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TRIBUNA

El aldeanismo

Jesús Carasa Moreno
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carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
jueves 29 de agosto de 2019, 20:22h

No me importa repetirme pues escribo sobre un tema capital que nos cuesta mucho interiorizar y al que ni siquiera hemos empezado a hacerle frente: El Estado de las Autonomías.

Nació del deseo de algunas regiones de España de que se les reconociese una identidad histórica y se les permitiera una administración propia. Se les concedió a cambio de que los grupos nacionalistas, que alimentaban este deseo, participasen y prestasen lealtad al nuevo orden constitucional. Lealtad que nunca cumplieron. ETA aparte.

Los que, en aquel momento, repartían la gracia, se daban cuenta de que esa distinción no sería admitida por las demás regiones e inventaron el “café para todos”, que consistía en conceder autonomías similares a todas las regiones que las pidieron y a alguna que ni siquiera la pidió. Era el requisito impuesto por los nacionalistas, desguazar Castilla, ante la cual ninguna otra región podía compararse.

Echaron a andar un nuevo orden territorial y administrativo cerrando los ojos al hecho de que esto tampoco satisfaría a los separatistas que, lo que deseaban, precisamente, era distinguirse de los otros y que quizá lo admitieron, en ese momento, porque pensaron que significaba un paso en la dirección deseada al que detrás seguirían otros. Este fue, a mi juicio, el mayor error de La Transición.

El resultado fue la creación de diecisiete entes político-territoriales, con forma de Estado, que ha demostrado tener ventajas e inconvenientes sobre la forma del Estado anterior. Como ventajas podemos admitir la proximidad de las administraciones a los problemas, que ha servido para transformar positivamente los territorios y como inconvenientes el fárrago, la complejidad, la carestía de las administraciones y un problema que va aumentando a medida que va pasado el tiempo, pero que nadie quiere admitir y mucho menos denunciar, el aldeanismo.

Es curioso comprobar como la sociedad, en su totalidad, en tantas ocasiones y circunstancias, se comporta como un imán que atrae a cada polo opiniones o ideas totálmente contrarias.Y hasta parece que ocurra obedeciendo, con idéntico fatalismo, la misma ley del imán.

Ahora mismo está ocurriendo en el tema capital de la eventual aglomeración, coordinación o confederación de territorios y/o poblaciones. Por una parte existe la comprensión de que los problemas actuales hacen necesaria esa suma, al enfrentarnos a algunos, que son imposibles de solucionar sin ella y, por otra, la resistencia a perder la esencia, la idiosincrasia y la soberanía. Los dos polos.

Es de señalar que mientras la tendencia a la suma se hace sin siquiera ser planteada y decidida, sino empujada por la necesidad imperiosa de las situaciones o acuciada por la gravedad de los problemas, la resistencia a ella y la querencia a la disgregación se hace de forma premeditada, pasional, activa y hasta violenta. Pongamos el actual Brexit como ejemplo supremo de importancia y visceralidad.

Y es que, en el ser humano, el atavismo de arraigo al propio territorio, a las raíces, parece ser mas fuerte que la posibilidad de usar alas para salir de él.

Y esto, va desarrollando una preferencia mayor y mas fuerte hacia lo “nuestro” que hacia lo excelente. A esto me refiero cuando hablo del aldeanismo como uno de los defectos que esta configuración territorial está desarrollando.

Vemos como se va admitiendo como argumento decisivo a la hora de elegir opciones que la preferencia caiga a favor de “lo nuestro” o de “los nuestros”.

Si se trata de contratar suministros y servicios se ha de favorecer a los que ofrecen productos “de aquí” y fomentan el empleo local.

Si se trata de reclutar funcionarios se apoya la cantera propia hasta primando el uso de lengua propia, si se tiene.

Lo mismo en el fomento y reconocimiento de artistas o escritores. Y se escarba en el pasado buscando viejas glorias a las que enaltecer aumentándoles, sin pudor, su importancia y merecimientos.

Se buscan ejemplares en el reino animal o vegetal, en trance de desaparecer por inadecuados, dándoles nueva vida por el único mérito de ser autóctonos.

Se ensalzan personajes históricos, quizá mediocres, dotándoles de inmerecidas y hasta falsas aureolas.

Se defiende la pervivencia de costumbres o tradiciones cutres y/o salvajes por ser fieles a lo ancestral.

Se sigue pensando que la vida mas placentera es tener un trabajo en la misma manzana que uno vive y tomando cañas, todos los días, con los amiguetes de primaria.

Y se sigue pretendiendo que todos los españoles somos iguales. Pero eso solo les parecerá a los que nos ven por encima de los Pirineos.

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