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JUEGOS OLÍMPICOS: UN ESCAPARATE EXPUESTO

martes 05 de agosto de 2008, 22:22h
A sólo dos días del inicio de los Juegos Olímpicos, el tema de la seguridad representa la obsesión de las autoridades chinas, tanto que la policía ha decidido aplicar medidas especiales para controlar cualquier movimiento fuera de lo normal. El atentado que ha acabado con la vida de 16 policías en la ciudad uigur de Kashar y los disturbios en la plaza de Tiananmen han obligado a activar el nivel de alerta y han desatado las alarmas por riesgo de terrorismo.

Pese a que el gobierno intenta ofrecer una imagen de tranquilidad, la situación no parece controlada: mientras la policía ha detenido a 18 extranjeros calificados como agitadores, se plantean medidas que afectan a la información. Los periodistas tendrán varias limitaciones y solo podrán acceder a la plaza de Tiananmen escoltados y por el lado este. El gobierno chino justifica estas medidas, subrayando que los Juegos se “enfrentan a una amenaza terrorista sin precedentes”, determinando, al mismo tiempo, una situación paradójica: mientras los juegos han atraído miles de periodistas, la libertad de prensa parece puesta en peligro y amenazada. El endurecimiento de los controles posiciona al gobierno en una línea de compromiso de difícil alcance: predicar la libertad de prensa pero con la limitación de la seguridad del régimen.

Los Juegos Olímpicos no son exclusivamente un evento deportivo: al contrario, la política siempre ha estado presente en la historia de las Olimpiadas, dotando al evento de un significado añadido que traspasa las barreras del deporte. La olimpiada de México de 1968, Mónaco 1972 o Moscú 1980 son ejemplos de cómo la política forma parte de la competición y genera una imagen del acontecimiento que va más allá del medallero. De la misma manera, la Olimpiada de China se presenta como una de las más controvertidas y polémicas: la situación del Tíbet en particular ha generado un debate vivo y algunos estadistas relevantes se han declarado partidarios de boicotear el evento.

Finalmente, los próximos Juegos Olímpicos representan una operación “de imagen” para China: el país asiático quiere utilizar esta oportunidad para ofrecer un retrato distinto de uno de los países que más ha crecido económicamente en los últimos años. Sin embargo, la ocasión resulta tentadora también para los grupos de oposición que podría tener la tentación de aprovechar el interés mediático de China para mostrar su disenso, la falta de libertad y los problemas de un país tan grande como descentralizado. Por esa razón, el movimiento Islámico separatista, el frente de liberación del Tíbet, el grupo espiritual Falung Gong están intentando ofrecer al mundo una imagen opuesta a la que China anhela, diametralmente opuesta. El gobierno chino empieza a mostrarse preocupado: lo que probablemente sea uno de los eventos más televisados de toda la historia podría convertirse en un boomerang y dar una imagen del país muy diferente a la esperada por las autoridades locales.
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