Golpe de Estado
La cúpula militar de Mauritania no quiere perder el control del petróleo
jueves 07 de agosto de 2008, 10:03h
El pronunciamiento militar que ha derrocado el pasado miércoles al Presidente mauritano, Mohamed Abdallahi Uld Dellahi, obedece entre otras razones al apetito que se ha disparado entre la jerarquía militar de este país por el acaparamiento de las rentas petrolíferas.
Hasta que Mauritania no descubrió los ricos yacimientos off-shore a lo largo de sus costas, las únicas riquezas del país eran la pesca y algunos minerales importantes, como el oro y el hierro. Este país, a pesar de su escasa población, era considerado como uno de los más pobres del mundo. Los hidrocarburos cambiaron de la noche a la mañana las expectativas, no de su población, sino de los dirigentes, en particular de la jerarquía militar.
Con buena intención y posiblemente algo de ingenuidad, el Presidente Abdallahi, el primer civil elegido democráticamente en 2007 después de sucesivos e interminables golpes militares desde los años 70, quiso últimamente remodelar la cúpula militar.
En la capital Nuackchott era de dominio público su animadversión por el Jefe de Estado Mayor, general Uld Ould Cheikh Mohamed Ahmed, y por el Jefe de la Seguridad presidencial, general Ould Abdel Aziz.
Cuando estos dos generales vieron como irreversible su eliminación del poder militar, movieron sus relaciones políticas, tanto dentro de la coalición que apoyaba al derrocado Presidente, los siete Partidos de la Convergencia Nacional (PCN), como en el propio partido de Abdallahi.
El PCN emitió este fin de semana un llamamiento al Presidente para que dimitiera, acusándole de “incapacidad para llevar adelante la tarea a la que se comprometió” y “sacar el país de la miseria”.
En el Partido Nacional por la Democracia y el Desarrollo, el del propio Jefe de Estado, no menos de 25 diputados y 23 senadores, presentaron su dimisión en abierto distanciamiento con el Presidente.
La razón de fondo, estiman fuentes de inteligencia árabes en la capital mauritana, es el convencimiento de la jerarquía militar del país de que fuera del poder castrense, no hay ninguna posibilidad de beneficiarse de los ingentes petrodólares que comienzan a llegar a Mauritania. Razón suficiente para desatar los apetitos de unos generales que no quieren dejar el poder.