libro que enamora a primera vista, gracias, en gran parte, al primoroso trabajo de diseño de Marie Christine del Castillo, y que acaba por seducir al lector letra por letra.

En un giro vital, Julia Bellido se despide de los cielos nubosos de Mujer bajo la lluvia (Libros Canto y Cuento, 2013), para mostrarnos la clara luminosidad de un cielo despejado. La desazón, que acompañaba a muchas de sus primeras composiciones poéticas, se transforma en Las voces del mirlo en un hondo canto a la existencia.

Comenzando por el verano, la naturaleza se desborda entre sus páginas a través de las cuatro estaciones del año, y en cada una de ellas se puede saborear el cambio constante de los ciclos vitales. Sirva de muestra esta pequeña selección de versos: “hay una luz de miel / sobre el campo de trigo”, “un sol ya dolorido”, “los árboles desnudos”, “todo es fecundidad”.Imágenes que nos hacen ver, oler, saborear y casi palpar, a través de sus poemas, el lento transcurso de los días.

Además de la división temporal del poemario, también existe una división temática, ya que, a pesar del equilibrio del conjunto general del libro, se aprecia cierta partición entre los versos a la naturaleza y los versos a la familia. Los primeros son escenas del mundo natural, acuarelas versadas con alma de haiku, los segundos, a mi parecer aquellos que cargan el verdadero peso de la obra, profundos elogios a la familia y la amistad. Siendo especialmente emotivos aquellos que dedica a su madre, incluyendo la dedicatoria inicial, y a sus hijos, como Mare, MarisMara, La casa o Polaroid.

A nivel técnico, se agradece el cuidado trabajo de la métrica y la extensión precisa de los poemas, herencia inequívoca de sus grandes maestros, hecho que, acompañado a la riqueza visual de las imágenes y la dosis oportuna de emoción, hacen de este poemario una verdadera delicia para los sentidos.

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