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POR LIBRE

El as en la manga de Pedro Sánchez

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 25 de agosto de 2019, 19:03h

O son tontos o creen que lo somos todos los españoles. Pedro Sánchez, Carmen Calvo, Margarita Robles y demás socialistas aseguran que la investidura del presidente no está solo en manos de Podemos. No desvelan el misterio de en qué manos está. ¿O es que todavía esperan la abstención del PP o de Ciudadanos? ¿De verdad que hay otras alternativas? Pues, en efecto, nos toman por tontos.

Como no las hay, el Gobierno y sus muchos voceros solo quieren ganar tiempo peregrinando por todas las televisiones y emisoras de radio para poner a Podemos contra las cuerdas y, al final, repetir elecciones culpando de ello a todos los partidos por no haber dejado gobernar al PSOE con sus estratosféricos 123 escaños. Pues, por mucho que lo niegue, Pedro Sánchez está convencido que saldría más que reforzado de las urnas en noviembre.

Pablo Iglesias debería chafarle la añagaza que prepara el presidente en funciones. Darle su apoyo gratis (lo que pretenden los socialistas), hacerse pasar por un “socio progresista y leal” quedándose humildemente fuera del Gobierno y, luego, esperarle con la escopeta cargada. Pues con 123 escaños, Pedro Sánchez le necesitaría hasta para comprar el queroseno del Falcon. Y el Gobierno no aprobaría los presupuestos sin pasar por el aro comunista. Iba a sudar tinta china y hasta bolchevique si no se humillaba ante las pretensiones de Podemos, que no iban a ser pocas. En seis meses, el Gobierno se vería obligado a volver a convocar elecciones. Y, entonces sí, el PSOE se daba un batacazo histórico.

En otro caso, Sánchez dejará pasar el tiempo, acusará a Podemos por no apoyar un Gobierno progresista, al PP y a Ciudadanos por irresponsables y así hasta el 23 de septiembre, donde Pedro Sánchez escenificará su ridículo programa social y progresista que será tumbado salvo que Podemos le tienda la trampa del oso. Y a ver qué pasa en noviembre en las siguientes elecciones. A Sánchez deberían recordarle que las urnas las carga el diablo.

Queda una carta, un as, que Pedro Sánchez tiene guardado en la manga cual oro en paño. Nombrar a Manuel Valls embajador en Australia. En ese caso, Albert Rivera le regalaría todos sus escaños y le apoyaría sin pestañear los cuatro años de Legislatura. A un mes escaso para la posible sesión de investidura solo el exilio del socialista francés puede salvarnos de otras elecciones. Sería una bendición para la política española y, en especial, para Cataluña. Pero no parece estar dispuesto Sánchez a romper relaciones con Australia.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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