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Novela

Víctor Amela: Yo pude salvar a Lorca

domingo 07 de abril de 2019, 17:39h
Víctor Amela: Yo pude salvar a Lorca

Destino. Barcelona, 2018. 496 páginas. 20 €. Libro electrónico: 12,99 €.

Por Luisa Martínez

Federico García Lorca (Granada, 1898-1936), además de ser uno de los más grandes poetas de nuestras letras -sin olvidar su obra teatral-, es un mito dentro y fuera de nuestro país. Su trágico asesinato en los albores de la Guerra Civil (incivil) española ha quedado como símbolo de los sangrientos desmanes cometidos por uno y otro bando en uno de los periodos más negros y terribles de nuestra historia. Su figura, vida y obra han hecho correr ríos de tinta en una copiosísima bibliografía. Pero García Lorca sigue y seguirá atrayendo la atención de creadores y lectores.

Ahora, el escritor y periodista Víctor Amela (Barcelona, 1960) se acerca al autor del Romancero gitano de una manera singular, uniendo la investigación con el buceo en la historia de su familia y en sus propios recuerdos autobiográficos, en una propuesta que, podríamos decir, combina la novela sin ficción y la autoficción, dos líneas especialmente transitadas en la literatura de hoy. Pero, dejando de lado las etiquetas, nos encontramos ante una poderosa narración que se lee con interés desde su comienzo.

El propio Amela nos cuenta el impulso inicial para escribir esta novela: cuando tenía once años, un día cuando su abuelo y él están viendo en la televisión las noticias, llamadas por su abuelo “el parte”, aparece un señor de su edad y comenta: “Ése es mi amigo”. Ante la extrañeza de su nieto explica: “Luis Rosales. De Granada, poeta. Es mi amigo”. Ya no dice más, pero esa misma noche le musita una frase misteriosa: “Yo pude salvar a Lorca”. En ese momento, ese nombre apenas le dice nada más allá de que aparezca en su manual de Literatura estudiado en el colegio. Pero la inesperada confesión de su abuelo, Manuel Bonilla, se le quedaría grabada para siempre.

Manuel Bonilla, el abuelo del autor, se unió a las tropas franquistas en el verano de 1936 y combatió en la ciudad de La Alhambra. Por otro lado, su tío paterno, José Amela, formó parte de la llamada “quinta del biberón”, adolescentes reclutados por la República para luchar en el frente del Ebro. Allí es herido, pero después se alistará en el Cuerpo de Carabineros republicano. Terminada la contienda, José Amela será encarcelado en el penal del Puerto de Santa María, donde precisamente irá destinado como carcelero Manuel Bonilla. A Víctor Amela le sucedió lo que a tantos españoles que vieron cómo en su propia familia algunos de sus miembros participaron en un bando y otros en el contrario.

Yo pude salvar a Lorca entrelaza tres épocas: la Guerra Civil, y el asesinato de García Lorca, que no salvó a pesar de la protección de su amigo, el también poeta Luis Rosales, militante de la Falange, que lo alberga en su casa, adonde también iba Manuel Bonilla; la posguerra en un barrio del extrarradio barcelonés y el exilio en el campo de refugiados de Saint Ciprian y en Collioure (Francia), con un fugaz encuentro con un agónico Antonio Machado; y la actualidad desde la que el nieto de Manuel Bonilla y sobrino de José Amela investiga y narra. “No he querido irme de este mundo sin dejar escrita esta historia”, manifiesta Víctor Amela. Afortunadamente lo ha conseguido.

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