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Novela

Siri Hustvedt: Recuerdos del futuro

domingo 12 de mayo de 2019, 19:37h
Siri Hustvedt: Recuerdos del futuro

Traducción de Aurora Echevarría. Seix Barral. Barcelona, 2019. 416 páginas. 21 €. Libro electrónico: 12, 99 €. En su última novela, la escritora norteamericana entrelaza autoficción y metaliteratura, en una obra donde brilla el talento que es marca de la casa. Porque tanto monta, monta tanto Paul Auster y Siri Hustvedt. Por Adrián Sanmartín

“Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamientos, como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles, y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo”, leemos en el primer capítulo de El Quijote, donde Cervantes presenta a su inmortal caballero. Esta cita, sin consignar su procedencia, aparece en las primeras páginas de Recuerdos del futuro, la última novela de la escritora norteamericana de origen noruego Siri Hustvedt (Northfield, Minnesota, Estados Unidos, 1955). La referencia no es, claro, por azar. La narradora en primera persona de Recuerdos del futuro, que ha decorado las paredes de su apartamento con frases y párrafos de sus lecturas, es en cierta medida un Don Quijote que abandona la comodidad de su Minnesota natal para lanzarse a la aventura de convertirse en escritora y encontrar a su primer personaje

Las lecturas no la han enloquecido, pero sí impulsado a realizar un sueño por difícil que pudiera parecer. Para ello, quien se autocalifica como “una joven noble, aunque pobre, con gustos literarios y filosóficos elevados y refinados”, se asienta en Manhattan: “Hace años dejé las extensas llanuras de la Minnesota rural para dirigirme a la isla de Manhattan en busca del héroe de mi primera novela. Cuando llegué allí en agosto de 1978, más que un personaje era una posibilidad rítmica, una criatura embrionaria de mi imaginación percibida como una serie de compases métricos que se aceleraban o ralentizaban con mis pasos al recorrer las calles de la ciudad. Creo que esperaba descubrirme a mí misma en él, demostrar que ambos éramos dignos de cualquier historia que pudiera salirnos al encuentro”. Y prosigue con una muy significativa declaración de intenciones: “En Nueva York no buscaba felicidad ni comodidades sino aventuras, y sabía que la persona aventurera debe someterse a un sinfín de pruebas por tierra y por mar antes de regresar a casa”.

En Recuerdos del futuro se entrecruzan varios materiales que forman un conjunto en el que su autora da nueva cuenta de su brillantez en una visión literaria que encierra no poco de novela de ideas y de novela-ensayo, aunque sin perder el pulso narrativo. Por un lado, los recuerdos de la protagonista que se complementan con las páginas de un diario que escribió en esa época y que recupera cuarenta años después, momento en el echa la vista atrás para rememorar un pasado que se entrelaza con el presente. En ese diario, ocupa un lugar privilegiado su vecina Lucy Brite, a quien escucha a través de la pared y se obsesiona con ella y con lo que le puede estar sucediendo. Por otro, algún fragmento de la novela que escribió de joven, protagonizada por Ian Feathers, también oriundo de Minnesota y aficionado a las novelas policiacas, quien leía tantas que “a su madre le preocupaba que se le resintiera la vista y que tanta inactividad atrofiara sus extremidades tan faltas de sol”, héroe también emparentado con Don Quijote, cambiando las novelas de caballerías por las de detectives.

Así, en la nueva obra de Siri Hustvedt hay autoficción –no es baladí el detalle de las iniciales con las que se nombra a su protagonista, SH, también denominada Minnesota-, poniendo en pie una acumulación de “gotas de experiencia”, que es lo que el filósofo y matemático estadounidense Alfred North Whitehead, dice que es el ser humano, como señala SH. Y también aparecen elementos de metaliteratura, con reflexiones sobre la creación y la imaginación, y hasta una reivindicación de la baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven, olvidada y trasgresora artista del dadaísmo -pintora, escultora y poeta-, y pionera de performances callejeros, a la que se atribuye su participación en la pieza Fuente, el célebre urinario de Marcel Duchamp.

Siri Hustvedt, esposa de Paul Auster, aborda aquí asuntos que le son muy propios, como la memoria, el peso del ayer, el feminismo o la delgada línea que separa la razón de la siempre acechante locura. Y demuestra, una vez más, que tanto monta, monta tanto Auster y Hustvedt.

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