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Novela

Antonio Ortuño: Olinka

domingo 26 de mayo de 2019, 21:17h
Antonio Ortuño: Olinka

Seix Barral. Barcelona, 2019. 248 páginas. 18,50 €.

Por Federico Aguilar

En octubre de 2010, Antonio Ortuño (Guadalajara, 1976) fue elegido por la revista Granta como uno de los mejores escritores jóvenes en lengua española. En ese momento el autor mexicano había publicado dos colecciones de cuentos, El jardín japonés y La Señora Rojo (2010), y las novelas El buscador de cabezas (2006) y Recursos humanos (2007), pero la publicación británica, siempre ojo avizor de nuevos valores literarios, supo detectar en Ortuño una voz propia y potente. Una voz que se fue consolidando en obras posteriores como los libros de relatos Agua corriente (2016) y La vaga ambición (2017), que se alzó con el V Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero, y las novelas Ánima (2011), La fila india (2013), y Méjico (2015), a las que ahora se une Olinka.

“Justicia, sabiduría y fortaleza custodian a esta leal ciudad” está grabado al pie de la estatua de Minerva, en Guadalajara (México), frase que encabeza la última novela de Ortuño que es un desmentido en toda regla de tan bonitas palabras. Porque no es precisamente justicia, sabiduría y fortaleza lo que prevalece en la ciudad mexicana, la urbe más poblada del estado de Jalisco, y el lugar donde se estableció uno de los primeros y más poderosos carteles del narcotráfico.

Ortuño ambienta su novela en Zapopan, el municipio donde nació y del que se marchó para después, recientemente, volver. Al regresar le sorprendió un crecimiento inmobiliario gigantesco que solo podía estar relacionado con la corrupción y el blanqueo de dinero. Y no pudo dejar de reflejarlo, y denunciarlo, en Olinka, que explora la gentrificación y el papel que en ella desempeña el dinero negro.

El protagonista de Olinka, narrada en tercera persona, es Aurelio Blanco, un modesto contable que ha pasado quince años en la cárcel por un delito que no cometió en relación con el fraude de Olinka, casas de lujo levantadas mediante turbios chanchullos, que tomó su nombre de una urbanización real que el Dr. Alt impulsó con la pretensión de convertirla en un paraíso para artistas y científicos. Blanco fue el chivo expiatorio de su suegro, de su familia política, los Flores, que le prometieron no abandonarle, pero no cumplieron su palabra.

Al salir de prisión, Aurelio Blanco se encuentra con una ciudad y una realidad muy distintas, pero tiene que luchar por recuperar un sitio y una vida. Disección de una urbe y de la miseria moral, servida con humor negro, mordacidad, sarcasmo y trazos fuertes.

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