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EL PROBLEMA ERA ESTRASBURGO

sábado 02 de noviembre de 2019, 18:01h
El presidente marioneta de la Generalidad, el racista Joaquín Torra, tenía preparada...

Este artículo de Luis María Anson, aparecido en el diario El Mundo, ha sido reproducido íntegro en las redes sociales y suscitado incontables comentarios. La verdad sobre el rigor jurídico de Manuel Marchena y sus colaboradores y el acierto de la sentencia se abre camino, a pesar de los ataques que ha sufrido a izquierda y a derecha.

El presidente marioneta de la Generalidad, el racista Joaquín Torra, tenía preparada, tras la sentencia, la explosión secesionista en las calles de las ciudades catalanas. Daba igual que esa sentencia fuera por un año de cárcel que por treinta. Puigdemont y su títere Torra habían decidido aprovecharla para desencadenar el caos y potenciar el secesionismo. Eso lo sabían los magistrados del Tribunal Supremo, impermeables a las coacciones y amenazas de Torra y sus compinches.

El problema no era la reacción secesionista sino Estrasburgo. El ordenamiento jurídico español y europeo lo conocen a fondo los magistrados, no los políticos ni los tertulianos. Una sentencia por rebelión tenía altas probabilidades de ser casada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Atendiendo siempre y en primer lugar a la Justicia, los magistrados del TS decidieron condenar por sedición. Acertaron. Lo peor que podía ocurrir no eran las algaradas secesionistas en Cataluña, sino que Estrasburgo casara la sentencia, con grave descrédito para la Justicia española. Los secesionistas, además, habrían utilizado el revolcón como arma arrojadiza contra España.

Expliqué todo esto en un artículo anterior, en medio de la lógica caravana de críticas hostiles que descalificaron la sentencia. Jesús García, en un artículo admirable, ha sabido documentar la decisión del TS. “Los magistrados -escribe- consagran casi 200 páginas a desmontar una a una las denuncias de las defensas sobre supuesta vulneración de derechos fundamentales”. Y añade: “La Sala ha tratado así de blindar su resolución frente a futuros recursos ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos”. Ahí está una de las claves de la sentencia. El Supremo no ha castigado, por supuesto, las ideas secesionistas. Los procesados, ya condenados, tenían y tienen derecho a pensar como quieran y a difundir y defender su pensamiento. Se les ha condenado por delitos de sedición cometidos contra el orden constitucional.

Marchena y sus colaboradores han elaborado una sentencia, además, inteligente y previsora, teniendo en cuenta el ordenamiento jurídico europeo. Descalificar el esfuerzo de los magistrados del Tribunal Supremo se puede entender, pero la realidad de lo ocurrido, desde mi punto de vista, ha sido otra y conviene dejar constancia de ella.