Que el Movistar Team es el mejor equipo de esta edición del Giro de Italia se sabía antes de comentar la decimoquinta etapa. Contaba la estructura española con 15 minutos de ventaja sobre sus perseguidores en esta clasificación. Pero este sábado se empeñaron en ampliar esa brecha. Y lo hicieron de una manera extraordinaria: Richard Carapaz ganó en Courmayer, so puso como líder de la carrera, y Mikel Landa se aupó a la quinta plaza de la general.
El festival del corredor ecuatoriano, que ya tenía una cuarta plaza en la general de Corsa dentro de su currículo, exprimió a los favoritos en la subida a San Carlo para coronar su potencial y su presente competitivo. Descerrajó un demarraje astuto y colosal en ese puerto, dejando en la estacada a los otros punteros y jefes de filas. Poniendo la guinda a otra estrategia quirúrgica de Movistar. Ahora, tras este clínic, cuenta con la maglia rosa, 7 segundos mejor que Primoz Roglic (Jumbo-Visma) y con 1 minuto y 47 segundos de ventaja sobre Vincenzo Nibali (Bahrein).
Ya había ganado Carapaz en Frascati, pero este fin de semana ha arrancado una victoria culminante en su prometedor horizonte. Fue el mejor en gestionar los 131 kilómetros que ligaron Saint Vincent y Courmayer, con un desnivel de más de 4.000 metros y solo catorce kilómetros planos. El esfuerzo de la etapa previa eliminaría a un puñado de aspirantes a todo y fijó la real relación de fuerzas. La pendiente media del 9,8% del San Carlo dictó sentencia.
"Ahora no tengo la menor idea de cómo están celebrando, pero seguro que Ecuador está reventando por la emoción. Hemos corrido siguiendo una estrategia bien planeada junto a mi equipo. Sabíamos que Landa y yo estábamos en forma y que teníamos que aprovechar el momento correcto para atacar. Es difícil creer que ahora soy yo la camiseta rosa. Es la primera vez para Ecuador. Es un sueño por el que he trabajado mucho", sintetizó en meta Carapaz, visiblemente emocinado. Con 26 años ha tocado techo y se ha proclamado favorito para triunfar en el Giro.
El único en renacer fue Simon Yates (Mitchelton). El británico sufrió de lo lindo en las ascensiones, sobre todo ante el gigante mencionado, pero enlazó conel grupo de favoritos en el descenso y les dejó atrás en la subida postrera, en la que firmó la orgullosa seguda posición del día. A 32 segundos del ecuatoriano del Movistar. En todo caso, los focos volvieron a enfocar, por segundo día concatenado, a la remontada diseñada por la estructura navarra. Una maniobra con dos estiletes que está saliendo redonda.
El relato de lo visto arranca con una escapada de ocho corredores. Andrey Amador (Movistar), Giulio Ciccone (Segafredo), Fausto Masnada (Androni), Mattia Cattaneo (Androni), el australiano Lucas Hamilton (Mitchelton), el danés Christopher Juul Jensen (Mitchelton), Iván Sosa (Ineos) y el británico Hugh Carthy (Education First) se marcharían en la primera subida, la de Verrayes. Allí abrió fuego Yates, pero Roglic lo neutralizaría.
Pasado el segundo puerto de esta exigente jornada, el Verrogne, restaban 60 kilómetros por recorrer y el español Ion Izaguirre (Astana), los franceses Toni Galoppin (AG2R) y Gilbert Dupont (AG2R) y Damiano Caruso (Astana) aceleraban, en persecución de la cabez de carrera, que rodaba con 30 segundos de brecha. Por detrás, la maglia rosa Jan Polanc ya había tirado la toalla. Viajaba él y su grupeto con más de dos minutos de retraso. Había desconectado ante la exigencia. Y faltaba lo peor de la senda.
La ascensión al Truc D'Arbe, con 70 kilómetros en las piernas, fue afrontada ya por los ocho fugados y sus cuatro perseguidores de manera común. La distancia con el pelotón se había disparado, pero el trabajo del Jumbo de Roglic frutificó para recortar 40 segundos en esas rampas y dejarles a tiro (a 1 minutos y 30 segundos). Mas no sería una jornada tranquila para el conjunto del esloveno, que se deshizo en los pies del Colle San Carlo.
De hecho, a los pies de esa montaña mítica atacó un hambriento Vincenzo Nibali. Lo hizo a 33 kilómetros de meta, llevándose consigo a Roglic, Landa, Carapaz y el colombiano Miguel Ángel López. Ilnur Zakarin -ganador del viernes- y Yates cedían terreno. El movimiento inicial del siciliano bastó para filtrar a los mejores -despojándoles de sus gregarios- y hacer notar a Roglic la beligerancia, tras las polémicas declaraciones que le dedicó al esloveno anoche. El italiano le reprochó a su rival que no ayudara en la neutralización de Mikel Landa durante el resplandor del alavés en el día precedente. Hoy no tendría contemplaciones con la estrategia conservadora de Roglic.
Y, mientras que se marcaban los dos patrones de la carrera, Carapaz decidió hacer su apuesta. Se movió a 27.8 kilómetros del final, con una entrada en ignición que no permitió a nadie seguirse la rueda. Se fue y dejó a Nibali, Roglic, Landa, López y el polaco Rafal Majka (Bora) a 30 segundos en el primer pestañeo. Roglic, la camiseta rosa virtual, sacaba en la clasificación general 1 minuto y 42 al ecuatoriano, con lo que si el escalador de Movistar quería arrebatarle la maglia debía lucirse. Y lo haría.
Coronó la cima y se desplegó al sinuoso descenso con casi 40 segundos de ventaja y afrontando los losúltimos 7 kilómetros. Sólo 'Supermán' López lo intentaba en el grupo de favoritos y las dudas en esta amalagama atomizada de gallos beneficiaron a la determinación del ecuatoriano. Llegó a meta en solitario, triunfal. Haciendo caja de las bonificaciones y activando el festejo de Movistar, que ha suturado el mal arranque en la conlusión de la primera traca montañosa. Nibali arrancaría tres segundos a Roglic en el último kilómetro y Mikel Landa supo ahorrar energía. No obstante, ya está en distancia de explosionar ante toda la montaña que queda.