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Ensayo

Antonio Jesús Rodríguez Castilla: En defensa de la tauromaquia

domingo 05 de mayo de 2019, 20:02h
Antonio Jesús Rodríguez Castilla: En defensa de la tauromaquia

Almuzara. Córdoba, 2019. 160 páginas. 17,5 €.

Por Carlos Abella

He aquí un libro imprescindible para entender la entraña popular de la fiesta de los toros, para nutrirse de poderosos argumentos para defenderla ante los ignorantes, divulgarla entre los escépticos y rearmar dialécticamente a los miles de partidarios. Son ya años de debate y controversia que la fiesta de los toros está en cuestión y sin atesorar una organización económica, ni una estructura ni un encaje institucional, ha sobrevivido con oscilaciones de vitalidad y de decadencia.

El autor, Antonio Jesús Rodríguez Castilla, ha querido escribir un libro didáctico y divulgador y lo ha conseguido plenamente, pues no hay resquicio para el olvido temático. Con ágil pluma, el autor ha ido desgranando en los XXI capítulos, pero solo 160 paginas, todo un compendio de sabiduría, que incluye la esencia de la defensa jurídica de la fiesta en nuestra legislación, el argumentario en favor de su arraigo cultural, la expansión allende de nuestra frontera de su vitalidad, el ingrediente moral, ético y estético de la lidia de un toro y todo ello con referencias y citas a autores tan notables como Mario Vargas Llosa, su imprescindible ensayo, La civilización del espectáculo, José Ortega y Gasset y Federico García Lorca.

Me ha resultado especialmente apasionante y esclarecedor el capítulo 2 donde hace un breve recorrido por los 800 años de prohibiciones y que es a la vez -y no es coincidencia- un recorrido por la historia de España, como se acredita en esta cita: “Los ilustrados encontraron aliados en los reyes que venían de Francia, los Borbones, Felipe VI, Fernando VI y Carlos III y Carlos IV, con sus Reales Pragmáticas de 1785 y 1805 que prohibían las corridas de toros”. Y continúa: “Ninguno de estos mandatos se cumplió por el pueblo español. Justo cuando el gusto del público encumbraba a las clases populares, rechazando definitivamente el toreo a caballo y eligiendo el toreo a pie, el poder optaba por prohibirlo en distintas decisiones” (página 21).

Como lo ignoran miles de aficionados, el autor recuerda que “la invasión de las tropas francesas y la proclamación de José Bonaparte, como Rey de España, no conllevó la prohibición de las corridas de toros. Muy al contrario, los espectáculos taurinos se sucedieron para festejar nombramientos y batallas ganadas por las tropas francesas. El interés por congraciarse con la población invadida era claro”.

Y después de aludir a la historia de la casi primera mitad del siglo XX y las posturas favorables a los toros de los intelectuales de la Generación del 27 y de los dos bandos de la Guerra Civil, Rodríguez Castilla señala el error del “franquismo” de intentar monopolizar la adicción taurina y su identificación simbólica con ella. El legislador comete, en opinión del autor, una equivocación al no incluir una mención expresa de la tauromaquia en la Constitución de 1978 como nítida expresión y manifestación de su tradición popular. Posteriormente, la Ley Orgánica 9/1992 contempló la transferencia a las Comunidades Autónomas de las competencias en materia de espectáculos y ahí se consumó la disgregación y diversificación reglamentaria y el margen para que quienes identifican los toros con posiciones exclusivamente españolas trataran de lograr su prohibición.

El capítulo XII, consagrado a la libertad es un potente argumento de la defensa que las instituciones europeas han hecho hasta ahora de la tauromaquia y de la política de ayudas agrícolas -PAC- que lo son al territorio cultivado y las desvincula del destino final de la producción en ellos incluido. “Está claro -precisa Rodríguez Castilla- que Europa considera la tauromaquia como una cuestión cultural, competencia de sus Estados miembros y respete sus decisiones” (página 88).

Destaca el autor, como han hecho anteriormente Fernando Savater, Francis Wolf y François Zumbielhl en distintas obras, el daño que Walt Disney ha producido trasladando una falsa visión de los animales como seres que hablan, sufren, lloran, y con ello se ha asociado el toro a un animal doméstico, a una suerte de peluche inofensivo. Y denuncia en la página 97: “Nos encanta alinearnos con la preservación de los pueblos indígenas de cualquier rincón del mundo, pero nos molesta adoptar la misma postura con una minoría mucho más cercana como es la taurina, aunque ambas tengan una misma postura ética en los que respecta a su relación con los animales”.

Enhorabuena a Antonio Jesús Rodríguez Castilla que ingresa con este libro en la pujante literatura defensora de la tauromaquia, en línea con los autores ya citados anteriormente. Gracias a su contribución se puede acceder a un amplio, rico, y sugerente argumentario en favor de su mantenimiento e impulso futuro, para que la gran mayoría de los seguidores y aficionados a los toros dejen de permanecer impasibles. Libro ameno, fácil de leer y bien estructurado, que ayuda a aquellos que, carentes ideas preconcebidas, quieran conocer la grandeza e importancia de la Tauromaquia.

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