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Novela

Carlos Zanón: Carvalho. Problemas de identidad

domingo 31 de marzo de 2019, 16:57h
Carlos Zanón: Carvalho. Problemas de identidad

Planeta. Barcelona, 2019. 352 páginas. 20 €. Libro electrónico: 12,99 €.

Por Cora Cuenca Navarrete

Los héroes son hijos de su tiempo. La maquinaria de la ficción se pone al servicio de las necesidades de un contexto determinado, y da forma a un personaje que encierre en sí valores o principios dignos de admirar en momentos de oscuridad. Mucho han cambiado los héroes a lo largo de la Historia, y no por ello dejan de cumplir su misión. Sin embargo, esta Posmodernidad de la que tanto se hablaba a finales del siglo pasado -y de la que el personaje que ahora nos ocupa se reiría muy a gusto-, ha acabado por relativizar y, en última instancia invertir ciertos roles, de manera que a día de hoy, no solo es que al héroe le esté permitido fallar, sino que el público incluso disfruta de esta humanidad de los protagonistas. Lo quiera él o no, Pepe Carvalho es uno de los grandes (¿anti?) héroes del imaginario colectivo nacional e internacional, además de un modelo a partir del cual diferentes autores de novela negra han ido construyendo a sus detectives por todo el mundo (véase por ejemplo el Salvo Montalbano de Camilleri, cuyo apellido rinde homenaje precisamente al creador de Carvalho).

Todos creíamos que con Manuel Vázquez Montalbán, Carvalho también se nos iba. Ahora, casi dos décadas después de la muerte del escritor, el barcelonés Carlos Zanón ha rescatado al mítico personaje en Carvalho: problemas de identidad, una novela de corrosiva actualidad que nos permite además acceder al plano más íntimo del gallego-catalán gracias al uso de una inteligente primera persona. En esta nueva entrega, que es a su vez continuación y pieza independiente, el protagonista deberá enfrentarse a su enemigo más despiadado y juez más severo: él mismo. Zanón nos presenta a un Carvalho más cáustico si cabe, fruto en parte de una enfermedad que le agria el espíritu y le impide comer -no así cocinar-, víctima de un amor destructivo y desconectado de un mundo que evoluciona a una velocidad de vértigo.

Ese aire a parodia mediterránea de Sam Spade sigue presente, pero hay una reformulación respetuosa, un sello personal que Zanón imprime en Carvalho y que aporta complejidad al personaje. Por suerte para los lectores, y en esto coinciden los dos padres de la criatura, en la dicotomía víscera-razón, sigue ganando la primera. La lealtad, el humor, los fogones que se encienden de madrugada, la torpeza en el ámbito de lo erótico-afectivo… rasgos del protagonista revisitados por el autor que añaden autenticidad y fuerza al personaje a la vez que transmiten seguridad a un lector nostálgico.

Las tramas externas escogidas para complicar la vida del detective conforman un retrato del momento político, social y cultural de la España de hoy, y, para ampliar el dibujo, el protagonismo tradicionalmente ostentado por Barcelona, que constituye en sí misma un personaje, está parcialmente compartido con Madrid. Sin embargo, la primera se va a alzar como refugio gracias a la presencia de viejos conocidos que arrancan sonrisas, como el gran Biscuter o el abogado Fuster, eterno compañero de correrías culinarias. Y entre todos los ingredientes conocidos y novedosos que constituyen Carvalho: problemas de identidad, destacan por su originalidad metatextual las conversaciones sordas del protagonista con El Escritor, un silencioso homenaje que simboliza el paso del testigo, como si Vázquez Montalbán diera su beneplácito al nuevo binomio Zanón-Carvalho desde donde quiera que esté.

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