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SEMIFINALES

Wimbledon. El mejor Federer elimina a un Rafael Nadal guerrero

viernes 12 de julio de 2019, 20:42h
Tremendo partido, de gran tensión, entre las dos leyendas del tenis. El suizo, que impuso su juego vertical, venció por 7-6, 1-6, 6-3 y 6-4. El español perdería de pie, dejando todo.

Roger Federer y Rafael Nadal comparecieron este viernes en la pista central de Wimbledon para desarrollar el enésimo capítulo de su rivalidad. En juego estaba el billete a la final del torneo, peldaño en el que esperaba Novak Djokovic -que pasó por encima de Roberto Bautista en la otra semifinal-. Y los dos colosos salieron a la hierba con toda la ambición posible, mostrando una intensidad y velocidad de ejecución que refrendaba la sensación de ver un partidazo al ataque. El coliseo se llenó para paladear otra cita única dentro del deporte internacional.

En el primer set, que devino tras 50 minutos en un tie-break (no podía ser de otro modo), la defensa del saque resultaría ortodoxa. Ninguno de los dos quería ceder un break y lo consiguieron. Es más, los primeros intercambios se solucionaron con juegos en blanco y una montonera de aces. Eso sí, el helvético navegaría con un abrumador porcentaje de 76% de primeros servicios que terminó por darle cierta ventaja, dentro de lo comprimido de la inercia.

Dispondría de una pelota de rotura el emblema de Basilea, mas Nadal supo cómo neutralizarla. Y también pudo el balear escapar de la remontada del 40-0 que le hizo su némesis, para forzar el desempate. Casi sin errores no forzados competirían en el tú a tú, alternando el mandato. Y, en esa altura de exigencia física, pues los dos se deshicieron en cañonazos, Roger impuso su aplomo para distanciarse y apuntarse el primer set del evento (6-7). Sus restos se afilarían y desde ese cimiento creció para lograr la victoria parcial.

Rafael reaccionaría en el segundo periodo. Lo empezó hambriento, subiendo -aún más- sus revoluciones. Solventó con suficiencia su saque y arrinconó a Federer a las primeras de cambio. El balear empujó, variando su repertorio, y llegó a disponer de dos bolas de rotura. Pero el suizo recompuso la figura, con el tenis tocando techo en los peloteos de este tramo, y salió a flote. No sólo eso: le dio la vuelta a las sensaciones y cosechó dos pelotas de break a su favor. Aunque dos errores desde el revés ajenos provocaron que el manacorí mantuvieran su primacía (2-1). Salió vivo del primer aviso de inflexión el zurdo español gracias a su fortaleza mental, a creer en su hoja de ruta a pesar de las complicaciones.

No bajaba la velocidad de los puntos y el examen a la finura anatómica y de concentración proseguiría. Con Roger descendiendo su producción y Nadal sosteniendo su agresividad. En consecuencia, se constriñó el suizo a sufrir un 0-40 que el isleño no desaprovecharía. Rafael siguió atacando el revés alto, tomó las riendas del duelo, arrancó el break inaugural y se disparó hacia el 4-1. El pentagrama del helvético siguió acelerado, pero sin el tino precedente. Le tocaba al español amortizar la tesitura sin salirse de su línea de actuación. Y con otra rotura le puso el lazo al empate en las semifinales, con un desbalance explícito del suizo (6-1, en 37 minutos). Sus errores no forzados se multiplicaron.

Así las cosas, la tercera manga se dibujó como una incógnita decisiva. Le urgía a Federer reflexionar en el parón, pues se había salido de eje con su planteamiento vertical. El número 2 de la ATP sólo cometería dos fallos no forzados y desde su calma y regularidad había asumido el control absoluto. Así que empezó el de Basilea a intentar restablecerse de nuevo con el servicio, con juegos rematados desde la comodidad. Y rompería el saque de Rafael, recogiendo el fruto del resurgir de su suelo competitivo (3-1). La tenacidad defensiva amarró al balear a la hierba en ese vendaval. Sin embargo, perdonó tres bolas de rotura y el centroeuropeo se sentó con 4-1.

Se estaba atravesando un momento clave. Rebosante de tensión. El había vuelto a jugar sobre el tempo del suizo, mucho más atinado en el golpeo y la elección de los ángulos. Volvió a la pista Nadal necesitado de recalcar su dureza psicológica, ya que no estaba compitiendo falto de consistencia. Simplemente, su oponente descollaba. Y casi cedería su saque el español -levantó dos pelotas de rotura-, mas se salvó. Demostró al helvético que no iba a dejarse ir. Aplicaba un desgaste del que esperaba hacer caja en el medio plazo. Pero en el entretiempo Federer -15 ganadores y dos errores no forzados- punzaría con su servicio, sellando el tercer set (3-6). Se cruzaban las dos horas de esfuerzo sin un gobernador claro.

Rafael había aflojado su ratio de ganadores, en un retroceso con respecto al camino agresivo con el que jugó los dos periodos iniciales. En la cuarta manga no podía repetir ejecución, pues se encontraba al límite. Empezó sacando, con una doble falta -su tercera del envite-. Hecho que Roger usó para dar un paso al frente desde el resto, aunque la relevancia del tramo sería deglutida por la jerarquía del español. Se escurrió del 0-30 con un primer saque y un puñado de derechas épicas. Acababa de respirar aliviado una gran bocanada de oxígeno. Mas no remitiría la placidez del suizo en su juego de saque y volvió a colocarse 0-30 en el siguiente servicio del español. Y con la presión sobre sus hombros, Rafa no alcanzó a escurrirse y sobrevivir. Concedió un break valioso (2-1).

Por ende, con todo el sudor expuesto, comenzaba obligado a remontar Nadal en el cuarto set. Desprovisto de la efectividad que había venido manteniendo con su primer servicio (25% de primeros). Pasó a arriesgar, no le quedaba otra, y sumaría errores que confluyeron en el 3-1 (juego en blanco). En el vaivén de sensaciones generalizado nadaba mejor el helvético, más completo. La energía del balear no bastaba para devolver con acierto cada bola. Pero, contra las cuerdas, el zurdo no se desestabilizaría. Recortó distancias y apretó al resto, casi llegando a la orilla subido en su convicción. En cambio, no apresó al modélico ejercicio sacador rival (4-2).

Y, entre golpes excelentes y fallos, el isleño defendió su saque. Debía sumar y remangarse para obtener una rotura imprescindible. Olvidándose de todo lo demás. La presión se trasladó al banco de Roger. No le estaba permitido marrar. Sólo le valía ampliar su exhibición con el servicio. Una imprecisión y otra mala lectura de Rafael le facilitó la labor al centroeuropeo, que confirmó su gran estado de forma arribando al 5-3. Con todo el viento en contra, el mejor deportista español jamás visto se soltaría con orgullo -levantaría cuatro bolas de partido y rozaría el break-. Mas Federer, serio, certificó su acceso a la final (6-4), extinguiendo el histórico contexto nacional en Wimbledon -dos jugadores patrios en las semis por vez primera-. El homenaje al tenis concluyó (tres horas de partido) con la dignidad del balear defendida y la excelencia del suizo subrayada.

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