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TAUROMAQUIA

Un filósofo en la arena: entrevista al filósofo Francis Wolff

Un filósofo en la arena: entrevista al filósofo Francis Wolff
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lunes 03 de junio de 2019, 13:19h

No es una persona al uso. Su profesión didáctica de catedrático de filosofía ha paseado por las universidades de Paris-X-Nanterre, Reims, Sao Paulo hasta recalar en la Escuela Normal Superior de la Universidad de París, dónde no hace mucho, dijo adiós al complejo mundo de la enseñanza filosófica.

Especialista socrático. Filósofo de tauromaquias olvidadas. Con dieciocho años prendió en él la mirada de la curiosidad, conduciéndole a un universo de sensaciones que le ha llevado por los ruedos del mundo. Sus pensamientos de vida, su pasión por la tauromaquia, la lucha por la libertad y la defensa de una ancestral cultura mediterránea, que unos pocos se empeñan en destruir ha generado libros, conferencias, películas y un documental que sitúa la filosofía taurina en la calle, fuera de los ruedos, en el lugar dónde surge la magia.

P.- Defíname el concepto pasión y cómo nace la pasión en los seres humanos

R.- La contesto de una manera general porque existen muchos tipos de pasiones. Una pasión puede nacer poco a poco. Puede nacer a raíz de un acontecimiento extraño o puede nacer, como fue mi pasión para con los toros, a partir de un desconocimiento absoluto y de una especie de “Shock” que experimenté viendo una corrida hace 50 años. No estaba preparado para este choque

Vivía en París. Era estudiante y quería ver el mar. Emprendí hacia el océano un viaje en autostop y pasando por Nimes vi carteles de toros y junto a ellos la palabra feria (era el fin de semana de Pentecostés). Al ver aquellos carteles recuerdo que pregunté al chófer del auto que me recogió: Feria. ¿Qué es feria? Me contestó que era una fiesta. ¿Pero hay corridas de toros aquí? Sí. ¿Pero se matan los toros como en España? Sí, claro. Yo no tenía ni idea de qué era una corrida de toros. Vivía en París ajeno a todo esto.

Me pareció curioso lo de la corrida y junto a un amigo nos fuimos al anfiteatro romano de Nimes, a la parte más barata. (Increíblemente, el entrevistado, recuerda hasta el cartel de espadas y la ganadería). He visto 1709 corridas de toros y todas registradas (saca un cuadernillo y me lo muestra). La corrida estuvo muy mal, pero me encantó. ¿Porqué? Lo desconozco. Creo que llevaba dentro de mí la pasión. Fue como un amor a primera vista. Lo que más me sorprendió fue que aquello, la corrida de toros era algo que no tenía nada que ver con lo que yo conocía. Era algo extraño, curioso. Aún hoy desde el punto de vista filosófico me sigue llamando la atención. ¿Qué es la corrida de toros? Nadie puede definirlo. Es algo singular

P.- ¿Quiere decir que una mala corrida despertó en un joven de 18 años una pasión inexplicable que ha perdurado hasta el momento actual?

R.- Cierto. Al día siguiente de presenciar mi primera corrida de toros, volví a la plaza. Esta vez triunfó un torero malagueño, Miguel Marqués y nuevamente experimenté otro “Shock” diferente al que había experimentado la primera vez. Era algo que despertaba una emoción en mí inexplicable. Algo relacionado con el arte que no conseguía conceptuarlo y que me despertaba una gran curiosidad. A partir de este momento comencé a pensar sobre este sentimiento hacia la Tauromaquia. Comencé a leer muchas cosas y como no tenía dinero y en París no existían los toros tuve que esperar meses hasta las ferias de Nimes, Arlés… Entretanto, conocí aficionados franceses y me suscribí a una revista (aún existe en Francia) que se llama Toros. Todo contribuyó a que se gestara mi formación como aficionado.

P.- El toreo habla o simplemente se siente

R.- Pienso que el toreo se siente, pero el papel de un filósofo consiste en transformar ese sentimiento en palabras o mejor, en conceptos. El trabajo de la filosofía reside en intentar transformar las imágenes, emociones etc. en palabras y mejor, en conceptos. Alguien que no entiende nada de toros puede sentir algo, pero como en otras artes de la vida como por ejemplo la música, cuando entiendes, cuando conoces vas a sentir más. Quizá sentirás menos veces, pero cuando sientas, sentirás mucho más profundo.

P.- ¿Cómo se explicaría la ética en la Tauromaquia?

R.- He intentado definirla a través de una expresión que se grita cuando el matador lo hace muy bien. Este grito de “torero, torero” es algo muy curioso porque a un futbolista no se le grita “futbolista, futbolista”. A un bailaor no se le grita “bailaor, bailaor”. El grito de “torero” es algo muy profundo en la ética del toreo. Este grito significa que el matador lo ha hecho bien. Que ha entendido bien el toro. Pero no solamente esto. El grito de “torero” representa que el matador en su comportamiento, en su actitud, en su postura frente al animal y frente al espectador ha conservado su ser absoluto de torero, o sea una cierta manera de reaccionar estoica, sabia, como si los acontecimientos que ocurren fueran totalmente ajenos a su ser. Esto en cuánto a la ética del torero. En cuánto a la ética de la Tauromaquia, esto es otra cosa. Nadie puede matar al adversario, en este caso al animal, sino es arriesgando su propia vida. Es todo lo contrario de transformar un animal en persona o en cosa sin valor. Esa es la ética del acto de la estocada, por ejemplo.

P.- En el simposio que hubo recientemente en el Senado sobre: “Los hombres y los animales: un debate de sociedad y una cuestión de derechos” en dónde usted participó junto a destacadas personalidades nacionales e internacionales el profesor de psicología de la universidad de Oviedo, Don José Manuel Errasti planteó una pregunta a sus alumnos de primero de carrera. La pregunta era: ¿Por qué vida se decantarían en una corrida de toros? ¿La del hombre o la del animal? El 68 por ciento de su alumnado eligió la vida del animal ante la del hombre ¿Cómo se explica esto?

R.- Existen varias causas. En mi último libro titulado “Tres utopías contemporáneas” intento responder a esta pregunta. ¿Por qué nace el animalismo hoy en día? Existen varias causas.

En primer lugar, hay que hacerse una pregunta ¿Por qué está desapareciendo la diferencia hombre-animal? Toda nuestra civilización está basada en la diferencia entre las personas y los animales. Existe el materialismo contemporáneo que no hace diferencias entre todos los seres vivos y piensa que hay una continuidad absoluta entre los seres vivos, los animales y los hombres. Por ejemplo, la caída de la influencia de las religiones monoteístas es una razón muy importante.

En segundo lugar, está la caída de objetivos políticos claros para los jóvenes que quieren cambiar el mundo. Para las nuevas generaciones, los animales aparecen como el nuevo proletariado de la modernidad. Durante mucho tiempo en el siglo XX existían objetivos revolucionarios para liberar a los pueblos, las clases sociales, el proletariado etc. Para un joven de hoy los animales aparecen como el nuevo proletariado al que hay que liberar. Aparecen como las víctimas absolutas, de tal forma que cuándo un joven en la lucha de un hombre con el animal está apoyando al animal, en su mente equivocadamente, cree estar apoyando a la víctima contra el torturador. Por eso los jóvenes dan esas respuestas, hecho que sería diferente si fuera su madre, su hermano etc. No pensarían igual. Pero creen que deben decirlo para demostrar su apoyo a la víctima. Es una reacción ingenua de cualquier joven que considera una injusticia cuando ve que se está matando a un animal.

Estoy estudiando el animalismo en el planeta. He llamado al animalismo la nueva utopía política. Estamos viviendo en un mundo sin utopías políticas al contrario de lo que vivimos en el siglo XX y sabemos que estas utopías como el comunismo, desembocaron en un desastre. Por ello los jóvenes a falta de utopías crean el sueño político de liberación animal.

La tercera causa es el triunfo, hoy en día, de las neurociencias. De la biología en general. En el siglo XX se hablaba mucho de la física como la ciencia que explicaba todo, pero con sus propias amenazas, por ejemplo, la bomba atómica. Hoy en día se explica todo a partir de la biología, pero entendiendo que no hay diferencias entre el hombre y el animal. Para los animalistas la liberación animal es un ideal.

P.- De dónde nace la convicción de que la Tauromaquia tiende a desaparecer.

R.- He escrito un libro cuyo título es “Cincuenta razones para defender las corridas de toros”. Llevo veinte años luchando bastante para defender las corridas de toros. Estoy haciendo mi trabajo mucho más que los demás. Actualmente es cierto que hay muchas corridas de toros. Que hay muchos matadores. Que los toros son mejores, pero me siento desanimado porque pienso que mis hijos que son aficionados verán quizá el fin de la Tauromaquia. Creo que es mejor pensar así porque quizá se produzca un revulsivo en los aficionados y en los otros (los que quieren la fiesta, pero no luchan nada). Quizá se planteen todo lo que se puede perder desde el punto de vista de la humanidad, de la cultura, de la ética, de la estética…

Después de luchar todos los días por la Tauromaquia y pensar que la energía de la lucha es exportable a los demás, en ocasiones me asaltan dudas. Creo que hasta los obispos a veces dudan de su propia fe (risas). En la película que se está presentando “Un filósofo en la arena” trato de exportar ideas de Tauromaquia para públicos fuera de la propia Tauromaquia.

P.- ¿Qué relación tienen entre sí las tendencias animalistas, la actual juventud y la agresividad social?

R.- En general se puede decir que existe una pérdida general de los valores esenciales.

P.- ¿Considera que la filosofía cómo asignatura fundamental debería volver a los colegios, institutos e incluso a nuestra vida personal?

R.- Creo que el raciocinio filosófico permite pensar las acciones antes de desarrollarlas. Por eso creo que la vuelta a la filosofía en las escuelas e institutos sería importante en todos los países. Ayudaría a pensar y vivir mejor.

P.- Para finalizar podría explicar a los lectores qué hace “Un filósofo en la arena”, título del cortometraje del que usted es principal protagonista.

R.- Hace cinco años un cineasta mexicano vino a París para decirme que había encontrado por internet un filósofo parisino que defendía las corridas de toros. Él no sabía nada de toros. Vino a visitarme y me expuso que no sabía de toros, pero la cultura mediterránea le parecía muy interesante y quería defender la cultura mediterránea frente a la anglosajona y la Tauromaquia le parecía un buen comienzo. Había leído bastante sobre toros, pero seguía sin entender nada. Me comentó que iba a rodar una película sobre el tema y si me interesaría participar. Finalmente me convenció porque, realmente, no le interesaba lo que pasaba en el ruedo sino la cultura y los problemas de la modernidad que rodean la Tauromaquia. Ellos, al final fueron dos los cineastas, querían entender mi pasión por el toro y a mi vez yo quería entender por qué esa pasión parecía estar condenada por la modernidad. Decidimos hacer esa doble búsqueda a través de un viaje por tres países: Francia, México y España. Fue un trabajo de casi tres años y el resultado: “Un filósofo en la arena”.

N.A.- Siendo un excelente documental social, en la actualidad ninguna distribuidora ha querido comprar sus derechos.

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