SUBE EL PARO Y SE DESGASTA EL GOBIERNO
martes 05 de agosto de 2008, 09:08h
Como desgraciadamente cabía esperar, el último dato del paro no es nada alentador: el número total de desempleados se ha situado en julio en 2.426.916, lo que supone la peor cifra laboral desde 1998 y el cuarto aumento consecutivo de la tasa de desempleo. Además, la caída se ha producido en un mes en que tradicionalmente se incrementa el número de empleos. El vicepresidente económico, Pedro Solbes, ha reconocido que el apunte es “malo”, aunque ha querido subrayar que la responsable de la difícil situación económica que atraviesa España no es otra que “la crisis mundial”, y, concretamente, el aumento del precio del petróleo y de las hipotecas.
Así pues, ya nadie esconde que nos encontramos en una situación de crisis, aunque unos y otros atribuyan sus efectos a causas bien distintas. Mientras desde el gobierno insisten en achacar la coyuntura económica al contexto internacional, en el PP reprochan a los socialistas su falta de actuación e iniciativa ante las dificultades. Sin embargo, no es tan sencillo determinar hasta qué punto tiene el Gobierno una responsabilidad absoluta en el actual escenario. Si hace apenas un año nos encontrábamos con los mejores datos laborales desde la transición y muchos analistas alababan la ‘solvencia’ de Solbes, es dudoso argumentar que el ministro haya dado un giro a su política que haya hecho tambalear la economía. Por tanto, parece evidente que una parte significativa del problema tiene un fuerte componente exterior. Nada sorprendente en un país que, afortunadamente, está por completo integrado en el sistema económico internacional. Por ello, la coartada exterior no exonera por completo al Gobierno de responsabilidades: hace más de dos años que economistas independientes venían advirtiendo la mala coyuntura que se avecinaba y reclamando medidas que amortiguaran una caída anunciada. En la misma línea, la severa dependencia española de energía fósil difícilmente puede sostenerse que haya empezado ayer: hace muchos años que los expertos llevaban clamando en el desierto medidas que revirtieran esta tendencia tan negativa. Situación que el Gobierno ha ignorado y medidas que ni se tomaron en sazón y que todavía hoy siguen sin generar un debate serio sobre un asunto tan grave. A mayor abundancia, es más que dudoso que la política inflacionaria que el Gobierno quiere justificar con el “latiguillo” del gasto social ayude a salir de la crisis, en lugar de complicarla. Sería bueno que todos –el Gobierno el primero- entendiéramos que la mejor política social es aquella que fomenta la creación de puestos de trabajo, defiende los existentes o reduce su pérdida.
Como puede esperarse en un país democrático y libre, el PP, principal partido de la oposición, ha hecho de la crisis económica su principal caballo de batalla. Para eso está la oposición. Y, en este caso, hay que reconocer que Rajoy denunció la crisis antes y durante la campaña electoral, para ser acusado por Zapatero de catastrofista y “antipatriota”. Desgraciadamente, la realidad actual han dejado cortas las críticas y advertencias que entonces avanzara el dirigente del PP. Pero, en todo caso -y se piense como se quiera- el hecho indiscutible es que la crisis económica ya ha comenzado a desgastar la imagen del Gobierno, tal como demuestra el último barómetro del CIS. La diferencia entre PSOE y PP prácticamente ha desaparecido. Parece, pues, que las opciones del PP pasan por denunciar -y tratar de rentabilizar electoralmente- los problemas económicos, mientras que el PSOE deberá intentar paliar, en la medida de lo posible, las dificultades, aunque siempre estará a expensas del tiempo que se prolongue la crisis mundial y de que adopte políticas efectivas en lugar de efectistas. El tiempo de montajes teatrales ha pasado: la realidad llama a la puerta de La Moncloa.