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Ensayo

Françoise Thom: Cómo entender la Rusia de Putin

domingo 03 de noviembre de 2019, 21:00h
Françoise Thom: Cómo entender la Rusia de Putin

RIALP. Madrid, 2019. 189 páginas. 14,25 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En Cómo entender la Rusia de Putin hallamos un análisis exhaustivo del modus operandi que caracteriza a Rusia desde el ascenso al poder de Vladimir Putin. La autora es una notable conocedora de realidad política y económica de las sociedades poscomunistas, un aspecto que permea a lo largo de todo el libro a través de abundantes referencias históricas.

En efecto, Françoise Thom establece interesantes relaciones entre el pasado más inmediato (destacando la época de la URSS y la década de Boris Yeltsin al frente de Rusia) y la actualidad. En consecuencia, pone de manifiesto algunos hechos relevantes, entre los que cabe subrayar el sentimiento de paranoia que históricamente ha caracterizado a los gobernantes rusos, la existencia del crimen organizado como un rasgo propio ya desde los años de Stalin o la transformación interesada a mediados de los 80 de la antigua nomenclatura comunista en oligarcas, un grupo social que ha prosperado como consecuencia de su cercanía al poder político.

Con todo ello, la concepción negativa de la democracia supone un nexo fundamental entre el pasado inmediato y el Putinismo, en tanto en cuanto aquélla es entendida como una herramienta empleada por el “enemigo occidental” para laminar a Rusia. Los años de gobierno de Gorbachov vendrían a justificar esta peculiar forma de pensar; el caos de los noventa sirvió para que en el imaginario ruso se consolidaran determinados mantras que Putin ha instrumentalizado y sobre los que ha cimentado sus métodos políticos.

Al respecto, sobresale la creencia generalizada de que Rusia fue humillada por Occidente, en particular por Estados Unidos, durante la posguerra fría y solo Putin fue capaz de salvarla: Putin y los suyos ven detrás de todas las manifestaciones en Rusia o en el espacio postsoviético la mano del Departamento de Estado americano y por tanto una ofensa a Rusia” (p. 55). Este mensaje, trufado de mesianismo y nacionalismo, se fue imponiendo en el interior del país a comienzos de la reciente centuria y su transmisión se vio facilitada tanto por el control gubernamental de los medios de comunicación como por la mejora de la situación económica del país, debida ésta última al incremento de los precios de los hidrocarburos.

Además, cabe apuntar que durante el periodo 2001-2008, Estados Unidos prestó escasa atención a las maniobras de Rusia en su “patio trasero”, debido a que la guerra contra el terrorismo global monopolizó toda la atención de Washington: “En la época, los Estados Unidos estaban ante todo preocupados por la guerra de Irak, y su actitud respecto a Rusia era de un benevolente descuido, cosa inconcebible para el Kremlin, donde se imaginaba que los dirigentes conspiraban día y noche para derribar al gobierno ruso” (p.121). Posteriormente, cuando Barack Obama propuso el reset, Moscú lo interpretó como un síntoma de la debilidad norteamericana.

A partir de ahí, el objetivo de Putin se volvió más ambicioso, como han corroborado sus injerencias en el espacio exsoviético (Georgia, Ucrania) o las campañas militares en Siria. Asimismo, en el escenario doméstico se acentuó el autoritarismo (persecución a la oposición política, restricciones del derecho de manifestación, injerencias en la vida privada…). A pesar de este cúmulo de medidas, el Putinismo ha perdido atractivo entre la ciudadanía, lo que ha obligado al régimen a incrementar la propaganda (fake news) con la finalidad de desacreditar a sus adversarios, en particular a la Unión Europea y a Estados Unidos, explotando el resentimiento existente en amplios sectores de sus respectivas sociedades.

En efecto, desde Rusia se insiste en identificar a Europa con la degradación moral, el hedonismo y la cobardía, no dudando en apoyar a todo movimiento, ya sea de extrema derecha o de extrema izquierda, contrario a los valores (solidaridad, consenso, multilateralismo…) que simboliza la Unión Europea. Consecuentemente, partidos y personalidades tan diferentes entre sí como Syriza, Amanecer Dorado, Melenchon o Marine Le Pen, que conciben la democracia liberal como un obstáculo para sus aspiraciones políticas, gozan de las simpatías del Kremlin, entre otras razones porque desprecian el vínculo transatlántico y apuestan por la destrucción del proyecto de integración europea.

En definitiva, una obra fundamental para comprender cómo actúa uno de los principales actores del actual escenario internacional, la Rusia de Vladimir Putin. Françoise Thom disecciona las herramientas con las que el citado dirigente persigue introducir una división interesada en Occidente (al que previamente ha calificado como su enemigo), así como aquellas medidas que aplica en el interior de su país y con las ha impuesto a sus compatriotas su particular visión del mundo.

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