No deben Pablo Casado y Albert Rivera lanzar las campanas al vuelo por haber magullado a Pedro Sánchez. Le han dejado tocado, se ha tambaleado, pero sigue vivo. Sin duda la influencia de los debates repercutirá en las urnas; aunque los expertos aseguran que tampoco supondrá un vuelco electoral.
Puede, no obstante, producirse ese vuelco. Porque las encuestas unas veces aciertan y otras fallan. Y porque sigue siendo una incógnita el voto de ese 30 por ciento de indecisos. Si por los debates fuera, Pablo Iglesias recuperaría un buen puñado de los votos perdidos. Le ha arrebatado a Sánchez la bandera de la izquierda con sus propuestas que, pese al tono moderado, no eran más que sus ideas revolucionarias de siempre. El Robin Hood que asalta la Banca para repartir el botín con los pobres. Aprovechó con astucia la subida del salario mínimo para mofarse de Sánchez por resistirse a elevarlo a 900 euros y luego pavonearse de haberlo hecho.
La actuación de Pablo Iglesias ha sido impecable en los dos debates. Ha acertado en sus mensajes, en su tono y en su dialéctica. Ha marcado las distancias intelectuales y progresistas con Pedro Sánchez, que a su lado parecía un monaguillo; él, el cura del pueblo sermoneando a la parroquia. Si, en efecto, Podemos recupera votos será a costa del PSOE. Y los socialistas perderían escaños por el mismo motivo que le va a ocurrir al PP por culpa de Vox.
También a Pablo Casado le han beneficiado los debates. Se ha presentado como un político con las ideas claras, pero moderado. Ha demostrado su preparación, su capacidad intelectual, su memoria de elefante y su locuacidad. A diferencia de Sánchez, que lo leyó todo, no ha consultado un papel. Aunque exhibió las pizarras que demuestran que el PP siempre impulsa la economía y la creación de empleo, mientras con el PSOE ocurre exactamente lo contrario. Si por los debates fuera, Pablo Casado recuperaría muchos de los votos perdidos por Rajoy.
Albert Rivera brilló en el primer debate por sus reflejos y sus atinados ataques a Sánchez, aunque en el segundo salió acelerado y, en la primera parte, interrumpió con demasiado estruendo a Sánchez, incluso, a Casado. Pero el balance también ha podido resultar positivo para Ciudadanos. Es un político cuajado y con buena imagen.
Y como decíamos en nuestro último editorial, Pedro Sánchez ha sido el gran perdedor de los debates. Tenía razón en intentar eludirlos. Ha estado torpe, nervioso, inseguro y ha empleado su única arma: el juego sucio. En Atresmedia, embarró el ambiente con constantes e impertinentes interrupciones. No quería que desnudaran sus vergüenzas políticas. Poco o mucho, lo lógico es que le perjudique electoralmente el ridículo que ha hecho en los debates. Pero no hay que olvidar que, aunque en funciones, es el presidente del Gobierno. Y, como ha hecho desde que llegó a La Moncloa, abusará electoralmente del poder de las Instituciones hasta que se cierren los colegios electorales.