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Relatos/Ensayo

Olga Tokarczuk: Los errantes

domingo 03 de noviembre de 2019, 21:12h
Olga Tokarczuk: Los errantes
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Traducción de Agata Orzeszek Sujak. Anagrama. Barcelona, 2019. 400 páginas. 20, 90 €. Libro electrónico: 9, 99 €. Se publica la obra quizá más carismática de la flamante Premio Nobel. Un libro híbrido que abarca varios géneros, destacando los singulares relatos que contiene, y que nos muestra a una escritora lejos de los caminos trillados. Por Federico Aguilar

Cuando la polaca Olga Tokarczuk (Sulechów, 1962) recibió la noticia de que le habían concedido el premio Nobel de Literatura 2018 -anunciado estos días, junto al de Peter Handke, de 2019-, le vino a la mente el nombre de su compatriota Wislawa Szymborska, galardonada en 1996 con la más alta distinción de las letras. Así, Tokarczuk se convierte en el segundo nombre de la literatura polaca en recibir el Nobel, que se une a otros reconocimientos como el Premio de la Asociación Polaca de Editores de Libros, el de la Fundación Kościelski, y el Literario Vilenica. Tokarczuk se graduó en Psicología en la Universidad de Varsovia y durante muchos años trabajó como psicoterapeuta en varias clínicas -una formación en la destaca su conocimiento de la figura y la obra de Carl Gustav Jung-, hasta que dejó esta profesión una vez que sus libros empezaron a tener resonancia. Pudo así dar cuenta de las contradicciones de la vida y de los hombres, algo que muchas veces consigue mejor la literatura que la psicología. En la actualidad combina la literatura con impartir talleres de escritura creativa. Novelista, ensayista y poeta -en este último género comenzó su andadura literaria con La ciudad en los espejos- con cerca de una veintena de obras en su haber, la concesión del Nobel a Tokarczuk permitirá acercarse más a una autora no excesivamente conocida en España.

En nuestro país, en 2001, Lumen publicó Un lugar llamado Antaño, que recorre la historia desde la Primera Guerra Mundial hasta nuestros días a través de tres generaciones de campesinos habitantes de un pequeño pueblo. En esta novela, el lector español ya pudo apreciar la calidad literaria de Tokarczuk y su cuidado y exigente lenguaje. Tuvieron que pasar varios años hasta la traducción al español de otra de sus novelas, Sobre los huesos de los muertos, que Siruela publicó en 2016 y acaba de reeditar. Sobre los huesos de los muertos es una singular e interesante propuesta que, bajo el armazón de novela policiaca, es una suerte de thriller metafísico, donde estallan las complejidades y oscuridades de la condición humana, a la vez que pone de manifiesto una de las mayores preocupaciones de su autora, como son los atentados que se cometen contra la naturaleza y su compromiso con el medio ambiente, junto a su talante feminista.

Ahora nos llega uno de sus títulos más carismáticos, que vio la luz originariamente en su país en 2007. Se trata de Los errantes, que en 2018 se alzó con el prestigioso Man Booker Internacional y que sin duda ha sido decisivo para inclinar el ánimo del jurado del Nobel hacia Tokarczuk.

Los errantes se asienta en una sugerente hibridez que abarca varios géneros: el cuento, el libro de viajes, la reflexión y el ensayo filosóficos, y la autobiografía con la que se abre el libro, tras una contundente declaración: “Aquí estoy”, dice Olga Tokarczuk, para volver sus ojos a recuerdos de la infancia: “Tengo pocos años. Estoy sentada en el alféizar, a mi alrededor hay juguetes esparcidos por el suelo, torres de cubos derrumbadas, muñecas de ojos saltones. La casa está a oscuras, en las estancias el aire, poco a poco, se enfría, se debilita. No hay nadie; se han marchado, han desaparecido, cada vez más tenues se pueden oír todavía sus voces, su arrastrar de pies, el eco de sus pasos y alguna risa lejana. Al otro lado de la ventana el patio aparece desierto. La oscuridad se desliza suavemente desde el cielo. Se posa sobre todas las cosas como un negro rocío. Lo más molesto es la quietud: espesa, visible; el frío crepúsculo y la luz mortecina de las lámparas de vapor de sodio que se sumerge en la penumbra apenas a un metro de su fuente. No ocurre nada, el avance de la oscuridad se detiene ante la puerta de casa, el vocerío del eclipse se desvanece. Se forma una espesa tela, como la de la leche al enfriarse. Los contornos de las casas, con el cielo como telón de fondo, se alargan hasta el infinito, perdiendo sus ángulos agudos, bordes y aristas. La luz que se apaga se lleva el aire: no hay nada que respirar. La oscuridad penetra en la piel. Los sonidos se han enroscado y han echado para atrás sus ojos de caracol; la orquesta del mundo se ha ido alejando hasta desaparecer en el parque”.

Entre las reflexiones que encierra, a modo en ocasiones de microensayos, se encuentran las que abordan los aeropuertos y el turismo. Y, en los relatos, se nos narra la historia de curiosos personajes, como el taxidermista doctor Blau o Philip Verheyen, cirujano flamenco del siglo XVII que tras la amputación de una de sus piernas, la conserva y le escribe cartas. O Ánnushka, protagonista del cuento que da título al libro, y quizá el más ambicioso, que camina por el metro de Moscú sin rumbo fijo, tratando de escapar de un hogar conflictivo. La errancia de Ánnushka es paradigma y aglutinador de la visión que recorre el libro y que en buena medida es característica de su autora: “La movilidad es la realidad”.

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