Los amantes de la naturaleza y de la descongestión turística que conocen Almería quieren mantener en secreto su descubrimiento. Pero es difícil no compartir las sensaciones que provoca explorar las playas del Cabo de Gata una vez que se han conocido. Este Parque Natural, enclavado en el corazón de la provincia de Almería, constituye el mayor atractivo de un destino ideal para el verano. Aguas que no conocen la suciedad, parajes de una naturaleza minimalista, pelada de árboles que, según dicen sin mucha base científica, desprenden una radiación provocada por los yacimientos minerales beneficiosa para el organismo.

Pero no se trata de un enganche químico. Las playas del Cabo de Gata muestran sus encantos de un modo objetivo. La de los Muertos (detalle arriba), una de las más conocidas, se alcanza tras un cuarto de hora de "soportable" camino a pie bajo el implacable sol almeriense. Debe su nombre a que los cuerpos sin vida de los náufragos alcanzaban la rectísima línea de la playa. Sus fuertes resacas le han hecho a más de uno plantearse otras interpretaciones de la denominación, aunque con un poco de precaución el riesgo de accidentes es leve. Impresiona la transparencia del agua, la visibilidad azul de los fondos y el contacto con cientos de pececitos brillantes que no huyen de la presencia humana. Además, su orografía encrespada, con dos grandes formaciones rocosas, le proporcionan una singularidad tal que el paisaje playero se convierte, para sorpresa del viajero, en lo opuesto al turismo de estética ramplona y vulgar.
Descubierto el hechizo en Los Muertos, conviene anotar en el Moleskine otros rincones casi sagrados. Las calas entre Monsul y Genoveses son un prodigio de quietud, en que es posible encontrarse completamente solo en pleno agosto y en las que parece que puede surgir en cualquier momento una embarcación pirata. La playa de los Escullos, -con libertad para el naturismo, como es hábito respetado en este Parque-, cuenta con una curiosa plataforma que permite al bañista caminar a un palmo de agua, emulando a Cristo cuando andaba por las aguas, poco menos. También en verano se monta una "hayma" que no conviene perderse.
Otros nombres para retener son las calas de San Pedro, la Isleta del Moro y, cómo no, la playa de las Negras, que esta sí cuenta con elementos de "civilización", como servicios de hostelería.
Playa de los MuertosMerece la pena adentrarse también en pintorescos lugares que dotan de una personalidad incomparable al entorno del Cabo de Gata. Uno de ellos es el bar de Joe, promovido por moteros alemanes, al que sólo se llega con cierto afán de aventura. Otros atractivos, fuera de Cabo de Gata, son los pueblos de Mojácar -paradigma de "pueblo blanco"- o Níjar, famoso por sus cerámicas y sus jarapas, características alfombras finas.
La capital, Almería, crece al ritmo de una economía en expansión, pero le invade un marchamo de ciudad de interior -pese al mar- que libra al viajero de la obligación moral de visitarla, pese a lo agradable y místico de ciertos barrios de sabor árabe, con recoletas teterías, cerca del monumento moruno de la Alcazaba. También es una visita muy interesante la red de refugios subterráneos que se crearon en la Guerra Civil, con salida -o entrada- por los quioscos que diseñó el arquitecto local Guillermo Langle.
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