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Novela

András Forgách: El expediente de mi madre

domingo 19 de mayo de 2019, 17:29h
András Forgách: El expediente de mi madre
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Traducción de Teresa Ruiz Rosas. Anagrama. Barcelona, 2019. 384 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9, 49 €.

Por Francisco Estévez

El tardío descubrimiento de la colaboración secreta con el régimen comunista húngaro de la madre de András Forgách es el motor que alienta estas páginas. O de otra manera, el peligro y coste del servicio a las ideologías de la “señora Papai”, alias de Avi-Shaul Bruria, en su condición de espía. Cuando el Archivo de Servicios para la seguridad del Estado descubre al escritor y dramaturgo de sesenta y dos años la verdadera identidad de sus padres una venda cae al suelo. Según leemos, en un esfuerzo de patriotismo coherente con su posición antisionista y vertebrado por su ideología comunista, Bruria sustituyó a su marido, el “señor Pápai” a consecuencia de una enfermedad mental que le impedía continuar con su labor de informador, la cual realizaba de manera algo incompetente, todo sea dicho.

El título original del libro, algo como No se encuentran archivos, delata de mejor manera la voluntad narrativa que lo sustenta. Dividido en tres partes y con distintos registros, el relato biográfico se noveliza en el café de una agradable pastelería donde la agente Bruia confiesa su deseo de abandonar el encargo prestado desde el año 1975 como informadora secreta, delatora política y colaboradora secreta del régimen comunista mantenido por János Kádár en Hungría. El opacismo de los secretos y la doble cara que tiene toda verdad serán la materia que entreteje la historia.

Si en primera instancia la madre de Forgách informó sobre su propio hijo, en hábil revancha el novelista es ahora quien a nosotros lectores y, a la postre a sí mismo, nos informa de su madre. Un deseo de honestidad letrada pertrecha este trabajo sobre revelaciones de archivos secretos, que amalgama en un discurso con voluntad literaria. Ve aquí este cronista un hábil juego con material biográfico entrelazado con los propios informes y sustentado en materia novelesca. De tal modo, la búsqueda continua de estilo y de registro quizás sean manera eficaz de dar forma a lo innombrable, desde los documentos rígidos diseminados por el texto a las complicaciones estilísticas del último capítulo, “Algo más” , en la tentativa de simular un ensayo histórico.

El tradicional sentimiento de afecto de un hijo por su madre se transforma aquí en uno complejo e inquietante que engarza las a veces rocambolescas historias de su padre, los poco útiles informes de ambos progenitores (sobre la situación israelí en cuanto a agentes y operativos, así como sobre las aspiraciones del movimiento sionista) con las tiernas escenas familiares por donde emerge de algún modo la verdad de esa doble vida. Bruria es una señora enérgica y tierna, combina el amor materno con la pasión por la vida convirtiéndose en una espía indetectable. Perturbadoras escenas unas, conmovedoras otras, descorazonador a ratos en su fría cuchillada moral. El expediente de mi madre es humano, demasiado humano. A la postre, estas páginas parecen ser de algún modo enigmático y tangencial el modo que tiene un novelista de discutir con su madre la palabra “traición”.

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