El relevo juvenil dio la talla para afianzar con un sólido triunfo la fase clasificatoria. Sólo los errores defensivos hicieron dudar del reparto de puntos.
España nunca había ganado en Rumanía y este jueves debutaba su seleccionador Robert Moreno. Todo ello confluyó con motivo del partido de clasificación para la Eurocopa 2020 que iba a desarrollarse en Bucarest. Y el entrenador que suplió a Luis Enrique -se guardó un minuto de silencio como homenaje para Xana- eligió esta fecha para aplicar la renovación generacional radical que tanto se venía reclamando para la selección absoluta.
Su primer once estuvo conformado por la doble delantera formada por Rodrigo y Alcácer, con Fabián como nexo con la medular compuesta por Busquets, Ceballos y Saúl. En las bandas se lanzarían los carrileros Jesús Navas y Jordi Alba, y Sergio Ramos y Diego Llorente custodiarían el área de Kepa. Una apuesta clara por mezclar a las vacas sagradas que quedan con los peones que han brillado en la sub-21. De hecho, las sustituciones que implementaría con el paso de los minutos fueron Oyarzabal, Sarabia y Mario Hermoso.
Y el riesgo asumido saldría de forma ilusionante. Porque los rumanos plantearon una batalla de intensidad y ardor físico que fue domada por la calidad y verticalidad repentina del sistema español. La solidez y el aplomo de los visitantes sólo se vería interrumpida por errores puntuales en el balance defensivo tras pérdida. La presión local, ideada por el seleccionador Cosmin Contra, se diluiría en el juego coral y la actividad táctica españolas -Busquets y Saúl recuperaban muy arriba-.

El ejercicio de control casi absoluto de la situación, con una movilidad sensacional en el centro del campo -Alcácer era la única referencia posicional clara-, neutralizó el alma contragolpeador de la delantera de una Rumanía que saltó al verde con tres centrales. La rapidez de la circulación nacional sería la mejor noticia de este renovado grupo de jugadores que arrancó un triunfo merecido de verdad. Fabián y Ceballos dañaban por dentro y las subidas de los laterales, por fuera. El ritmo impuesto desde la redonda resultaría seductor para el aficionado e inabordable para los centroeuropeos.
Así las cosas, con personalidad se fueron multiplicando las llegadas y el portero Tatarusanu se erigió en el mejor y salvador de los suyos. La concatenación de pases y ataques al espacio, con una celeridad familiar, ya dejó a Alcácer en mano a mano con el meta cuando se cumplía el minuto inicial. Nada pudo hacer el arquero, no obstante, cuando el colegiado pitó penalti por pisotón a Ceballos y Sergio Ramos transformó la tesitura en el 0-1 -minuto 29-.
Sí estuvo el destacado meta acertado para volar y sacar el lanzamiento de Alcácer angulado y ajustado al poste, tras el sensacional pase del clarividente Fabián. Y en la siguiente acción, en un córner, Tatarusanu sacó de dentro el testarazo de Ramos. Se relamía España en su adn alegre y combinativo cuando Jesús Navas centraba y Jordi Alba remataba a los pies del portero local. Y cuando Rodrigo, perfilado hacia la derecha, centraba para el remate de Alcácer. La exhibición en el primer acto estaba servida. Sin noticias de Puscas, el joven y prometedor delantero rumano. Kepa no había estrenado sus guantes.
Por ende, se presumía una reacción rebelde rumana en la reanudación, mas lo que se localizó fue el 0-2. Y la culminación del estilo español. Ceballos recibió el cuero en la frontal y filtró un pase a la espalda de la zaga ajena. Jordi Alba apareció como un relámpago y regaló a Alcácer una diana a portería vacía -minuto 47-. No pasó más que un pestañeo antes de que Fabián probara suerte con un zurdazo dirigido hacia la cruceta. Aparentaba el paisaje estar sentenciado ante semejante recital.

Pero amaneció una ventana de oportunidad para un seleccionado rumano que amortizó su pegada. En su primer tiro recortaron distancias. Florin Andone había suplido a Keseru y el otrora delantero del Deportivo embocó un cabezazo de Puscas -minuto 59-. Se acababa de decretar la resurrección energética de los locales, cada vez más concentrador, duros y peligrosos en vuelo. Le tocó a los visitantes mostrar capacidad de resistencia en este escenario sobrevenido.
Y les costó, ya que el partido finalmente pasó a ser conducido al plano anatómico. Subió líneas el dibujo de Contra, con el fino Ianis Hagi en la cancha, dispuesto a hacer sangre de otra descoordinación defensiva del favorito. Y ese agujero aconteció cuando un pase largo, raso y vertical, por el centro del ajedrez, bastó para desorientar a Ramos y a Llorente. Puscas, inteligente, se escapaba para encarar a Kepa y el central de la Real le tuvo que derribar, ganándose la roja. Quedaban once minutos de defensa con y sin el esférico.
Los centros sobre el área española se tornaron en lluvia. De repente devino la inercia de descontrol imprevisto en el protagonismo necesario de Kepa. El guardameta vasco emergió, imperial, para ejecutar dos paradas maravillosas en torno al minuto 90. Sarabia había perdonado una contra y Puscas, sin marca, para que los reflejos del arquero del City salvaran la victoria visitante. Y en el último segundo Arrizabalaga despejó las dudas de sus críticos repeliendo un cabezazo de Grigore desde el área pequeña. Al final, una España mejorada y dominadora se escapó como pudo del peso de sus déficits defensivos. Para ilusionar y encaminarse hacia la Euro 2020.
- Ficha técnica:
1 - Rumanía: Tatarusanu; Benzar, Nedelcearu, Chiriches, Grigore, Tosca; Ciprian Deac, Stanciu (Hagi, m.63), Marin; Puscas y Keseru (Andone, m.56).
2 - España: Kepa; Jesús Navas, Sergio Ramos, Diego Llorente, Jordi Alba; Busquets, Saúl, Ceballos (Sarabia, m.77); Fabián, Rodrigo (Oyarzabal, m.71) y Alcácer (Mario Hermoso, m.85).
Goles: 0-1, m.29: Ramos de penalti. 0-2, m.47: Alcácer. 1-2, m.59: Andone.
Árbitro: Deniz Aytekin (Alemania). Amonestó a Marin (30) por Rumanía; y a Ramos (29), Saúl (76) y Kepa (93) por España. Expulsó a Llorente por roja directa a los 79 minutos.
Incidencias: encuentro de clasificación para la Eurocopa 2020, disputado en el estadio Nacional de Bucarest ante 49.000 espectadores. Se guardó un minuto de silencio en memoria de Xana, la hija de Luis Enrique Martínez.