El Levítico cuenta que «Yahvé dijo a Moisés: “Di a los israelitas: «En el mes séptimo, el primer día del mes, será para vosotros de gran descanso, conmemoración al clamor de las trompetas, reunión sagrada. No haréis ningún trabajo servil y ofreceréis manjares abrasados a Yahvé»”. Así, se estableció la fiesta de Rosh Ha-Shana, el Año Nuevo del calendario. Es un tiempo de solemnidad y elevación que precede al Yom Kipur, el Día de la Expiación, en que toda la humanidad es juzgada y se inscriben en el Libro de la Vida los nombres que vivirán un año más. Por eso, en Rosh Ha-Shaná es tradición saludar a los amigos diciéndoles “¡que seas inscrito por un nuevo año!” o fórmulas parecidas, así como intercambiar tarjetas que desean los mejores auspicios para el ciclo que comienza. Se simbolizan los buenos deseos de felicidad y dulzura tomando manzanas bañadas en miel. Este año la fiesta de Rosh Ha-Shaná comienza la tarde del 29 de septiembre -y aunque no siempre cae en este día- la actualidad hoy nos acompaña. En todas las comunidades judías se celebra hoy el año 5780 desde la creación del mundo.
Sin embargo, los días 29 de septiembre, en la historia del pueblo judío y en la de Europa, marcan también el comienzo de la gran matanza de Babi Yar, el barranco a las afueras de Kiev donde los nazis y los colaboracionistas ucranianos mataron a aproximadamente cincuenta mil judíos en 1941. Los alemanes habían tomado Kiev el 19 de septiembre de aquel año y, una semana después, resolvieron acabar con los judíos de la capital. El 28 se les ordenó concentrarse para su traslado. Los condujeron a pie hasta Babi Yar, los despojaron de todos sus objetos de valor, los desnudaron y los obligaron a agruparse de diez en diez al borde del barranco. El IV Comando de los Einsatzgruppen y policías alemanes y ucranianos los fusilaron por decenas. Al cabo de dos días, la fosa común contenía 33.371 cadáveres. Durante los meses posteriores, los invasores y los colaboracionistas siguieron matando gente en Babi Yar hasta llegar a las aproximadamente 100.000 personas entre judíos, gitanos y prisioneros de guerra soviéticos.
Este 29 de septiembre de 2019, a 80 años del comienzo de la II Guerra Mundial, nos impone, pues, una reflexión que parta del recuerdo y se proyecte hacia el futuro. En la tradición bíblica, la memoria no es un lastre que nos impide avanzar, sino una brújula que nos indica el camino y un trampolín que nos impulsa hacia el porvenir.
Como Auschwitz y Treblinka, como los guetos de Varsovia y Lodz, como todos los campos y todos los guetos de la Europa ocupada, Babi Yar es parte de la historia de los europeos. Allí condujeron el antisemitismo y el racismo. Allí llevó a Europa la cobardía de las democracias que no se atrevieron a hacer frente a Hitler y a sus seguidores cuando aún podía haberse evitado el horror de la II Guerra Mundial. En estos lugares de muerte y desolación, terminaron la tibieza y la vacilación de quienes permitieron la anexión de Austria, entregaron a Checoslovaquia y traicionaron a Polonia. El terror nazi se extendió al norte de África- se habla poco de esto- y el Reich tenían planes para acabar con los judíos de la Palestina bajo mandato británico. Muhammad Amin al-Husayni, gran muftí de Jerusalén, se estableció en Berlín y ayudó tanto en la destrucción de los judíos -ya había instigado las matanzas de 1929 y 1936 en la Palestina del mandato- como en el reclutamiento de musulmanes bosnios y albaneses. De ahí salió la 13.ª División de Montaña SS Handschar. El gran muftí llegó a intentar que el eje bombardease Tel Aviv.
Mientras, en todo el mundo, las comunidades judías celebran el Año Nuevo, la sombra de la guerra se cierne sobre el Oriente Próximo. La teocracia iraní continúa amenazando no sólo a Israel, sino también a sus vecinos árabes y a los países del Mediterráneo oriental. El peligro de que alcancen un arma nuclear convierte las peores pesadillas en realidades posibles. En Europa, el antisemitismo está cobrando nueva fuerza. El odio a Israel -el Estado judío convertido en el judío entre los Estados- enmascara los mismos odios del pasado. A nuestro continente han vuelto los boicots a los judíos alentados por movimientos antisemitas como el BDS. Han renovado sus fuerzas las campañas de demonización y deslegitimación de Israel y de los judíos. So pretexto del «antisionismo», se oculta el antisemitismo que ha dado a Europa sus horas más sombrías. Ya no lo alientan sólo la extrema derecha y la extrema izquierda, sino que se nutre del islamismo y el yihadismo que han ido extendiéndose por Europa gracias al activismo de los radicales y a la debilidad y los complejos de las democracias europeas a la hora de afirmar y defender sus valores.
En su biografía de Menachem Mendel Schneerson, el gran Rebbe de los Lubavitch, el rabino Joseph Telushkin, cuenta una anécdota memorable. Justo después de Rosh Ha-Shaná, George Rohr, un seguidor y admirador del gran líder religioso, se le acercó y le dijo “Rebbe, le gustará saber que tuvimos en la ceremonia de Rosh Ha-Shaná 180 personas sin ningún origen judío”. El Rebbe le respondió “¿Sin origen judío? Dígales que tienen el origen de Abraham, Isaac y Jacob, Sara, Rebeca, Raquel y Lea”.
Ningún europeo carece por completo de un trasfondo cultural judío. La civilización occidental hunde sus raíces en la Biblia. Por todo nuestro continente y allí donde nuestra civilización llegó, la tradición de la Sagrada Escritura ilumina e indica un camino. El futuro no está escrito. Uno no es viejo, parafraseando a Martin Buber, mientras conoce el significado de comenzar. En esa relación prodigiosa que el Creador establece con su criatura y que resuena en cada pasaje, está la confianza en que somos capaces de hacer frente a los desafíos del futuro mientras pasamos por esta vida. La historia de Europa, que atravesaba sus horas más tenebrosas en aquel 29 de septiembre de 1941, es también la historia de quienes se atrevieron a luchar con lo que tenían a su alcance.
En 1933, pocos meses después del ascenso de Hitler al poder, Joseph Roth escribió en Cahiers Juifs que «hay que reconocerlo y decirlo con toda franqueza: la Europa espiritual se rinde. Se rinde por debilidad, por desidia, por indiferencia, por irreflexión. El futuro deberá investigar con exactitud los motivos de esta capitulación vergonzosa».
En este año que hoy comienza, nos corresponde a nosotros que Europa no capitule de nuevo ante la irracionalidad, el fanatismo y la tiranía de quienes quieren, hoy como antes, el exterminio de los judíos.
Feliz año 5780.