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Memorias

Mariano Guindal: Un hombre con buena suerte

domingo 26 de mayo de 2019, 21:13h
Mariano Guindal: Un hombre con buena suerte

Península. Barcelona, 2019. 604 páginas. 21, 90 €. Libro electrónico: 12, 99 €.

Por Carlos Abella

Mariano Guindal ha escrito unas memorias admirables. Con el título de Mariano Guindal. Un hombre con buena suerte. Memorias apasionadas de un reportero su autor nos ha dejado unas auténticas memorias, una sincera y honda evocación de la vida de una persona y una muy ilustrativa evocación de su vida de periodista, expuesta ambas desde la honestidad profesional y la integridad humana. Al terminar este libro, uno no sabe a quién admirar más, si al periodista de carácter, de compromiso y de raza, o al ser humano tierno con su madre, entrañable con su pareja, y sus hijos.

Autor de dos libros anteriores, El declive de los dioses (2011), que fue un gran éxito en su género y una obra de referencia para entender la transición económica española y Los días que vivimos peligrosamente (2012), Mariano Guindal nació en el seno de un humilde familia y pronto quedó huérfano de padre, debiendo su madre para salir adelante a trabajar de sol a sol y a encomendar su educación a un orfanato en la sierra madrileña, al que siguió otro en Alcalá de Henares. Este hándicap no hizo sino incentivar su curiosidad hasta el extremo de presentarse un día en el despacho del inolvidable periodista Manu Leguineche en la agencia Colpisa y decirle que quería ser periodista y que no le importaba el dinero que le pudiera pagar.

Comenzó asi una extraordinaria trayectoria profesional que le llevó a “hacer la calle” en términos de búsqueda de noticias, por lo que estuvo en la calle Claudio Coello cuando ETA asesinó al presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco, volando su Dodge Dart por encima del voladizo de la iglesia de los jesuitas, a estar en el Hospital de la Paz cuando en la noche del 20 de noviembre de 1975 percibió los síntomas de que Franco había muerto, a través de la actitud y movimientos de los periodistas de la Agencia Europa Press cuyo presidente, José Mario Armero, era muy amigo de Don Juan Carlos, entonces Príncipe de Asturias.

También en la rueda de prensa ofrecida por el flamante ministro de Economía Miguel Boyer, preguntándole por la situación financiera del conjunto de empresas de RUMASA, a lo que el ministro nervioso le respondió: “Pues que como no me entreguen las auditorías que les he pedido les mando a los inspectores del Banco de España”. Guindal lo publicó y de inmediato, ante una posible quiebra, la gente sacó todo el dinero que pudo de las entidades financieras de Ruiz Mateos, obligando a que las autoridades financieras intervinieran y nacionalizaran su grupo bancario y sus empresas.

Solo estos hitos ya serían suficientes para animar a cualquier lector a devorar -como yo lo he hecho- estas memorias que además de ser una espléndida crónica del tiempo que trascurre desde 1973 hasta el año 2018, nos permite acompañar a Guindal y a su familia por insólitos viajes a parajes de lo más recóndito del planeta como fueron el crucero por la Antártida, con su esposa, la también periodista Mar Díaz Varela y su hijo San, aquella cuando los médicos le detectaron un cáncer al que Guindal ha combatido, combate y seguirá combatiendo con la fuerza interior de un coloso, y la determinación de un titán.

Su trayectoria profesional le llevó del trabajo anónimo de agencia, a ser redactor jefe de Economía y editorialista de La Vanguardia, y su corresponsal político en Madrid, granjeándose la confianza de los sucesivos responsables de esa materia en los Gobiernos del PSOE, especialmente, y también de Luis de Unidos, del PP. Su pluma nos descubre las crisis económicas contemporáneas de los Gobiernos socialistas, con cuya ideología denota simpatía y cierta benevolencia, y detalla las peripecias de la caída de los Gobiernos de UCD, de Felipe González, de Jose María Aznar, de José Luis Rodríguez Zapatero y más recientemente de Mariano Rajoy.

Todo su relato está acompañado de una notable dosis de humor que provoca la sonrisa del lector, y le ilustra sobre la relación entre periodistas y políticos, entre ellos y los banqueros, y también abre los ojos sobre los intentos de soborno que algunos empresarios de sectores estratégicos pretendían realizar en otro tiempo a periodistas, como el caso de un compañero que, en una rueda de prensa de empresas eléctricas vio en la carpetilla con la documentación un importante cantidad de miles de pesetas.

Pero siendo muy interesante el relato de su vida profesional, hay un aspecto del libro que resulta ejemplar: la narración de la peripecia de la adopción de su hijo San. Es una dura y descarnada descripción del mundo terrible de los niños que nacen sin amparo familiar en cualquier parte del mundo -en su caso en China- y tienen la fortuna de que seres humanos de otra parte del mundo vengan a buscarles, a sacarles del abandono, la pobreza y la falta de amor, bien para cumplir con el sueño de ser padres o bien para ejercer la inmensa solidaridad humana de la adopción, para integrarlos en otra sociedad, en otro país, dándoles la oportunidad de construir una vida propia, desafiando al destino. Estas páginas merecen por si solas la compra de este libro que nos revela que, además de un muy buen periodista, Mariano Guindal es un colosal ser humano.

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