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Ensayo

Ben Rhodes: El mundo tal y como es

domingo 07 de abril de 2019, 17:35h
Ben Rhodes: El mundo tal y como es

Traducción de Juan Rabasseda Gascón y Teófilo de Lozoya. Debate. Barcelona, 2019. 542 páginas. 24,90 €. Libro electrónico: 12, 99 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

Ben Rhodes, consejero adjunto de Seguridad Nacional durante el periodo 2009-2017, nos ofrece en El mundo tal y como es. Cambiar el mundo desde el ala oeste una obra en la que refleja cómo vivió y cómo influyó en las decisiones adoptadas en política exterior por la Casa Blanca durante la citada etapa. El autor forma parte del grupo de estrechos colaboradores de Barack Obama que resultaron determinantes en su explosión mediática de 2007, lo que se tradujo en su victoria sobre Hillary Clinton en las primarias demócratas y, poco después, en el triunfo frente al republicano John McCain.

Rhodes representa el paradigma de esa visión, muy extendida también entre determinados círculos políticos y periodísticos europeos, que presentaba a Obama como algo más que un personaje de carne y hueso. Sin embargo, finalizados sus dos gobiernos, en los mismos hubo aspectos positivos y negativos. En este sentido, puede afirmarse que el autor es más progresista que el propio Obama, adoptando abundantes conductas buenistas y adanistas. Un buen ejemplo lo hallamos en su interpretación de los acuerdos alcanzados con Cuba e Irán.

La obra se extiende hasta la victoria de Donald Trump en las presidenciales de noviembre de 2016. El error de Rhodes fue idéntico al que cometieron muchos medios de comunicación, políticos y analistas: subestimar al empresario showman y no entender que su irrupción y sus apoyos podían obedecer a un descontento acumulado en la sociedad norteamericana hacia las políticas de Obama, cuyas ideas tenían su continuación en Hillary Clinton. Sobre ésta última, el autor no proyecta una visión excesivamente positiva, en particular por sus opiniones en política exterior, siempre alineadas con el “sector duro”.

Asimismo, la obra ilustra con nitidez los cambios que se han producido en el mundo durante los últimos años, si bien interpretados desde la óptica de Ben Rhodes. Al respecto, cuando Obama asumió por primera vez la presidencia se halló ante un escenario global que poco tenía que ver con el del final de la “Guerra Fría” o con el previo al 11-S. En efecto, en 2008 habían emergido actores de relevancia internacional, como China y Rusia, que cuestionaban el liderazgo norteamericano en asuntos comerciales, geopolíticos y de seguridad. Además, en la recta final del segundo mandato de Obama se produjo la irrupción y consolidación del Daesh, cuya repercusión parece minimizar el autor: El ISIS había matado a cuatro estadounidenses, una fracción mínima de las pérdidas que habíamos sufrido en Irak y Afganistán. No era, como tronaban algunos de nuestros críticos, semejante a la Alemania nazi, la misma retórica que había usado Bush después del 11-S cuando el Gobierno había autorizado el uso de la tortura (p. 389).

Como se deduce, la obra supone un detallado recorrido cronológico por la reciente historia de Estados Unidos y de sus relaciones internacionales. En el análisis predomina el punto de vista del autor, cuyas ideas no siempre coinciden con las decisiones finales adoptadas por Obama. En efecto, en algunas ocasiones se advierten reproches por el conservadurismo de “su presidente” en escenarios como Egipto, Birmania o Siria. Aun con ello, se detecta un patrón general: el bien (representado por Obama) vs el mal (simbolizado por quienes osaban criticar las políticas defendidas por aquél, sobresaliendo al respecto el Partido Republicano y Vladimir Putin).

En definitiva, un libro necesario para conocer en profundidad los entresijos que guiaron la política exterior norteamericana durante los gobiernos de Barack Obama. Tras su lectura pueden extraerse algunas conclusiones generales, como el predominio de las cuestiones comerciales frente a las de seguridad y el retorno de Estados Unidos a posiciones realistas, contrarias a sostener aventuras militares en el extranjero, lo cual no debe entenderse necesariamente como sinónimo de pacifismo.

Por el contrario, Washington en muchos casos fue siempre por detrás de los acontecimientos, lo que le ha llevado a perder influencia en escenarios como Siria, fenómeno del que se han beneficiado otros actores con aspiraciones globales, en particular China y Rusia, cuyo interés en la difusión de los derechos humanos y las libertades fundamentales resulta escaso.

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