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POR LIBRE

La culpa es de Rajoy y de Franco

domingo 20 de octubre de 2019, 20:16h

Sánchez, Marlaska, las televisiones amigas e incontables tertulianos se han emocionado con el mantra de que los Mossos, la Policía Nacional y la Guardia Civil se están coordinando ejemplarmente en los altercados de Barcelona. No como en tiempos de Rajoy. Al argumento de marras dedican buena parte de sus atinados análisis o de sus ruedas de Prensa. Están emocionados con esa coordinación que consiste en que los agentes asisten como meros espectadores al terrorismo callejero de los CDR. De cuando en cuando amagan con una carga para dispersarlos. Y luego vuelven a quedarse estáticos contemplando cómo los salvajes independentistas incendian y arrasan la ciudad de turno. Eso sí, se protegen con sus escudos de la lluvia de piedras, adoquines, petardos y bengalas que les lanzan los radicales independentistas. Pero, muy bien coordinados. Cumplen ejemplarmente con la moderación y proporcionalidad que les ordenan. Porque, según Sánchez, así actúan los demócratas auténticos. Sin dar un porrazo a los delincuentes. No vayan a arañarles. Sin embargo, más de doscientos policías han sido heridos en las algaradas, algunos de gravedad.

También destacan emocionados los tertulianos más habituales y los voceros socialistas que los alborotadores son una minoría. Que en su derecho a manifestarse, los millones de ciudadanos que salen a la calle a criticar al Tribunal Supremo y a reivindicar la independencia son pacíficos y simpáticos. No importa que corten calles y carreteras e impidan que los catalanes puedan ir a trabajar, a llevar a sus hijos al colegio o a acudir al Hospital en caso de una urgencia. Ni que los comerciantes, los hosteleros y otros muchos empresarios se estén arruinando por el colapso de Barcelona y de las otras grandes ciudades. O que cada mañana, los vecinos se encuentren su ciudad arrasada Da igual. Los manifestantes son pacíficos, el mejor ejemplo de la revolución de las sonrisas. Resulta placentero verlos desfilar con sus esteladas al aire por las calles y autopistas catalanas. O sentarse en medio de las plazas a jugar a la pelota. Dan ganas de besarlos. Los malos, los alborotadores son cuatro gatos que no representan a nadie.

Como es natural, nadie habla de Pedro Sánchez, de su inacción, de su cobardía, de su pasividad. En todo caso, critican a Quim Torra por jaleara los alborotadores y a alguno ya se le ha escapado responsabilizar del vandalismo callejero a Rajoy. De la desastrosa herencia que ha dejado al presidente en funciones, que bastante hace el pobre para arreglar el entuerto.

Y al PSOE, que ve cómo cae en las encuestas mientras el PP sube como la espuma, le ha gustado la idea. Carmen Calvo y José Luis Ábalos ya se han apresurado a culpar a Rajoy de las algaradas. Tal cual. En sendas ruedas de Prensa han acusado al expresidente del Gobierno de haber intoxicado a los ciudadanos catalanes que, heridos en los más profundo de su nacionalismo, no han tenido más remedio que salir a la calle a arramplar con todo, a agredir a la Policía, a dejar las principales ciudades catalanas como si hubieran sido bombardeadas en un guerra de las de antes.

Para ellos, el presidente en funciones no es el responsable de que las Fuerzas de Seguridad se sientan desamparadas por las órdenes de” moderación y proporcionalidad” del Ejecutivo. La culpa es de la herencia de Rajoy. Pedro Sánchez está actuando como un demócrata auténtico que confía en que se restablezca la tranquilidad y la convivencia sin mover un dedo. Que, además se comporta como un estadista que va a lograr, por fin, remover los huesos de Franco. Y que pasará a la Historia por tamaña hazaña. Es posible que cuando esta semana trasladen en helicóptero sus restos del Valle de los Caídos a El Pardo a algún tertuliano o a algún ministro socialista se le ocurra culpar al dictador de las algaradas en Cataluña. Podría ser un buen eslogan para la campaña electoral: Rajoy y Franco, responsables de todos los males de España.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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