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MEDIO SIGLO DE LA LLEGADA

50 años después, el hombre se prepara para volver y quedarse en la Luna

Vista en primer plano de la huella del astronauta Buzz Aldrin en el suelo lunar.
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Vista en primer plano de la huella del astronauta Buzz Aldrin en el suelo lunar. (Foto: NASA)
sábado 20 de julio de 2019, 13:55h
En los próximos cinco años la especie humana volverá a estampar su huella en nuestro satélite, y lo hará para quedarse.

Medio siglo después, los ojos de la humanidad siguen puestos en la Luna. Aquel 20 de julio de 1969 nuestra especie no solo dejaría su huella en el satélite sino también en la historia. Y hoy, los esfuerzos del ser humano se concentran no solo en volver, sino en quedarse e, incluso, llegar más lejos.

"Este es un pequeño paso para un hombre, pero un gran paso para la humanidad", declamaría con su impertérrita voz Neil Armstrong, ante la atenta mirada de 600 millones de personas, que observan atónitos cómo el astronauta estadounidense daba sus primeros saltos por la superficie lunar, como un niño aprendiendo a caminar.

La hazaña que protagonizaron Armstrong, Aldrin y Collins fue determinante por muchas razones, pero la fundamental es que ampliaron los límites de lo conocido y los elevaron 400.000 kilómetros por encima de donde Colón, Cook o Admundsen los habían dejado.

La misión Apolo 11 fue el cénit de la carrera espacial. Un éxito sin precedentes que haría 'malos' los anteriores hitos de la Unión Soviética. Sputnik, Laika y Gagarin fueron importantes, sí, pero no decisivas.

La Apolo 11 constaba de tres elementos tecnológicos diferenciales: la propia nave (del mismo nombre) que transportaría a los astronautas, el módulo lunar Eagle (con el que descenderían a la Luna) y el cohete Saturno V (encargado de llevarlo todo desde la Tierra). Durante su travesía los viajeros espaciales soportarían velocidades de hasta 40.000 km/h.

Diagrama del Apolo 11, con el cohete Saturno V en la parte inferior, el módulo lunar en el centro y la nave en la parte superior. (Fuente: NASA)

Durante su estancia en las yermas tierras selenitas, Armstrong y Aldrin realizarían varios experimentos. Además de colocar la bandera estadounidense (que tiraron al despegar con la Eagle), los astronautas instalaron un reflector láser para medir la distancia con nuestro planeta, un sismógrafo para registrar terremotos lunares y la caída de meteoritos, y una pantalla de aluminio destinada a recoger partículas del viento solar.

Aunque fue la que tuvo mayor trascendencia, la misión Apolo 11 fue tan solo una de las 22 que la NASA enviaría desde 1960 hasta 1972, fecha en que los astronautas del Apolo 17, Eugene Cernan, Ronald Evans y Harrison Schmitt, pisarían por última vez la Luna.

Tras 153.000 millones de dólares (actuales) de inversión y más de 400.000 trabajadores directos o indirectos implicados en el proyecto, la agencia aeroespacial norteamericana pondría punto y final al programa Apolo en 1975, con el lanzamiento de la misión Apolo-Soyuz, la primera en la que colaboraron NASA y Roscosmos (la agencia espacial rusa).

¿Por qué no hemos vuelto?

El Apolo Guidance Computer, ordenador con el que el hombre fue a la Luna. (Fuente: NASA)

El mundo ha cambiado mucho en estos 50 años. Por poner un ejemplo, el ordenador equipado por las naves Apolo corría a una velocidad de reloj de 2 MHz y tenía 2 KB de memoria RAM. Es decir, unas 17.000 veces más lento y con cuatro millones de veces menos de capacidad que un smartphone actual.

Podría parecer que este salto tecnológico es aplicable al resto de elementos que intervienen en una misión en el espacio, pero las cosas no son tan sencillas. En el apogeo de la carrera espacial la Casa Blanca llegó a destinar hasta un 4,5 % del PIB estadounidense al programa Apolo, lo que se tradujo en un inasumible gasto presupuestario. Este es el motivo por el que durante las siguientes décadas la NASA se centró en otras misiones, como enviar sondas a explorar otros planetas, la Estación Espacial Internacional o el transbordador espacial.

Siempre ha habido planes para regresar a la Luna. El 20 de julio, pero de 1989, el presidente George H. W. Bush presentó al mundo la Space Exploration Initiative, un plan que tenía como objetivo enviar humanos a la Luna (e incluso a Marte) con la intención de que "se quedasen". Sin embargo, la Administración Clinton terminaría tumbando el proyecto debido a su alto costo.

¿Y por qué ahora sí?

En los últimos años, gracias, entre otras cosas, al auge del sector privado, la NASA ha conseguido desembarazarse de proyectos como el del transbordador espacial o los cohetes de propulsión para órbitas bajas o cargas ligeras. Ello ha permitido a la agencia centrar todos sus esfuerzos en el viejo anhelo de muchos: regresar a la Luna, y no precisamente para ir de paseo.

El objetivo del programa Artemisa de la NASA, que es como han denominado a este 'nuevo Apolo', es "volver a poner a una mujer y a un hombre" en la Luna, en una fecha no posterior a 2024. Para hacerlo, la NASA lleva años desarrollando los dos aparatos protagonistas del proyecto: la nave Orión y la lanzadera SLS (acrónimo de Space Launch System), equivalentes de la nave Apolo y del cohete Saturno V. Pero las similitudes con el programa espacial de los 60 terminan ahí.

La idea no es visitar nuestro satélite para tomar unas muestras, llevar a cabo unos experimentos y volver. La misión de los astronautas que tripulen la Orión será establecer una base permanente en el polo sur de la Luna, aunque antes las distintas misiones planeadas ensamblarán (en colaboración con las agencias espaciales europea, rusa y japonesa) la estación orbital lunar Gateway, que servirá como enlace entre la Tierra y la Luna, y entre esta y Marte. Porque conviene recordar que el objetivo último de todo esto es que el hombre estampe su huella en las arenas marcianas.

Ilustración del aspecto que presentará la futura estación lunar Gateway. (Fuente: ESA)

Se tardan cuatro días en recorrer los 384.000 km que separan la Tierra de la Luna, pero serán necesarios alrededor de siete meses para transitar los 225 millones de km hasta el planeta rojo; y, por consiguiente, el tamaño de la nave en la que viajen esos astronautas deberá ser mucho mayor que el de la Apolo. Hablamos de cientos y cientos de toneladas, que deberán ser lanzadas sucesivamente en módulos que se unirán una vez en el espacio, de forma análoga a lo que sucedió con la Estación Espacial Internacional y a lo que ocurrirá con la estación Gateway.

La base lunar permanente será una realidad antes de 2030. En principio, servirá como estación científica. En ella se desarrollarán cientos de experimentos de muy diversa índole. Algo similar a lo que sucede en la Antártida. Residir de forma continuada en nuestro satélite ofrecerá datos vitales (nunca mejor dicho) para analizar cómo reaccionan los cuerpos de los astronautas a la vida fuera de nuestro planeta. Además, está previsto que en futuras misiones se construya un radiotelescopio en la cara oculta, lo que brindará a los astrónomos la posibilidad de estudiar el cosmos sin las interferencias electromagnéticas presentes en la Tierra.

Y todo esto sin olvidar a las compañías privadas, que se abren paso con energía para buscar su hueco en el sector de la exploración espacial. Ahí está el proyecto Blue Moon de Jeff Bezos, con el que el fundador de Amazon aspira a ir a la Luna para "salvar a la humanidad"; o Dear Moon, de Elon Musk, que en 2023 pondrá rumbo al satélite con una tripulación de artistas con el objetivo de "inspirarlos de una forma en la que nunca lo han hecho".

El Mundo ha cambiado mucho en estos últimos 50 años, pero la Luna cambiará mucho más en los próximos 50.

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  • 50 años después, el ser humano vuelve a posar sus ojos en la Luna

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    9914 | otromas - 20/07/2019 @ 15:48:50 (GMT+1)
    Los próximos que vayan a la luna serán chinos y me atrevo a decir que a Marte también, si se va.

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