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A DOBLE VUELTA

sábado 29 de junio de 2019, 17:57h
¡Qué vergüenza! ¡Qué lamentable espectáculo! ¡Qué escándalo continuado! ¡Qué hartazgo!...

Luis María Anson publicó este artículo en el diario El Mundo. Las redes sociales se hicieron amplio eco del texto del académico y lo difundieron en algunos casos íntegramente. Lo reproducimos a continuación.

¡Qué vergüenza! ¡Qué lamentable espectáculo! ¡Qué escándalo continuado! ¡Qué hartazgo! ¡Cuánta indignidad, cuántas añagazas, qué barahúnda, qué follón! La inestabilidad se adueña de España mientras nuestra clase política, caracterizada sobre todo por la mediocridad, anda enzarzada en traiciones, artimañas, engaños, descoyuntadas alianzas y arteras sinvergonzonerías. El espíritu de la Transición, es decir, la concordia y la conciliación entre los españoles, ha caducado, la moderación se esfuma, el sistema se desmorona y a los partidos, que solo piensan en el interés partidista por encima del general, les preocupa sobre todo conseguir la más suculenta tajada, el mayor botín en el reparto del poder.

Viví de cerca, por razones profesionales, la crisis de la IV República francesa en mayo y junio de 1958, tras doce años de inestabilidad y veinte jefes de Gobierno, desde Paul Ramadier, en 1947, hasta Pierre Pflimlin, en 1958. Lo más importante de lo que entonces ocurrió fue el parto, impuesto por Charles De Gaulle, de la V República, que, con una Constitución modernizada, vertebra todavía la vida de la gran nación francesa.

En la política que trazó el nuevo presidente, el héroe de la Resistencia contra los nazis, hay un aspecto de especial interés hoy para España: la modificación de la ley electoral. El sistema proporcional de la IV República hacía muy difícil la gobernanza. En algunas naciones, la ley d’Hondt consiguió aliviar la proporcionalidad, introduciendo modificaciones que priman al partido vencedor y permiten gobiernos más estables. En la España actual, después de 40 años de un eficaz funcionamiento, las ambiciones personales y partidistas han fragilizado ya la ley d’Hondt y las componendas entre los cinco partidos nacionales y una multitud de pequeñas agrupaciones están quebrando la estabilidad de la democracia española.

Ante el bochorno actual, crecen los partidarios de un sistema electoral a doble vuelta, como el francés. Aunque no siempre, sí es cierto que se trata de la fórmula democrática que de manera más segura garantiza la gobernabilidad. En las distintas elecciones, los dos partidos con más votos pasan a la segunda vuelta y uno de ellos resultará vencedor con mayoría absoluta. España padece en los últimos años una situación de alianzas, compromisos, grescas, argucias y sinsentidos que es necesario superar.