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TRIBUNA

Los jardines en ruinas de Juan Ignacio González

lunes 23 de septiembre de 2019, 21:10h

Hay poetas que necesitan la tradición greco-latina para deambular por la casa y pintar una pared en la que asomaran manchas de humedad. Juan Ignacio González (Mieres, 1960) es uno de ellos. Sueña con un mundo más justo mientras cocina y corta leña, sueña mientras cura a los lectores; sueña incluso rodeado de fealdad, en medio de una realidad monstruosa. Poeta comprometido políticamente, se inicia muy pronto con Otros labios acaso (Cuadernos Cálamo-Gesto, 1985). Su mundo propio es mezcla de adoración por la vida cuando está con sus compañeros y búsqueda de la justicia cercada a veces con vallas de madera negra y podrida. Parece directo, sin premeditación, cuando escribe. Los poemas que se recogen en Los jardines en ruinas (BajAmar Editores) fueron escritos y publicados entre 1987 y 2017, y acompañan ilustraciones llenas de fuerza de Leticia González Díaz. Quiere González que sea considerado un libro nuevo, lleno de su estado de humor, sus ritmos, su autorretrato. Muchos de sus poemas nos hablan de argonautas domados por el capricho del viaje, de ojos que conquistan e invaden otro amor, de mortales y dioses siniestros, poemas que nos conmueven por sus mares, por sus desiertos, por sus espacios vacíos.

Los jardines en ruinas nos habla del amor que siente por la poesía: Arte adivinatorio (1995), El cuaderno de la ceniza (2013), Cuando enero fue pasto de las llamas (2015), Los nombres de la herida (2016) y, el más cercano en el tiempo, Cuaderno de la guerra (2017). Poemas hechos de confesiones, divagaciones, apuntes revolucionarios, sabiduría que se amontona en su garganta, así nos habla del Oráculo de Delphos: “El incienso y la danza, / las ánforas del vino / y esa música amarga ante dioses grotescos / no han podido ocultar bajo los pliegues / la inocencia del cuerpo, Lidia mía, / y esas cosas a Lesbia le molestan”. Juan Ignacio González se adentra en Platres con su cuaderno de notas, rompe copas frente a Minotauros que nunca muestran simpatía, busca los labios de Hera en todos los puertos, de resplandor divino. El poema “Las manos del escriba” nos deja beber alegremente de su poética, que formula: “Todos estos papiros / escritos al dictado de los emperadores, / los tratados, las leyes, los dogmas, las consignas, / salieron de los cálamos que habitaron mis manos / tallados con la plumas de algún ave de paso”.

La antología es sugestiva y reúne en menos de cien páginas la poesía de Juan Ignacio llena de maestros de la Virtud: Zbgniew Herbert, Ritsos, Rilke, Antonio Gamoneda, Ángel González, Luis Rosales. Un verso de Kostas Sterýopulos le da el título de su libro: “Siempre te gustaron los jardines en ruinas”. Su calidad literaria se rebela contra buques literarios que le torpedean. Para quienes no han rodeado con el brazo su poesía, es una buena manera de descubrirla, de recorrer su mundo, de tener ideas diferentes. Encontramos algunas piezas que empezaron a crecer desde dentro como “Contra la oscuridad”: “Veréis, Señor, no espero de la vida / nada especial desde una noche mágica / en que prendió sus ojos a los míos”. Poeta de línea transparente, González no ofrece una cortina de humo a base de trivialidades. Con él, Petronio está hambriento y come deprisa, Ulises permanece sentado con la cara pálida, Meleagro crea un sistema para integrar los cuerpos que no pueden ser integrados por la vida misma.

Las ruinas no dejan de ser vitales. Las ruinas, que es cosa que se tiene siempre. Conviene sacar el mejor partido de ellas. Nada puede ser más elegante que las ruinas, que un hogar desnudo y limpio y lleno de paz. Hay variedad y sucesión de ruinas. Los viajes son aliciente de peso para los personajes que imaginan su destrucción en gran escala. “Todo personaje de ficción es una fantasía”, decía Paul Auster y poemas de fantasías y variaciones sobre versos griegos (“Desmintiendo a Plutarco”, “Crónica Troyana”, “Mensaje de Adriano a Antinoo”), que parecen los más fáciles de hacer pero no consiguen zafarse de la complejidad, son los más representativos poemas del autor mierense. Ingenio junto a belleza desnuda y naturalidad, como toda poesía cargada de verdad. Donde hubo dicha insaciable, ahora hay infidelidad que lleva a la destrucción final: “Me has sido infiel con otros, / herida por la música, / desnuda entre muchachos que no atinan / a amarte por la margen más hermosa”, dice uno de los poemas menos extensos, “Infidelitas”. La tristezas y alegrías se expresan por medio de mitos, ruinas y carros de batalla, parcas y naves, templos, imperios. En estos versos se encuentra, como un pilluelo que trae una melodía añorante, el viejo Homero, “Mas fui feliz de niño en la escuela de Esmirna / gusté temprano el verso de la mano de Femio, / mi maestro”.

Los jardines en ruinas es una invitación a redimir el mundo mediante el empleo milagroso del poema. Juan Ignacio González no desea más que vivir una vida sencilla. La poesía es una lucha brusca y franca queriendo gozar de alguna tregua. Hay muchas referencias concretas que le proporcionan ideas de todas las clases: Delphos, Cime, Ítaca, Hirtácita… De alguien que empezó a escribir hace tres décadas, no importa que los temas se parezcan, no importan los homenajes que tienen la capacidad de convertirlo todo en emoción. A las cicatrices y a las heridas dedica muchas composiciones. La que yo prefiero es “Variación sobre unos versos griegos”: “Te amo toda, / bueno, / menos los ojos, / claro, / se complacen en otros. / ¿Y yo qué?”. La poesía está empezando a ser lugar de excavación e indagación por un número elevado de lectores. El buen lector encontrará en este poeta popular asturiano, ecologista y fundador del grupo Cálamo de la Sociedad Gesto, aquello que le enseñaron desde muy pronto los maestros y profesores de literatura en su formación escolar. Los poemas aquí corren como el agua de las fuentes. Destaca la ausencia de monotonía y el verso memorable, no tiene vocación Juan Ignacio González de poeta que no comprenda su vida ni sus lecturas, revela sus sueños de otro tiempo, y es así como entramos en el mundo de otro.

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