Un pobre primer tiempo y el error grosero del portero sentenciaron las opciones de los vigentes campeones.
El estadio Arena do Grêmio, de Porto Alegre, acogió este jueves la segunda semifinal. Brasil esperaba rival del enfrentamiento que desarrollarían Chile y Perú. La doble vigente campeona de la Copa América examinaría la consistencia de un conjunto andino renacido, que pasó de perder 5-0 con la anfitriona a eliminar a Uruguay. Con el césped en muy mal estado y el favoritismo muy de cara a los defensores del título se cruzarían dos estilos similares, con jugadores técnicos pero comprometidos hasta el punto de sacrificarse a esfuerzos defensivos prolongados. Se detonaba el 'Clásico del Pacífico'. Siempre ardiente y comprimido.
Reinaldo Rueda no tocó nada del once característico. Desplegó un 4-3-3 en el que Ponce ejercía como ancla destructiva única en una medular catapultada por la capacidad llegadora de Aranguiz y Arturo Vidal, la velocidaz de Fuenzalida, el desborde de Alexis Sánchez y el remate de Eduardo Vargas. Con Isla y Beausejour repitiendo en los carriles, y Medel y Maripan guardando el arco defendido por Gabriel Arias. Les tocaba contradecir que su inercia en el torneo marcaba una línea de más a menos remitiéndose a la ortodoxia del estilo que les ha llevado a firmar gestas históricas en este lustro.
Ricardo Gareca, por su parte, se limitó a reproducir la misma nómina de jugadores peruanos que venían de dejar en la cuneta a los charrúas. La grave lesión de Jefferson Farfán provocó que el técnico hubiera de buscar soluciones y parecería haberlas encontrado reforzando con trabajo el 4-2-3-1 pensado. Paolo Guerrero batallaría arriba, por delante de los mediapuntas móviles -Cueva, Carrillo y Edison Flores-, con Yotún y Tapia en el papel de doble pivote. Los laterales serían ocupados por Trauco y Advíncula y le meta de Gallese sería protegida por Zambrano y Luis Abram. La ambición del planetamiento de este plantel era una incógnita que no tardaría en despejarse.

Y es que Perú saltó al verde reivindicándose como uno de los colosos de América. Su personalidad y la confianza en sus aptitudes les convenció de presionar muy arriba y reclamar la posesión, en un modelo de juego jerárquico y muy parecido al de un seleccionado chileno que quedó amilanado por completo. Los favoritos tardaron en entrar en tempreatura y en equilibrar la intensidad media hora. Un lapso de tiempo que se les hizo muy largo y que bastó para que su candidatura se fuera al traste. Hasta el cuarto de hora previo del descanso no reaccionarían y crearon su segunda llegada atacante. El tiro inicial de Aranguiz que lamió el poste, tras apertura de Alexis y centro de Beausejour, no constituyó más que un espejismo.
Gobernaría el envite Yotún -mucho mejor que Arturo Vidal en el duelo particular- y la paradigmática fluidez de 'La Roja' desaparecería con la valiente y efectiva soga táctica andina. El sistema de Greca estaba en plenitud, tapando cada hueco y provocando recuperaciones en campo ajeno, que facilitaban aproximaciones claras. Avisarían, en esa vertiente vertical tras robo, Carrillo, Cueva y Flores con remates faltos de tino pero desde dentro del área y sin marca -con Guerrero como asistente-. Sin embargo, no perdonaría el equipo más metido y con un ardor más vehemente. En cuanto pudo amortizó el complejo sobrevenido a sus rivales -que replegaron y se desentedieron de su adn propositivo- para abrir una brecha insalvable.
A pesar del sonrojante desacierto con el cuero de Carrillo, Cueva, Yotún, Tapia, Flores, Guerrero y los laterales herían a un rendimiento defensivo flácido de los ganadores de las ediciones de 2015 y 2016 de este campeonato. Y en el 20 de juego empezaron a recoger la merecida cosecha. Un rebote tras saque de esquina retrató el desbalance contrincante: la pelota le cayó a Tapia, que centró para que Carrillo la peinara y Flores, en solitario desde el segundo poste, cruzara a la red un latigazo de zurda. Tan cómodo estaba Perú batiendo líneas con su circulación que Flores lo probaría de inmediato y desde media distancia. Y, cuando el gigante amanecía su despertar, un grave error del portero Arias les regaló el colchón definitivo. En el 38 un pase largo hacia la carrera de Carrillo dio ganas de salir muy lejos del arco al guardameta chileno, que llegó tarde -ya la había ocurrido lo mismo en fases anteriores, desembocando en penalti- y dejó su portería vacía. El ex jugador del Benfica acertó a centrar y Yotún hizo el 0-2, con una maniobra deliciosa: control con el pecho y volea sin dejarla caer, desde la frontal y a las mallas.

Casi ya en la lona, se activarían los chilenos, pero lejos de la exuberancia anatómica y rítmica que enamoró al planeta. Se descubrieron en una contrarreloj tras rememorar los motivos por los que no se clasificaron para el Mundial ruso y Claudio Bravo y Marcelo Díaz fueron purgados. La irregularidad en la concentración expone a su forma de jugar -con las líneas adelantadas-. Si el intento de presionar es descoordinado ofrecen autopistas para recorrer de las que los andinos sacaron muy buena tajada. Y en ese incremento postrero de revoluciones recobraron la sensación de amenaza combinativa. Aunque Aranguiz -zurdazo angulado a las nubes e intento de gol olímpico- y Vargas -remate desde el punto de penalti que sacó Gallese- no acertaran a recortar distancias.
Desprovistos de la conexión con la energía exigida, no supieron hacer daño a los peruanos ni a balón parado -suerte en la que los andinos no acaban de achicar bien-. Y Reinaldo Rueda eliminó de la fórmula a la flecha menos dotada de técnica para buscar una convulsión. Dejó en la banca a Fuenzalida -transparente- y incluyó a Sagal antes de que se alzara el telón de la reanudación. Mas con lo que se topó el seleccionador urgido es que al aumento de la posesión de su equipo acompañó un contraataque rival que casí sentencia cualquier tipo de incertidumbre. Yoshimar Yotún, en el 60, marró la guinda de una transición maravillosa, con Guerrero como aglutinador.
Tragado el susto, y con la 'Blanquirroja' abandonando la presión para abocarse a la gestión del cansancio desde el atrincheramiento, Chile fue ganando dominio, que no velocidad en el pase. Alexis Sánchez lo intentó con voluntad encomiable, pero sin lucidez. Vargas bajaba a recibir al no degustar centros y Arturo Vidal se desnudaba desfondado. Los minutos se quemarían con un ejercicio de impotencia del combinado chileno. Llegaron tarde al partido y les faltó precisión en tres cuartos de cancha para arreglarlo. Se jugarían los 30 minutos postreros como un largo asalto a la meta de Gallese. Una muestra mayor de orgullo que de pericia. Y, en esas, irrumpió el portero de Perú con su mejor actuación. Una ejecución bajo palos que borró los errores cometidos en el duelo de la fase de grupos ante los cariocas.

Al tiempo que la pelota rondaba el área del esquema en ventaja a través de la multiplicación de centros laterales, Aranguiz lo intentaba desde la frontal -dos veces, una mal y otra rozando la cruceta-. Y Vargas conectaba un cabezazo maravilloso que partió del primer poste y fue esupido por el segundo -en una parábola sensacional-. El delantero sería más alimentado en este tramo y fallaría un mano a mano crucial con Gallese. Estampó su intento en el cuerpo del arquero, mientras que Cueva le perseguía y se jugaba perderse la hipotética final. El punta referencial del proceso triunfal de 'La Roja' gozaría de su ocasión predilecta en el lanzamiento de una pena máxima infantil cometida por Abram sobre Aranguiz. Y su transformación resumió la perspectiva desde la que su camarín afrontó estas semis: lanzó a lo Panenka y Gallese, de pie y en el centro, detuvo la redonda a placer.
Arturo Vidal -tijera no del todo enfocada- y Alexis -derechazo rasante que hizo volar al guardameta oponente- también participarían de la infructuosa tormenta de chuts que bien ha podido marcar la extinción del ciclo ganador chileno. La edad no perdona y este jueves quedó claro: se estrellaron contra un dibujo más joven y con más pulmones, que les jugó de tú a tú hasta descoserles. Como colofón a la fiesta andina, Paolo Guerrero, que había dado una exhibición como delantero único y faro de una idea contragolpeadora -bajando pelotazos, pausando y dividiendo-, selló el 0-3 con una categoría imponente. Recibió tras desmarcarse, por todo el centro de la retaguardia rival, sentó al portero y sumó otra diana a su cosecha.
Le ganó la partida a Vargas -son los dos máximos goleadores en activo de la Copa América- y culminó el paroxismo competitivo de un país que vuelve a la final 44 años después. Y que, paradojas del destino, ya le había metido 0-3 a Chile en el amistoso que jugaron ambos en el octubre pasado. Las dudas pasaron de Gareca a Rueda. Incluso sus cambios -Polo, Christofer Gonzáles y Ballón, por Carrillo, el lesionado Flores y Cueva- surtieron mejor efecto que la entrada -tarde y a la desesperada- del delantero tanque Castillo por el central Maripán. El preparador de origen argentino, que devolvió a los peruanos al Mundial tras 36 años de sequía, autografió una obra maestra al recuperar mentalmente a sus subordinados. Brasil les espera.
- Ficha técnica:
0 - Chile: Gabriel Arias; Mauricio Isla, Gary Medel, Guillermo Maripán (m.89, Nicolás Castillo), Jean Beausejour; Arturo Vidal, Erick Pulgar, Charles Aránguiz; José Fuenzalida (m.46, Ángelo Sagal), Eduardo Vargas y Alexis Sánchez.
Seleccionador: Reinaldo Rueda.
3 - Perú: Pedro Gallese; Luis Advíncula, Carlos Zambrano, Luis Abram, Miguel Trauco; André Carrillo (m. 71, Andy Polo), Renato Tapia, Yoshimar Yotún, Edison Flores (m.50, Christofer Gonzáles); Christian Cueva (m.80, Josepmir Ballón) y Paolo Guerrero.
Seleccionador: Ricardo Gareca.
Goles: 0-1, m.20: Edison Flores. 0-2, m.38: Yoshimar Yotún. 0-3, m.90+1: Paolo Guerrero.
Árbitro: el colombiano Wilmar Roldán amonestó a Luis Advíncula (m.72), Erick Pulgar (m.74) y Ángelo Sagal (m.86).
Incidentes: partido de semifinales de la Copa América disputado en el estadio Arena do Grêmio, de Porto Alegre, ante unos 30.000 espectadores. Terreno de juego en malas condiciones, con muy poco césped en algunos puntos.