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DESDE ULTRAMAR

Impostergables noticias: de Guaidó a Nueva Zelanda

Marcos Marín Amezcua
jueves 21 de marzo de 2019, 21:01h

La vorágine informativa que nos avasalla sin tregua ni cuartel, cual estampida noticiosa a tropel, imparable, inexcusable de abordar, me orilla a decirle mi parecer en unas cuantas líneas acerca de temas disímbolos, pero no por ello menos puntuales y que son por demás, obligados.

En esta entrega me referiré a paso veloz, a matacaballo nuevamente y muy a mi pesar por la premura, a las nuevas malas del culebrón del autoproclamado Guaidó, a la Guardia Nacional del recién llegado mandatario mexicano y al execrable atentado con tintes terroristas en Nueva Zelanda. Menudo periplo noticiario ¿verdad? No hay más remedio que arremangarse y tomar aire.

Las potencias –Rusia y Estados Unidos para variar, se reunieron esta vez en Roma para dialogar de Venezuela, sin arreglo alguno. Una demostración de fuerzas sin más. Usando a sus alfiles –lastimosa condición de Venezuela vista como objeto y no como sujeto de las relaciones internacionales– para componer el mundo a su antojo, quedando Venezuela en medio de negociaciones al amparo de poderes rivales y contestatarios. El privilegio de ser potencia como aquellas, pone a tal país como siempre en pesarosa calidad de simple y llana moneda de cambio; y solo resta decir que es interesante que los rusos jueguen en la cancha yanqui, cual se mira todavía a América Latina, esa que dicen mentecatos en Washington que les pertenece en exclusiva. El resultado de la reunión del martes 19 de marzo dejó entrever posturas irreconciliables. Me quedo con las declaraciones de Elliott Abrams y Serguéi Ryabkov. El yanqui ha expresado: “el futuro del país lo eligen los propios venezolanos”. El emisario ruso, apunta: “(Con Washington) diálogo difícil, pero abierto”. Para mí este par de esbirros ha terminado en un encontronazo a espadazos parejos. Fue un eslabón más de su zipizape.

Eso aconteció mientras en días previos Guaidó lanzaba una nueva ofensiva que podría calificarse de folklórica: “Operación libertad”, que me suena a las ridículas “patatas libertad” de la época de la abominable invasión yanqui a Iraq; para asegurarnos por enésima vez que ahora sí derrocará a Maduro –bostezos del respetable– que ya no manda nada dice el yanqui Pompeo que auspicia al autoproclamado, pero que sigue mandando. Fue tan peripatético oír a John Bolton reconocer lo evidente en esta operación que ya huele a fallida, aseguran en Cuba: que la realidad es que Guaidó no detenta el poder. Uno inquiere ¿cuánto tiempo más Guaidó hará el ridículo? Es la pregunta del siglo. Eso cuando la UE, el Grupo de Lima y Naciones Unidas han abandonado a Estados Unidos en su burdo intento invasor, mientras llama ya solo como “venezolano” al que no acaba de erigirse en lo que afirma ser.

Cambio de tercio. En México para nadie es un secreto que el PRI fue una catástrofe mayúscula. Un fiasco el desgobierno Peña Nieto y un desastre, su partido. La guerra contra el narcotráfico iniciada por el panista Calderón utilizando las fuerzas armadas defensoras de la soberanía nacional –comprometida por la irrupción del violento crimen organizado– implicó actuar ante la inoperancia del otro panista, Fox, que eludió el problema que produjo el PRI apenas combatiéndolo tibiamente hasta que lo echaron del gobierno en 2000. Así, nos atrajo una matazón de miedo. El país metido en una guerra no oficial, le ha sido la más sanguinaria que se recuerde en nuestra época, y quedó atrapado entre el trasiego, la producción, la distribución y el consumo de droga. Y sí, el PRI es el gran responsable de todo esto. Por colusión.

Hablamos de una guerra que ha costado lo indecible en vidas y recursos. En 2012 el priista Peña y su partido, decían: “danos tu voto, déjanos regresar y entonces te diremos lo que haremos para combatir la inseguridad”. Ganaron las elecciones y nos quedamos esperando la solución, entregados los priistas a la pura robadera. Se la pasaron hablando de que aplicaban una estrategia que no supimos. Medio combatieron al crimen organizado los priistas, hasta que tiraron la toalla y repuntó la violencia. Terminamos por echar otra vez al PRI incapaz e inoperante, quedando a deberlo todo en materia de seguridad y así acabó Peña admitiendo lo que no pudieron callar los medios que compró su gobierno por entre 52 y 60 mil millones de pesos en “publicidad gubernamental”, un eufemismo que supone acallar voces críticas –sí, incluía embrutecer a la opinión pública espoteándola, diciéndole que Peña era maravilloso [consiguiendo el repudio del 78% de desaprobación en encuestas]– y su despilfarro y torcida idea de plata o plomo campeó impune sin resolver el problema de la seguridad.

Morena, el partido de izquierda que gobierna México desde el 1 de diciembre de 2018, y que acaba de desentrañar una red de intelectuales golpeadores a su reciente campaña presidencial, propone y consigue el establecimiento de la Guardia Nacional. Una que aún debemos desmadejar si será a lo chavista, a lo Guardia Civil española o a lo gendarmería francesa o corporación yanqui. O una mezcla de policía de crucero con cruce de CIA y FBI. Menuda mezcla a identificar. Es un paso interesante que contrasta con la inacción peñista. Se la han obsequiado a López Obrador un congreso federal y las 32 legislaturas provinciales con el voto de los opositores que luego lloriquean que López es un dictador. Solo con ese apoyo se entiende su establecimiento y mentiría quien afirmara que la Guardia Nacional nace por imposición de una mayoría morenista. No es así. ¿Qué han obtenido los opositores a cambio de extender su voto al proyecto morenista? Eso queda para los entresijos de la política, como sucede en todas partes y a esperar a que alguien habrá la boca y lo cuente o que incumpla lo pactado y denuncie.

Para finiquitar: la matanza de musulmanes en Nueva Zelanda es un crimen abominable, con muchas aristas. Abarcan desde el perpetrador supremacista que admira a Trump llamándolo “símbolo de la identidad blanca renovada” y venga actos terroristas de musulmanes, blandiendo al cristianismo como religión facedor y justiciero; hasta la posible respuesta del mundo árabe y del terrorismo más sectario, ese que nunca tiene prisa en acometer su sanguinaria tarea y reivindicará los hechos recordándonoslos. Se ha tratado de un admirador de Trump, el yanqui que minimiza lo acaecido y que esa misma semana decía que los carteles que operan en México deberían considerarse terroristas, pues el vecino sureño perdió el control sobre aquellos. Desde luego que lo dice desde un país que perdió el control sobre sus drogadictos y el mercado de armas, vendiéndolas cual caramelos al primer idiota que las solicita, donde ya no es noticia las balaceras y acribillamientos en las escuelas. Que no se adorne tanto. El problema de la droga es compartido, que no lo olvide. No es un "México tiene un problema con la droga" es un "tenemos".

Lo de Nueva Zelanda es atroz porque no solo es la violencia per se. No podemos admitir una ley del talión por creencias religiosas que propiciaría una interminable espiral de violencia brutal y encarnizada, escudándose en una supuesta verdadera fe y abominando al que no la profesa. Lo ocurrido abre un peligroso tiempo de violencia tanto abierta como soterrada, que no adelanta nada positivo. Solo resta condenar la acción. La aparente no respuesta de Isis haría suponer que de verdad Trump acierta por una vez en su vida y se la ha derrotado, pero recuérdese que los fundamentalistas nunca tienen prisa en cobrarlas. Ojalá que nunca suceda su respuesta, cuando todos los bandos se han adelantado a condenar los hechos, pero lo ocurrido en Christchurch es una provocación irresponsable, tanto como abominable que merece nuestra más absoluta condena. Nuestro mundo violento no cesa de serlo y no edulcoremos el lenguaje: fue un acto terrorista.

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