www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ORIENT EXPRESS

El peligro kurdo

domingo 13 de octubre de 2019, 20:10h

El 15 de agosto de 1984, dos comandos terroristas del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) atacaron sendos puestos de vigilancia de la gendarmería turca en las localidades de Siirt y Hakkari. Mataron a un gendarme y a dos policías. Hirieron a otro policía, a seis soldados y a tres civiles. Fueron los primeros atentados de la organización fundada en 1978 por Abdullah Öcalan, que hoy cumple condena en Turquía después de su detención en Kenia en 1999.

La orientación izquierdista del PKK le granjeó numerosas amistades fuera de Turquía. En los años del final de la Guerra Fría, se lo veía como el movimiento de liberación de los kurdos en Turquía. La retórica de la descolonización seguía resonando en Europa y el PKK sería la vanguardia de la lucha de los kurdos -los nuevos “desheredados de la tierra” por tomar la expresión del célebre libro de Fanon- contra la República de Turquía. La aspiración de crear un Estado kurdo se equiparaba, pues, a las luchas por la independencia de los pueblos oprimidos por las metrópolis coloniales.

No es momento ahora de resumir la evolución de los acontecimientos. El profesor Francisco Veiga, en «El turco. Diez siglos a las puertas de Europa», habla de «una guerra de baja intensidad que enfrentó al PKK con el ejército turco hasta finales de 1995». Baste señalar que el PKK fracasó, su líder entró en prisión y la aspiración de un Kurdistán independiente cedió ante un vago proyecto confederal y autonomista. Turquía, país miembro de la OTAN desde 1952 y uno de los aliados más importantes de los Estados Unidos en el mundo islámico, había conservado su integridad territorial. Sin embargo, «la variable kurda» -así la llama Darko Tanaskovic en «From Neo-Ottomanism to Erdoganism. A doctrine And Foreign Policy Practice of Turkey»- estuvo siempre presente en las relaciones entre Ankara y Washington, así como en la política turca hacia Siria. En 1998, recuerda Tanaskovic, Ankara llegó a amenazar a Damasco con una intervención militar motivada por las actividades del PKK contra Turquía desde territorio sirio.

Sin embargo, la guerra civil en Siria y el ascenso del Estado Islámico en Siria llevó a Washington a buscar un aliado en el norte del país. Ahí estaban los kurdos para combatir a los yihadistas. La organización hermana del PKK en Siria es el Partido de Unión Democrática (PYD), que controla las milicias Unidad de Protección Popular y Unidades Femeninas de Protección. Los kurdos de Turquía y los de Siria disponen, pues, de sendas organizaciones que operan coordinadamente. Los cuerpos armados del PYD han combatido al DAESH gracias a la ayuda estadounidense. Así, Washington está dividido entre dos aliados que son enemigos entre sí. La lucha de los kurdos de Siria contra los yihadistas les ha granjeado apoyo internacional y les ha permitido controlar tres provincias con sus propios efectivos. Por mucho que la Casa Blanca insista en que se trata de kurdos distintos de los de Turquía, las relaciones entre unos y otros son tan estrechas que Ankara desconfía.

En realidad, era la intervención de los Estados Unidos la que daba a Turquía ciertas garantías de que los kurdos no se convertirían en una amenaza. Siria y Turquía comparten más de 800 kilómetros de frontera y el establecimiento de un territorio controlado, de facto, por las milicias kurdas de Siria pondría en peligro el territorio turco colindante. La retirada de las tropas estadounidenses que el presidente Trump ordenó el lunes pasado ha abierto la caja de los truenos: ya nadie garantiza que los kurdos de Siria no empleen la zona bajo su control para desestabilizar a su vecino turco. La intervención de Ankara se ha limitado hasta el momento a una franja de terreno a lo largo de la frontera y los kurdos siguen controlando la mayor parte de tres provincias sirias.

En España, los principales valedores del PKK fueron los nacionalistas vascos y catalanes, así como los comunistas. En 2013, por ejemplo, EH Bildu presentó una moción en el Parlamento Vasco para que se reconociese “la realidad nacional del Kurdistán”. En 1999 el PNV había permitido a los separatistas kurdos del autodenominado “Parlamento kurdo en el exilio” reunirse en la cámara vasca. Diversas organizaciones nacionalistas catalanas convocaron el jueves una manifestación en Barcelona para protestar contra la intervención turca. Fueron unas mil personas según los medios nacionalistas. Carles Puigdemont comparó la situación de los kurdos con la de los catalanes. Los CDR de Gerona llamaron a la movilización por el Kurdistán “pueblo rebelde y libre, cuna de la lucha feminista, ejemplo del combate contra el fanatismo yihadista. Más que nunca, nuestra solidaridad con Kurdistán atacado por el totalitarismo turco”. Izquierda Unida ha expresado su “enérgica condena” del “acto de violencia unilateral” del Gobierno turco.

Mientras tanto, en Turquía, la intervención militar ha logrado el apoyo incluso de la oposición al presidente. El peligro kurdo ha logrado poner de acuerdo a los adversarios políticos y, en general, la opinión pública aprueba la intervención militar. No va a ser el descontento popular en Turquía el que detenga la campaña para crear un territorio seguro entre la zona controlada por las milicias kurdas y la frontera. Si los Estados Unidos se embarcan en un ciclo de sanciones y guerra económica contra Ankara, la consecuencia será perjudicial para todos. No sólo perderán la confianza de los kurdos, ya socavada por la retirada estadounidense, sino que también se resentirá la relación con Turquía, un aliado valioso.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(1)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.