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Relatos

Julio Ramón Ribeyro: La palabra del mudo

domingo 30 de junio de 2019, 19:19h
Julio Ramón Ribeyro: La palabra del mudo
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Prólogo de Sara Mesa. Seix Barral, 2019. 1.056 páginas. 27 € Un extraordinario volumen con prácticamente todos los relatos del escritor peruano, que se recupera con motivo del noventa aniversario de su nacimiento enriquecido con un excelente prólogo de Sara Mesa. Excelente oportunidad para disfrutar de uno de los maestros indiscutibles del cuento. Por Adrián Sanmartín

El boom hispanoamericano surgido entre 1960 y 1970 del pasado siglo fue uno de los fenómenos literarios más deslumbrantes y de enorme influencia en la literatura en español al aglutinar a una serie de autores de primera fila, como Julio Cortázar, Carlos Fuentes, o los premio Nobel, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. En el grupo se encuadraría Julio Ramón Ribeyro (Lima, 1929-1994), aunque por distintas circunstancias, empezando por la propia resistencia del escritor peruano a formar parte de él, ha quedado un tanto al margen del membrete, pero no de ser una figura de gran impacto.

Ribeyro estudió Letras y Filosofía en la Universidad Católica de Lima y a lo largo de su trayectoria combinó el periodismo con la literatura y ejercicio algún cargo en el ámbito de la cultura como consejero cultural y embajador de Perú ante la UNESCO. Muy unido a su país, fue también cosmopolita realizando diversos viajes a Europa. Así, en París se estableció durante algunos periodos y también en Madrid, donde completó estudios en la Universidad Complutense. Su obra se hizo acreedora de diversos galardones como el Premio Nacional de Literatura, el Nacional de Cultura, el Nacional de Novela y el Juan Rulfo, entre otros. La producción de Julio Ramón Ribeyro abarca varios géneros. Así, la novela -Crónica de San Gabriel (1960), Los geniecillos dominicales (1965), Cambio de guardia (1976)-; el ensayo - La caza sutil (1975)- Prosas apátridas (1975)-; el aforismo - Dichos de Luder (1989); el diario - La tentación del fracaso (1992-1995) y el teatro- Atusparia (1981).

Pero, sin duda, donde es un maestro indiscutible es en el cuento, género que cultivó desde sus comienzos y que, según él mismo confiesa, le cautivó desde niño, recordando, por ejemplo, la impresión que le causó una de sus primeras lecturas de relatos: “Garduño”, de Anatole France. Tanto le interesó que se atrevió a formular un decálogo de imprescindible consulta para todo aquel que quiera escribir relatos. Aunque sin olvidar el toque irónico que le da Ribeyro: “Lo más aconsejable es transgredirlo regularmente, como yo mismo lo he hecho. O aun mejor: inventar un nuevo decálogo”. Así, fue publicando relatos en diversas revistas que después recopilaría en volúmenes como Los gallinazos sin plumas (1954), Cuentos de circunstancias (1958), Las botellas y los hombres (1964), Tres historias sublevantes (1964), Los cautivos(1972), El próximo mes me nivelo (1972), Silvio en El Rosedal (1977), Sólo para fumadores (1987) y Relatos santacrucinos (1992).

La palabra del mudo puede verse prácticamente como su obra cuentística completa, máxime en esta edición definitiva que Seix Barral felizmente recupera -al igual que Prosas apátridas y La tentación del fracaso-, con motivo del noventa aniversario del nacimiento de Ribeyro, en una sugerente propuesta, en la que a cada título le precede un prólogo de destacados creadores. El de Prosas apátridas lo firma el escritor y cineasta Fernando León de Aranoa, y los de La tentación del fracaso y La palabra del mudo lo hacen, respectivamente, Enrique Vila-Matas y Sara Mesa. El volumen incluye el inédito “Surf”.

Tras el excelente prólogo de Sara Mesa -uno de los nombres más brillantes de nuestra actual narrativa-, y una introducción del propio Ribeyro -que contiene el decálogo antes mencionado-, nos adentramos en el mundo personal del escritor peruano, donde da voz a los que carecen de ella, según él mismo señaló en una carta a su editor, fechada el 15 de febrero de 1973, donde explica el título La palabra del mudo: “Porque en la mayoría de mis cuentos se expresan aquellos que en la vida están privados de la palabra, los marginados, los olvidados, los condenados a una existencia sin sintonía y sin voz. Yo les he restituido este hálito negado y les he permitido modular sus anhelos, sus arrebatos y sus angustias”.

En efecto, Ribeyro nos sumerge en vidas grises y con mucho de frustradas, titulándose precisamente “La vida gris” el primer relato que escribió y que marcaría su cosmovisión. Vidas grises en las que, sin embargo, Ribeyro sabe captar su condición de únicas. Vida grises protagonizadas por personajes variados. En definitiva, “cuentos, espejo de mi vida, -aclara el propio Ribeyro-, pero también reflejo del mundo que me tocó vivir, en especial el de mi infancia y juventud, que intenté captar y representar en lo que a mi juicio, y acuerdo con mi propia sensibilidad, lo merecía: oscuros habitantes limeños y sus ilusiones frustradas, escenas de la vida familiar, Miraflores, el mar y los arenales, combates perdidos, militares, borrachines, escritores, hacendados, matones y maleantes, locos, putas, profesores, burócratas, Tarma y Huamanga, pero también Europa y mis pensiones y viajes y algunas historias salidas solamente de mi fantasía”. Todos escritos con un estilo que huye de la altisonancia, que se nos antoja imbuido de esa barojiana retórica del tono menor.

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