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Novela

Andrea Camilleri: El carrusel de las confusiones

domingo 21 de julio de 2019, 16:29h
Andrea Camilleri: El carrusel de las confusiones

Traducción de Carlos Mayor Ortega. Salamandra. Barcelona, 2019. 224 páginas. 17 €. Libro electrónico: 11,99 €. En la última entrega de la serie protagonizada por el querido y carismático comisario Salvo Montalbano, Camilleri, recientemente fallecido, mantiene su potencia narrativa en una historia de oscuras traiciones. Por Ángela Pérez

Este 17 de julio nos dejó Andrea Camilleri, tras ser ingresado un mes antes en el hospital romano del Santo Spirit. Voz imprescindible del noir mediterráneo, que cuenta con millones seguidores en todo el mundo, Camilleri nació en la localidad siciliana de Porto Empedocle el 6 de septiembre de 1925. Comenzó su carrera literaria en 1978 con El curso de las cosas, título al que siguió dos años después Un hilo de humo, ambientada ya en Vigatá, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, trasunto de su ciudad natal, aunque todavía no protagonizada por Salvo Montalbano, su célebre y querido comisario que daría pie a una de las series más exitosas de la novela policiaca de hoy. Montalbano, cuyo nombre es un homenaje a nuestro Manuel Vázquez Montalbán -creador del singular y mítico detective Pepe Carvalho-, y de quien Camilleri fue un gran amigo hasta la muerte del escritor barcelonés, vio la luz en La forma del agua (1994), que será un éxito inmediato. Después más de una veintena de entregas, en las que su personaje va enfrentándose a casos, a cuál más complicado, y va siendo perfilado por su “padre” hasta dotarle de una personalidad tan única como atractiva.

No hace mucho, en la editorial Salamandra, que ha publicado en nuestro país prácticamente todo Camilleri, apareció un volumen en el que se reunían las tres primeras aventuras de Salvo Montalbano: La forma del agua, El perro de terracota y El ladrón de meriendas, y que incluye un interesante prólogo, donde conocemos, según explicación del propio autor siciliano, cómo empezó en el policiaco y creó a su personaje. Entre otras cosas, señala que el mundo de la novela negra no le era ajeno, pues, cuando trabajó durante muchos años en la RAI, la televisión italiana -cadena que tiempo después puso en antena una serie protagonizada por Montalbano-, se ocupó de poner en marcha la serie de Maigret, otro gran detective, en este caso creado por el belga en lengua francesa Georges Simenon. Y confiesa que comenzó en el género como un reto para demostrarse que podía escribir respetando escrupulosamente una estructura narrativa sólida y lógica.

Como sucede con novelistas que han elaborado personajes especialmente exitosos, como el Sherlock Holmes de Conan Doyle, Camilleri mantenía con su Montalbano una relación ambivalente, y hubo momentos en los que pensó en dar por acabada la serie. Parece ser que fue su compatriota, el también escritor Leonardo Sciascia, quien le desaconsejó que lo hiciera: “Obedecí a regañadientes, en parte porque me consideraba incapaz de soportar a un personaje que se repitiera”, ha declarado Camillieri.

Afortunadamente, Camilleri no “mató” a su criatura, sino que siguió involucrándose en más casos. Así, nos ha llegado el último, El carrusel de las confusiones, donde vemos que Camilleri, aunque se vio obligado, aquejado de ceguera, a dictar sus últimas novelas, no había perdido un ápice de su potencia narradora y de saber montar una intriga que te atrapa desde principio a fin. Es más, aquí se incrementa, si cabe, pues El carrusel de las confusiones no se inspira en un suceso real, como ocurre habitualmente en otros títulos, sino que se construye a partir de la imaginación.

El carrusel de las confusiones, desarrollada, naturalmente en Vigatá, nos presenta tres misterios que Montalbano deberá resolver. Tres misterios extraños y en apariencia desconectados. Sobre todo, el rapto de dos mujeres treintañeras que poco después de una especie de secuestro express, son liberadas sorpresivamente sin haber sido objeto de ninguna violencia. A ello se une un tercer rapto, hecho de la misma manera, utilizando cloroformo para dejarlas inconscientes, aunque en esta ocasión, la mujer aparece desnuda y con cortes superficiales por todo el cuerpo, menos en el rostro. Las tres tienen en común ser empleadas de sucursales bancarias. Junto a este suceso, una tienda de electrodomésticos es pasto del fuego, apuntando todo a un incendio intencionado, y, para más inri, el dueño, acosado por las deudas, y su novia han desaparecido sin dejar rastro. Como suele acontecer en otros casos del comisario, algunos de sus colegas quieren explicarlos con demasiada simplicidad, apelando a la intervención de la mafia. Pero las cosas, naturalmente, son mucho más complicadas, como bien detecta el muy fino olfato de Salvo Montalbano, irá emergiendo un oscuro universo de traiciones y perversiones.

“No me da miedo morir, simplemente me molesta sobremanera tener que dejar a las personas que más quiero”, señaló Camilleri. Gracias a la literatura, el escritor italiano siempre se mantendrá vivo. Podemos leer y releer su obra, y esperamos con impaciencia la aparición de sus memorias, Cartas a Matilda -cuya publicación ha anunciado Salamandra para este próximo otoño-, un repaso, que se prevé suculento, a su larga y fructífera vida y al devenir de su país.

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