Concluida la polémica Asamblea Especial para la región Panamazónica, el Sínodo de la Amazonia, nos topamos con una verdadera división de opiniones y audaces propuestas que entendiéndolas como recomendaciones, dan al clavo en los reclamos ancestrales de la Iglesia católica. Porque…materializar varias de ellas supuestamente aplicables al entorno amazónico en exclusiva, conllevaría trasladarlas al seno de toda la Iglesia si es que se clama por su unidad y no hablamos de poca cosa: sacerdocio de casados y diaconado femenino traducido en lo que algún compendio llamó “ministerio de la mujer dirigente de la comunidad”, que no versa sobre monjitas cantoras, sino de mujeres proactivas tirando además a un sacerdocio de ocasión.
Ello sumando además, un profundizado diálogo interreligioso que admite, por no decir que se recuerda así mismo, que el contacto con otras religiones como siempre sucedió, pueden “contaminar” al catolicismo, influyéndolo si se desea que influya, lo que no es sino un catolicismo más de ideas que lo han “contaminado” siempre, dicho entre comillas.
Y es que no nos engañemos: el Cristianismo ritual actual en todas partes, es una mezcla contaminada de judaísmo y tradición griega, y escolástica, presente en ideas, vocablos, ademanes. No hay un cristianismo químicamente puro, sino uno enriquecido de mil maneras y por muchas centurias precedentes. Porque así como he visto un Belén japonés con la Sagrada Familia portado atuendos típicos nipones, en México los bailables muestran un sello indígena reconocible.
Así, Es espeluznante y muy reprobable la postura de algún cardenal alemán como Müller, que ha descalificado el sínodo y todas las acciones pontificias. ¿Querrá su eminencia que sigamos solo una suerte de “canon de Baviera”, dicho esto con sorna? ¿se obnubila al no comprender que el rito católico se adapta a cada región, de ahí en gran medida que sea incluyente y universal, etimología de la palabra “católico”? Es deplorable la postura del sujeto y la de su conferencia episcopal, tan prepotente, tan retadora al pontífice romano. Chirrían sus descalificaciones y se lo digo de católico a católico.
Ciertamente que no obstante que se buscara que las conclusiones del interesante sínodo se circunscribieran a la zona amazónica, detonarán un debate renovado en temas álgidos como ese sacerdocio de casados, planteado peregrinamente por algunos como un curatodo a pederastas y demás, sin que esté probada esa hipótesis, o ese rol de la mujer en la iglesia católica, que no se limite a la maternidad o a la vida contemplativa. Y es que si de lo permite a unos, debería permitírsele a todos. Francisco va a contrarreloj y dando contradictorios mensajes al respecto.
El sínodo pone el acento en dos temas: a) en la participación del laicado. En efecto: a diferencia de otras confesiones, la católica va como en partidas distintas. Los miembros de la Iglesia deciden nada. Su ayuda ministerial y su intervención en los temas eclesiales –administrativos o de fe– son periféricos. Si la nota apunta a darle vuelo a solo aquellos cercanos, a viejitas devotas y a personas que participan de actos y ceremonias de manera recurrente, cual ratones de sacristía, sin ampliar el espectro, sería muy insuficiente. La verticalidad tradicional de la Iglesia merecería cambios. Considero que el clamor sinodal sí atiende a una mayor participación de todos los laicos.
Y b) en el tema folklórico lo pone eso del pecado ecológico. La obra divina ya estaba mandado que sea respetada, así que el hábitat merece protegerse; ahora será pecaminoso afectarlo. Pues ¡va! actualicemos gozosos el manual de pecados, que ya el Infierno hará su parte, suponemos, poseídos y embargados todos de credulidad y devoción infinitas.
¿Qué hubo ritos a la Pachamama en el mismísimo Vaticano? ¿qué unos “ídolos” ajenos a la fe verdadera dejados allí, fueron arrojados al río Tiber, testigo de siglos de intolerancias e hitos? Pues qué bien. A tirar por la borda la tolerancia que hoy se clama.
Será que mis ojos americanos me dejan ver siempre aquí en ultramar, el sincretismo religioso que es el pan nuestro de cada día y para mí es absolutamente normal. Ese que parece picarle un ojo a muchos prelados europeos, pero es que la verdad los creo exagerados en alzar sus cejas alacranadas absortos y condenatorios de las expresiones amazónicas tan alejadas al boato de los Palacios y la blancura pontificios, por mucho que clamen sobriedad en el pontificado actual. Para mí, acercar la religión católica a pueblos ciertamente tan diferentes, me es de lo más cotidiano, porque en México conviven perfectamente bien estos acercamientos, hace ya siglos. ¡Qué Cristo no nació en Turingia!
Luego queda desentrañar las respuestas a preguntas puntuales: ¿era necesario el sínodo abordando los problemas puntuales de la región panamazónica? Se corría y se corre el riesgo de que lo acordado para tal región lo acabe siendo para toda la Iglesia; y se abordaron temas que en otras latitudes se llevan debatiendo hace ya largo tiempo y que no impliquen romper la unidad de la Iglesia. Menudo reto.
El documento final emanado de ese cuerpo sinodal reclama poner fin al coloniaje doctrinario, mientras prescribe armonizar ritos locales con rituales cristianos, católicos, respetando identidades, usos y costumbres, lo cual suena asaz contradictorio, porque si bien enaltece así el derecho a la identidad propia, la transversa inculcando valores cristianos a cosmogonías indígenas, que, tal y como está el tema, son europeizados y su conciliación se antoja casi imposible. Si el matiz está en el “casi” ergo, la tarea a emprender cuenta con un alto grado de complejidad, desde luego.
Lo vivido estas semanas recientes en el seno de la Iglesia católica, advierte que no se está ajena a sus problemas, pero hay reticencias y persisten los ataques a un Papa que algunos llaman hereje. Desde ultramar percibo una actitud discriminatoria para el latinoamericano y la repruebo. Una que resulta inadmisible. ¿Qué no cuadra a valores europeos? Tanto peor para una Europa tildada de poscristiana, antes que de liberal y moderna en materia religiosa. Una que podrá controlar el colegio cardenalicio, pero ya no la fe, diversa gracias a la expansión por siglos del catolicismo, merced a los europeos, pero también a su propia dinámica conformadora. Francisco imprime su sello latinoamericano, pero se mueve entre muy diversas expresiones de catolicismo y eso no parece ni comprenderse ni aceptarse entre prelados europeos y destaco la soberbia y pecaminosa ignorancia petulante de los prelados alemanes, que se yerguen como los guardianes de la fe, que no lo son, por muy atildados y empingorotados que lo parezcan.
¿Ritos paganos en el Vaticano, hechos por católicos? Peores cosas se han hecho intramuros. Si rezar a la Pachamama los escandaliza, más lo hace saber pederastas encubiertos a tantos clérigos católicos, algunos presos como el cardenal australiano. Puestos a elegir, prefiero la Pachamama. Ya lo de crear un fondo ecológico, redes escolares “a donde el Estado no llega” u ordenar indígenas son ribetes de un todo. Falta ver que Bolsonaro esté de acuerdo en lo que toca. El alzamiento indígena en Ecuador no requiere de otros en defensa de su entorno contra saqueadores del Amazonas que tanto solapa y defiende, que se produjeran al amparo de la Iglesia militante. Para pensarlo.