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TRIBUNA

La otra política

Juan José Vijuesca
miércoles 01 de mayo de 2019, 19:24h

En mí, ni gozo, ni pozo tras las elecciones. Es más, para la resaca tenía preparado un plan B que me permitiera contrarrestar los efectos secundarios. Nada mejor que ver capítulos de Bob Esponja.

De Bob Esponja, que quieren ustedes que les cuente. Un fenómeno. Uno de esos tipos capaces de reinventar el fondo marino sin necesidad de atentar contra el hábitat natural de nadie. Algo muy diferente a lo que nosotros acostumbramos con todo lo que se menea. Ya sé que hay ciertas quejas de algunos espectadores por palabras malsonantes usadas en la serie, tales como: “tonto”, “idiota” e “imbécil”; calificativos estos que pueden afectar al intelecto de los más pequeños. Pues sí, pero que los padres de las inocentes criaturas también se opongan a los epítetos e insultos que gasta nuestra clase política casi a diario, y además por tierra, mar y aire. Sus Señorías crean escuela y se palpa en la calle e incluso en los parques infantiles, pero es lo malo que tiene hacer tanta política de proximidad, que al final todo se pega menos la hermosura.

A mí esta serie de dibujos animados me parece bastante juiciosa. Me demuestra que debajo del agua es posible vivir bien sin necesidad de pagar impuestos; y eso me da mucha envidia. Aquí en la superficie mucho me temo que nos van a poner el antifonario a barlovento. Pero no se me vengan abajo, porque aquellos iluminados que prometen tener soluciones para todos los males que nos afectan, dicen estar sobrados de recursos ajenos. O sea, tienen en su poder ni más ni menos que el Santo Grial.

España en urnas es un país imprevisible, como no podía ser de otra manera. Somos carne trémula ante el sufragio popular. ¿Es bueno para premiar y castigar?, por supuesto que sí. La democracia está al servicio de las libertades al igual que lo deberían estar los medios de comunicación afines a los intereses de sus protegidos. Esto es así desde que se inventó la rueda y el hombre se percató que lo mismo, un poco más perfeccionado, podía servir de rodillo. Desde entonces este instrumento es el mejor amigo del político, ya sea dirigente u opositor.

La cosa está clara, en un momento dado los políticos interpuestos por el gran poder nos invitan a soñar con un mundo mejor mediante la fabricación de efectos pirotécnicos capaces de iluminar una realidad totalmente distorsionada; sin embargo, cuando el deslumbre visual se apaga, y una vez conseguida la no creación de lo prometido, la urnas regresan a los humedales de la salvación como acostumbran a hacer el Aguilucho cenizo o el Cernícalo común en su travesía a las marismas.

Existen otros factores que son auténticos catalizadores en esta sutil obra de arte para conseguir el bastón de mando. Las alianzas o el reparto de cromos. El propósito no es otro que crear la parálisis mental en la población para después sofreír los votos particulares y hacer como acostumbran los trileros, ya saben, ese juego de la bolita tan antiguo. Conviene decir que el individuo, cuanto más embelesado está en una imagen o en un mensaje subliminal, más vulnerable queda ante el engaño, y eso lo saben aprovechar los ávidos líderes políticos mejor que nadie. Por eso yo acostumbro a no seguir en directo ni el devenir de las urnas ni el festival de la Eurovisión. En ambos minutos de oro España siempre acaba mal.

Y a partir de ahí, la vida continua. En la España superficial destacar la generosidad del voto en favor del PSOE y dar cuenta de un desnortado Casado víctima de la envenenada herencia del no menos funesto Rajoy y demás compañías alucinógenas. En la España profunda, sin embargo, priman los puentes festivos, el precio de la gasolina y que nos quiten lo “bailao” Y el mañana, bien, gracias.

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