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ESCRITO AL RASO

Pablo Iglesias quería ser ministro

David Felipe Arranz
lunes 22 de julio de 2019, 21:08h

Primero fue estudiante, becario remoreno, profesor interino y visitante de barbas en Cambridge y en Suiza; después de las clases bizantinas de la Complu rodeó el Congreso con los indignados, los novios y las novias, la melé del amor, y en 2013 acuñó la protesta ciudadana y patrimonializó políticamente todas las manos en alto y los jardines de tomates a los pies del caballo de Carlos III en solideces de escaño: él, que decía que no iba para político. Les copió a los bolivianos el nombre de Podemos y se lanzó al ruedo ibérico a la par que descubría los colores violetas y el puñoenrostro. El asambleario y dialogantísimo Iglesias puso más tarde en marcha la guillotina: rodaron sin rubor cabezas del partido en su rojo jugo –era diez negritos–, otros se le fueron a “bescansar” o se “carmenizaron”, a él le brotaron ternezas y herederos, se compró villa, mansión y palacete de luxe en urbanización fetén para los mellizos y ejerció paternidades con su coime, en un eterno otoño de joven patriarca. No quería ser casta y lo ha sido como el que más. En su partido ya se tapan las vergüenzas con la hojita de parra: ya no le creen las verdades populosas y necesarias.

Vive Iglesias un presente político de piscina y escaño, alejado del tirón vallecano y del mantero de Lavapiés, donde tomaba cañas con los colegas –ay, Íñigos, Ritas, Espinares, Tanias, Pascuales, ubi sunt?–, y negocia voluptuosidades con el presidente en funciones, que necesita una mayoría absoluta –176 diputados– en primera votación de mañana para poder gobernar. Lo hace para persuadirse de que es imprescindible, aunque su gancho izquierdo ya no pega como antes. Las bases no le perdonan este ataque de suntuosidades burguesas y llamadas de los Reyes para preguntar por los mellis. Quiere una vicepresidencia o un ministerio en esta XIII legislatura que estrena presidenta congresual, Meritxell Batet, y hablar así en “comú podem”, contarnos que ya no hace falta que Sánchez lo nombre caballero sin espada, que para eso está Irene Montero, su amor. Hay que investir como sea al Hombre Traje en esta moda apresurada de julio, de pretemporada e incendios malagueños, y lo de Iglesias es lo puramente social, lejos de fiscalidades y haciendas. El cada vez más pequeño planeta de Unidas Podemos es verde y rosa y le grita a la derechona juvenal que es trifachita: Albert, enamoradísimo, se ha desgajado del centro, un día hecho socioliberal mirando a Macron y otro democristiano guiñando a la Merkel, y ha cruzado a la margen derecha del río a lomos del escorpión, cantando “Contradicción”, pero sin Manuel Valls, que viste la camiseta de Barcelona pel Canvi-Ciutadans, móvil en ristre y partido unipersonal: él se lo guisa y se lo come todo a la parisién.

Los españoles vemos correr el tiempo y los eternos retornos de tertulias fatigadas y periódicos de tinta y pesantez de una actualidad inactual por soporífera. Los políticos siempre vuelven como los pequeños monstruos, como los perros en canícula, y nos muerden las meninges y nos ocupan, con ese descaro del pacto y la foto de la conversa con las piernas cruzadas en despacho presidencial, bandera en ristre y (casi) sofacama: déjame echar una cabezada, Pedro, que no me he ido a la playa con los niños. A Iglesias le gustaba leer a Julio Verne en sus mocedades de barrio chico y ha dado la vuelta a La Moncloa en ochenta días son, ochenta nada más, con sus 42 diputados y diputadas, marineros y marineras, rastrillos y rastrillas, palas y palos, parlamentando con la vicepresidenta, Lastra y Montero –la de Hacienda, no la propia– y ofreciéndole abalorios y espejos, que se nos echa el tiempo encima, Carmen, seamos positivos en esta positividad de postureo, de voy y vengo para cruzar el umbral del Gobierno contigo y de la mano. Negociemos. Poblemos soledades del Ejecutivo juntos y serán menos. “Les vamos a sacar mucho más, como pasó en los Presupuestos”, han dicho anteayer en Unidas Podemos. Pero al menos danos una cartera, presidente: aunque sea para guardar los programas mínimos y las ambiciones máximas. Para la foto del telediario.

Twitter: @dfarranz

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