El joven griego sometió físicamente al español, que había cedido un set en el torneo.
Rafael Nadal entró en la pista Manolo Santana de la Caja Mágica este sábado para tratar de sellar el billete a la final del Mutua Madrid Open. Debía enfrentarse al griego Stefanos Tsitsipas -el primer heleno que se cuela en el Top-10 de la ATP en toda la historia-, sabiendo que en la cita por el trofeo aguardaba un Novak Djokovic en plenitud. Precisamente, el balear expuso después de haber vencido en los cuartos de final que sentía que su juego estaba en crecimiento. Que recuperaba sensaciones a medida que pasaban los días en la capital española.
Pero no localizaría el manacorí la fórmula para aplacar el ritmo y la defensa pegajosa del aspirante juvenil. Perdió por 6-4, 2-6 y 6-3, quedándose en las semifinales de un torneo por tercera oportunidad en este 2019 titubeante (tras no pasar de esa frontera en el Conde de Godó y en el Masters 1.000 de Montecarlo). La rebeldía del tapado y los errores del favorito mezclaron con fluidez a lo lrgo y ancho de un enfrentamiento que relegó al zurdo legendario a la resignación de sólo disponer de la bala del torneo de Roma para cosechar algo en la estación de tierra batida antes de que arranque Roland Garros.
La noche madrileña vio perecer al tenista que la ha conquistado cinco veces, presa de la agresividad, el gen competitivo y la potencia del ateniense de 20 años. Tsitsipas se ha confirmado ya como un especialista y en este curso acumula los títulos de Marsella y Estoril. En total, son ocho los partidos que ha encadenado por victorias, habiendo apeado del cuadro madrileño al vigente campeón -Alexander Zverev- y a Nadal. Nadie ha ganado más que él en este año (27 triunfos). Y eso que amontona esfuerzos, pues ya competido en doce partidos en diez días. Este mismo viernes, tras accedes a las semis, compareció en la categoría de dobles.
Su ambición y hambre ganadora riman con su talento y aplomo en los momentos clave. Y cuando a todo eso se añade la precisión, todo se complica para el tenista que esté al otro lado de la red. En la pugna contra el emblema español, que congregó a los reyes eméritos Don Juan Carlos y Doña Sofía, embocaría el 75% de los puntos con su primer saque. Afilaría su revés a una mano y colapsó el fuelle del veterano de 32 años a latigazos desde el fondo de la pista que alternaba con subidas a la red más que solventes. La exhibición daba por Rafael ante Wawrkina se borraría de un plumazo a las primeras de cambio.
El servicio del isleño flaquearía y a partir de ahí se complicó su papeleta. No obstante, sufriría seis breaks ante Tsitsipas. Pero su orgullo y mentalidad le sacaron del hoyo tras el primer set perdido para acelerar en la segunda manga. Con 2-2 en el parcador y el partido en el aire, sacó a relucir su mejor tenis, enlazando cinco juegos que le catapultaron al empate global -resolviendo el segundo set en 35 minutos- y a mandar 1-0 en el periodo definitivo.
Se extendería el esfuerzo guadianesco de Nadal, y también del heleno -ambos se fueron vaciando desde el prisma anatómico-, hasta las dos horas y 34 minutos. Lo hizo atestiguando el carácter consistente del griego, que frenó el respingo maravilloso del manacorí refrescando su hoja de ruta agresiva y jerárquica. Tomó las riendas del tempo de nuevo y rompió el saque del jugador español en el quinto y séptimo juego del tercer set, allanándose la senda hacia otra gesta de prestigio en su corto currículo. Para presentarse en la segunda final de un Masters 1.000 en la que se ha ganado el derecho a asistir. Enterrando las sensaciones ilusionantes de un zurdo que no gozó de la regularidad que le había conducido hasta este día sin perder un set en todo el torneo capitalino. Su remontada postrera no llegó a la orilla.
"Ha sido una de las victorias más difíciles de mi vida. Todo ha sido muy complicado cuando Rafa me rompió el saque con 5-2 (tercer set), pero estaba mentalmente preparado para la lucha, y por eso estoy contento con esta victoria. He estado concentrado al máximo. Había estudiado perfectamente la táctica y el juego de Rafa Nadal, y sabía que tenía que estar concentrado durante todo el partido y no bajar ni un ápice la intensidad", analizaría el heleno, que enfrentará su rebeldía e inexperiencia a las 32 victorias en Masters 1.000 de Djokovic.
Y Nadal compareció ante los medios para, nuevamente, hablar de una derrota dolorosa. Otro revés en la búsqueda de la reconquista de la gloria. No ha estrenado el palmarés en 2019 a estas alturas, pero el balear expuso que "la derrota la acepto con normalidad, no hay que dramatizar". "No ha sido un buen partido por mi parte. He luchado, pero he hecho cosas que no han estado bien a nivel mental. Calenté sobre las cinco de la tarde, hacía mucho calor, y no sé porque cuando he salido a la pista la sensación había cambiado, aparte que hacía frío. No ha sido mi mejor noche, el rival ha sido mejor y cuando eso ocurre hay que perder", diagnosticó.
"Conocía a Tsisipas a nivel de juego, no a nivel personal. Tenía claro lo que tenía que hacer, pero no he sido capaz. El tenis se trata de perder y ganar. He ganado mucho durante muchos años, y este año no está siendo así, aunque me estoy quedando cerca. Lamento la posibilidad perdida de jugar una final en un torneo bonito, porque conlleva no estar delante de toda esta gente que lo que me da es difícil de describir e imposible de agradecer", prosiguió.
Y se despidió de Madrid del siguiente modo: "Son torneos muy bonitos, importantes, y emocionalmente especiales. Cada semana que juego en estos torneos es una multitud de recuerdos inolvidables y no ganar supone que no me vaya al hotel contento. Igual es más normal lo que puede ocurrir ahora que lo que ha ocurrido en catorce años. Pero tengo tenis por delante para aspirar a estos torneos. Solo tengo que estar sano y jugar bien. Si consigo esto el año que viene podré optar a títulos. Me quedan dos torneos (en tierra batida). He hecho pasos adelante, no suficientes, y vamos a ver lo alto que puedo llegar. No hay que dramatizar ni ensalzar cuando las cosas van bien o mal. Veremos qué pasa semana a semana, día a día, porque confío en mis posibilidades y las cosas irán saliendo bien", sentenció.