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CRÓNICA RELIGIOSA

En la diana de la vida

En la diana de la vida
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(Foto: Pixabay)
domingo 11 de agosto de 2019, 11:03h

La “diana” ha sido siempre la representación de la buena puntería, pero también en la mitología romana era la diosa protectora de la naturaleza y por tanto de la vida, y en esta crónica religiosa semanal y veraniega me van a permitir que hable de otra Diana de carne y hueso que es un ejemplo vivo de aquellos que luchan contra la cultura de la muerte.

Hace unos meses un joven español sufrió en un país de Centroamérica un gravísimo accidente deportivo que le dejó en coma profundo. Los médicos diagnosticaron la imposibilidad de la vuelta a la vida y aconsejaron a los padres la desconexión que le mantenía en vida. Trasladado a Norteamérica, allí los facultativos apuntaron la misma posibilidad. La madre de nuestro protagonista se resistía a la desconexión y pidió un nuevo traslado, esta vez a Madrid, donde los médicos dijeron que solo había un uno por ciento de posibilidades de que el joven despertase del coma profundo, por lo que aconsejaron también la desconexión. Pero la madre, siempre las madres, se aferró a ese uno por ciento y montó su campamento de esperanza junto al lecho de la UCI donde estaba ingresado su hijo.

Entonces apareció nuestra Diana. Otra joven conocida de la madre a la que esta pidió que visitara a su hijo para ver si con sus habilidades profesionales, pues es una reputada terapeuta, podía dar un rayo de esperanza. Diana visitó al joven muchos días. Habló con él sin obtener respuesta. Acariciaba sus manos sin que estas se movieran y entonces…entonces nuestra Diana tuvo la idea de llevar una guitarra, instrumento que adoraba el joven, y apoyar las manos de este en las cuerdas y tampoco hubo respuesta. Todo parecía indicar que el uno por ciento vaticinado por los médicos se hacía cada vez más real, pero Diana como la diosa romana era constante y ayudaba con sus dedos a los del joven, hasta que un día uno de estos se movió y después otro y otro, y más tarde con el sonido del rasgueo de las cuerdas los ojos de aquel joven tendido en una cama de una UCI de un hospital madrileño, se abrieron y su madre pudo ver de nuevo la sonrisa de su hijo, gracias a la constancia de Diana y a la esperanza de una madre que se aferró al uno por ciento y a los médicos que montaron el campamento de la esperanza.

Frente a los que hoy hablan de la cultura de la muerte, del buen morir, de la eutanasia, etc., etc., están aquellos que como Diana nos reciben en el centro de su corazón con la vida como protagonista desde su inicio hasta el último aliento.

Hoy nos hacen falta muchas Dianas en nuestra vida. Gracias de corazón por tu ejemplo.

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