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Novela

William Boyd: El amor es ciego.

domingo 26 de mayo de 2019, 21:19h
William Boyd: El amor es ciego.

Traducción de Pablo Sauras. Alfaguara. Barcelona, 2019. 416 páginas. 20,90 €. Libro electrónico: 9, 99 €.

Por Luisa Martínez

Recientemente, William Boyd señaló que vivimos en una época en la que parece que prima la locura, que da la impresión de que se ha apoderado de mucha gente. Solo esto, apunta también el escritor escocés, es posible “explicar” fenómenos como el Brexit, que él rechaza contundentemente. Pero, si bien hoy parece, en efecto, que vivimos tiempos así, la locura y la irracionalidad han acompañado siempre al ser humano. Y puede que nada más irracional que el amor: “Enamorarse es una aventura que carece de lógica”, sentencia Robert Louis Stevenson -a quien hay varios guiños en esta novela- en la cita que abre la última propuesta de Boyd, titulada con una máxima muy conocida: El amor es ciego.

Cabría preguntarse si el sentimiento amoroso es siempre así, pues su complejidad hace difícil reducirlo a una única manera de experimentarse. Sea como fuere, ciego es para Brodie Moncur, protagonista de la narración de Boyd, su decimoquinto título, que ha dado a la imprenta tras su debut novelístico en 1981 con Un buen hombre en África, 1981, que le valió el Whitbread Award for a First Novel, ambientada en un continente donde nació su autor, que vino al mundo en Ghana, en 1952, donde su padre, escocés y médico especialista en enfermedades tropicales, se había trasladado para dirigir la clínica de salud de la Universidad de Legonwho y después instalarse en Nigeria. Posteriormente, Boyd publicó, entre otras novelas, Como nieve al sol, Barras y estrellas, quizá su obra más conocida que le catapultó a un reconocimiento internacional, Armadillo, Las aventuras de un hombre cualquiera, Tormentas cotidianas, y Solo, un encargo en el que resucita a James Bond, el celebérrimo personaje creado por Ian Fleming.

Brodie Moncur es un virtuoso de la construcción de pianos al que su jefe le envía a París para poner en marcha una sucursal de la marca. El joven aprovecha la oferta para escapar de Edimburgo y de su opresiva familia. Para lanzar el negocio se le ocurre contratar a un pianista, John Kilbarron, como fetiche de la marca, que, aunque ya no está en pleno apogeo, todavía goza del prestigio y el éxito que le llevaron a ser denominado el Liszt irlandés. Kilbarron tiene una amante rusa, Lika Blum, que lucha por hacerse un hueco como soprano, a cuyos pies cae rendido Brodie, que la sigue por Europa poseído por un arrebato amoroso.

Y nosotros con él, en un paseo, a caballo entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, al que nos invita William Boyd. Un paseo entretenido y seductor que nos arrastra a múltiples lugares y ambientes -hasta una isla al sur del Pacífico-, y nos presenta a numerosos personajes secundarios en una narración de corte clásico –Boyd ha confesado que sobre todo lo que le motiva es contar historia-, con regusto a bildungsroman.

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