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ENTREVISTA

Alfredo Carrato: "La genómica disminuirá dramáticamente la mortalidad por cáncer"

Alfredo Carrato.
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Alfredo Carrato. (Foto: EFE)
jueves 06 de junio de 2019, 20:46h
Hablamos con el reputado oncólogo español tras su regreso de ASCO, el congreso sobre el cáncer más importante del mundo.

La oncología ha vivido su 'semana grande' del año en Chicago. Durante cinco días más de 30.000 médicos especializados en la lucha contra el cáncer se han congregado en la Sociedad Americana de Oncología Clínica -ASCO-. Sí, su nombre no tiene la mejor traducción al español...

Uno de los avances más destacados de esta 55 edición ha sido el de la terapia personalizada, con el inhibidor olaparib, para tratar el cáncer más mortífero, el de páncreas. Aunque solo un 7% de los pacientes se beneficiarán, por fin se ha logrado establecer un tratamiento alternativo a la quimioterapia para los casos avanzados.

En ASCO se han presentado toda una serie de nuevos fármacos que tienden a dirigirse contra dianas genéticas independientemente del órgano donde se origina el tumor. Gracias a ellas la supervivencia de los pacientes con cáncer de pulmón se cuenta ya por años y no por meses. Merck, por ejemplo, ha presentado sólidos avances con su medicamento tepotinib pacientes con cáncer de pulmón no microcítico.

En cáncer de mama destaca el estudio sobre mujeres jóvenes con un tumor avanzado o metastásico, especialmente agresivo. Una terapia diana, ribociclib, combinada con otra hormonal ha demostrado por primera vez en estos casos una tasa de supervivencia del 70% en pacientes con el subtipo más común, el de receptores hormonales.

Para saber más sobre este importante congreso, charlamos con el Dr. Alfredo Carrato, Jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid y catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares, quien acaba de regresar de la ciudad del viento, donde él y su equipo han presentado un innovador estudio sobre el cáncer colorrectal.


-¿Ha sido el año de las terapias personalizadas en la lucha contra el cáncer?

Ha sido el año de las combinaciones. Se han empezado a combinar fármacos contra el sistema inmune, más vacunas, antiangiogénicos, inhibidores de vías de señalización… Los estudios de combinación han mostrado beneficios para los pacientes. Atendiendo a la eficacia hay tripletes de fármacos que constituyen un paso adelante pero las farmacéuticas se tienen que poner de acuerdo, porque la toxicidad económica que esto genera es tremenda. Estamos consiguiendo acercarnos a la medicina personalizada de una manera más eficaz. Cada vez estamos conociendo más en profundidad la biología de cada tumor. Ya no se habla de cáncer de mama, colorrectal o de pulmón, sino que se personaliza cada tratamiento para adecuarlo a subgrupos de tumores.

- También se han presentado algunos estudios que ponen en valor el Obamacare, que Trump ha prometido desmantelar. ¿Cuál es su opinión?

Obama intentó que todo el mundo tuviera un seguro médico. Esto es importante y se parece mucho a nuestro sistema público. El problema que genera es que su sostenimiento, de manera irremediable, conduce a una disminución del salario del personal sanitario porque además hay que pagar los carísimos fármacos, los hospitales, los quirófanos, las máquinas de radiodiagnóstico, los robots de intervención quirúrgica… Es un sueño que tiene que hacerse realidad, pero que solo sería posible con el esfuerzo de todos.

-¿Se pasan con los precios las farmacéuticas?

Estas empresas deben contribuir a la sostenibilidad de un sistema público y universal con una política más adecuada y continuar innovando. Sobre todo cuando se ha demostrado, tanto en este congreso, como en otros, que la combinación de dobletes o tripletes de medicamentos es beneficiosa para el paciente. El precio inicial de cada fármaco es prohibitivo porque si cada uno vale 2.000 o 3.000 euros, tendríamos que dejarnos 9.000 euros mensuales en el tratamiento. Esto no puede ser. Esa responsabilidad social corporativa debería ejercerse para adecuar el precio de sus fármacos a la realidad. Por otro lado, ellos necesitan de un presupuesto para invertir en nuevas investigaciones, muchas de las cuales, por cierto, cuestan millones y quedan en nada. Es un equilibrio difícil.

-¿Es sólida la regulación? ¿Son transparentes?

Tenemos datos retrospectivos, pero no actuales, lo que permitiría hacer ese tipo de ajustes. Sabemos lo que la empresa invirtió en un determinado fármaco que ha conseguido mejorar la supervivencia de los pacientes. Y también conocemos el beneficio posterior que la compañía en cuestión obtuvo gracias a dicho medicamento, que puede multiplicarse por 10, 20, 40, 80, etc. Sin embargo, ignoramos el dinero que pierden en estudios fracasados. Es importante conocer el músculo y la realidad de estos laboratorios y pedirles que tengan la responsabilidad social para que los precios de sus fármacos logren que sus pacientes de manera universal puedan beneficiarse de ellos. El esfuerzo que se pide a las compañías farmacéuticas debe estar consensuado con las autoridades sanitarias y con las asociaciones de pacientes.

-Hemos hablado de medidas paliativas. ¿Qué hay de las preventivas, como la genómica?

Es esencial tener la información del riesgo que una persona tiene de padecer determinadas enfermedades. Si esto se utiliza adecuadamente podemos identificar grupos de alto riesgo sobre los que hacer programas de cribado para hacer un diagnóstico temprano de la enfermedad. Es lo más deseable y rentable de todo porque siempre se coge al cáncer en sus estadios iniciales y las tasas de curación son las más altas de todas. La prevención es el arma fundamental y el desarrollo de la genética –unida a los hábitos de vida saludables- provocará una disminución dramática de la mortalidad por cáncer. Va a ser una revolución.

-¿Estamos haciendo las cosas bien en este sentido?

Nos queda un largo camino por andar, porque en el cáncer además del genoma interviene el medio ambiente. Hay personas cuyo genoma nos dice que tendrán cáncer de manera indefectible; hay otras que, a pesar de tener un genoma normal, viven al lado de una central nuclear que revienta y también padecerán un tumor; y entre medias, están los que tienen algún síndrome hereditario que necesita una vigilancia especial; o aquellos capaces de metabolizar los agentes carcinógenos de forma más lenta, lo cual los vuelve más vulnerables. Solo conjugando el aspecto genético con el medioambiental lograremos determinar qué población es de alto riesgo.

-Algunos ven en la nanotecnología el futuro de la medicina. ¿Realidad o ficción?

Ya es una realidad y una solución. El trabajo conjunto de biomédicos e ingenieros, que son capaces de desarrollar estos nanorobots, ya nos permite llevar fármacos más allá de donde pueden llegar por sí mismos, porque los vuelve mucho más penetrables. Prueba de ello es que muchos de los fármacos que nosotros mismos utilizamos, como el Nab-Paclitaxel -medicamento usado para combatir el cáncer de páncreas-, carecen de poder a escala norma. Pero cuando se utilizan a escala nanométrica consiguen “activar el cáncer de páncreas”. También los utilizamos en forma de compuestos que van por la sangre para localizar e identificar dónde se encuentra un tumor. Son avances que afectan a todas las especialidades, tanto médicas como quirúrgicas, y que permiten ganar terreno a la enfermedad, que es el objetivo.

-¿Cuándo y cómo acabaremos con el cáncer?

No acabaremos nunca con el cáncer. El cáncer es una alteración inherente a todo proceso vital. Las células de nuestro cuerpo se reproducen y siempre hay algún error en ese procedimiento de multiplicación celular, que nuestro organismo es incapaz de subsanar, lo que da origen al tumor. El cáncer existe desde los animales prehistóricos y seguirá existiendo en los futuros. Podremos saber mucho más del comportamiento y de la biología de los tumores, así como prevenirlos de una manera más eficaz. La mortalidad que ocasionará el cáncer será mucho menor que la que está ocasionando ahora, que es la primera causa de muerte de los países industrializados.

-Una visión un poco pesimista…

No es pesimista. Es una realidad. Antes había mucho menos cáncer porque la gente se moría a los 50 años de un infarto. Los cardiólogos han hecho estupendamente su trabajo y ha habido un montón de fármacos que han bajado la presión arterial, otros han disminuido el colesterol, otros han controlado la diabetes… Ha habido una prevención. Ahora cuando a uno le da un infarto, inmediatamente se le pone un stent y se le repara el tejido que se quedó sin sangre para que no deje secuelas en el corazón. Ese progreso que han hecho los cardiólogos en su especialidad lo tenemos que hacer nosotros en la nuestra. Y como no nos da la gana de morirnos a los 50 años y la esperanza de vida es de 85, el cáncer tiene que aparecer, porque la cantidad de insultos que tiene nuestro material genético en tanto tiempo es muchísimo mayor y además la capacidad de reparar ese daño disminuye con la edad. Siempre lo tendremos encima pero sabremos prevenirlo y controlarlo muchísimo mejor. Los humanos llegaremos a vivir 100 años, pero tendremos que vivirlos con calidad y con la cabeza pensando y con el cuerpo capaz de valerse por sí mismo. Es muchísimo el trabajo que tenemos por delante.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    9730 | Pontevedresa - 07/06/2019 @ 12:23:16 (GMT+1)
    Interesante entrevista al profesor Carrato sobre esa enfermedad temible azote de la humanidad que es el cáncer, donde se explica con claridad cual es el futuro, no vencerla, pero sí combatirla y hacerla menos mortal cada vez. Es un alivio ver gentes preocupadas de la parte científica, porque estamos hartos de ver a seres vulgares y a veces maléficos dirigiendo la política de nuestro país.

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