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ENTREVISTA

Enrique Dans: "En 40 años recordarán a los cajeros del súper como nosotros a los esclavos"

Enrique Dans.
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Enrique Dans.
miércoles 13 de noviembre de 2019, 17:56h
El influyente divulgador tecnológico alerta en su nuevo libro de la inminente destrucción de empleo que provocarán las máquinas y propone una solución muy concreta: la renta básica.

Cuando imaginamos el futuro solemos pensar en robots, coches voladores, inyecciones rejuvenecedoras, hombres viviendo en la luna o superordenadores infinitamente más listos que nosotros. Sin embargo, esta visión simplista resulta muchas veces contraproducente pues nos impide contemplar el bosque en su totalidad, siendo conscientes de los presumibles beneficios pero también de los riesgos potenciales a los que nos enfrentaremos.

En su nuevo libro, Viviendo en el futuro (Deusto, 2019), Enrique Dans, popular divulgador sobre innovación tecnológica y autor del best seller Todo va a cambiar (Deusto, 2010), trata de dar respuesta a una simple, pero complejísima, pregunta: ¿qué podemos hacer en el presente para que exista un futuro?

Según Dans, el desafío más inmediato de la humanidad no es la inteligencia artificial, ni la conquista de la Luna, ni la amenaza nuclear, sino el cambio climático. En su opinión, si no logramos descarbonizar el planeta y volvernos totalmente sostenibles no merece la pena preocuparnos de lo demás, porque simplemente no habrá nada de lo que preocuparse. De forma paralela, Dans, como otros muchos, asegura que la automatización de los servicios y procesos productivos, acabará con millones de puestos de trabajo.

Y para combatir estos dos inminentes problemas, nuestros políticos (a los que critica con ferocidad) deberían dejar de velar por sus propios intereses, ver más allá de sus narices y comenzar a tomar medidas. El escritor gallego propone, entre otras cosas, apostar de forma decidida y masiva por las energías renovables y eliminar las contaminantes; dar una renta básica universal a los ciudadanos o sustituir los libros de texto de los estudiantes por teléfonos móviles. "El futuro es ser capaces de tener un mañana".


Me he quedado con mal cuerpo después de leer su libro…

No soy pesimista pero intento dejar claro que tenemos problemas. Y si no hacemos nada para solucionarlos la posibilidad de que no exista un futuro está ahí. Y no lo sufrirán nuestros nietos, sino que nos puede tocar a nosotros.

¿Aún hay esperanza para la humanidad?

Hay un espacio para el optimismo puesto que las generaciones que vienen saben que esto es muy importante. Me da esperanza la actitud de los chavales que están ahora en el colegio o en los primeros años de universidad, mucho más belicosos en estos temas que la gente de mi edad, bastante más escéptica. Esa gente en uno o dos años está votando, y poco después alcanzará puestos de responsabilidad.

Mucha gente, incluso en los países occidentales, opina que, como no van a vivir, le importa un bledo lo que pase…

El problema es que, posiblemente, sí les toque. Escenarios como el de un fallo ecológico que nos impida cultivar cereales, ciertas partes del mundo hundiéndose bajo el agua o migraciones masivas, como consecuencia del aumento de las temperaturas (en algunos lugares se superarán los 50 ºC) o de la contaminación, podrían darse en un par de décadas.

Sabemos lo que hay que hacer y lo que pasará si no lo hacemos, pero seguimos inmóviles, o lo que es peor, contaminando más que nunca…

La tecnología necesaria para descarbonizar buena parte de nuestra actividad ya existe. No es un problema tecnológico sino de adopción de la tecnología. ¿Por qué no lo hacemos? Básicamente porque buscamos excusas fáciles. El 90% de los coches emplea el motor de explosión, una tecnología anticuada. Pero la gente lo sigue utilizando porque es más barato que el coche eléctrico, del que critican que sea caro. Es caro porque no lo compran lo suficiente.

"Estamos superponiendo los intereses de determinados países o economías en función de un criterio erróneo. El primer criterio siempre ha de ser la supervivencia"

¿Cómo se convence a los lobbies o a estados como China, EEUU o India para que apuesten por políticas sostenibles?

Estamos superponiendo los intereses de determinados países o economías en función de un criterio erróneo. El primer criterio siempre ha de ser la supervivencia, un reto que nunca nos hemos planteado como especie. Es momento de cambiar las prioridades. El problema es que no hay ningún regulador mundial, porque todos vemos que la ONU no tiene dientes; carece de capacidad para imponer legislación coactiva. Es necesaria la búsqueda de consensos de otro tipo, que sirvan para, por ejemplo, aislar a aquel que no cumple.

Parece muy complicado hacer que todos esos intereses converjan…

Tenemos que intentarlo. Los países cambian cuando sus ciudadanos se lo exigen. China no es un país democrático y allí es difícil que suceda algo parecido, pero en Estados Unidos la mayoría de candidatos demócratas llevan en sus programas algo parecido al green new deal, es decir buscar que la descarbonización genere puestos de trabajo para evitar el empobrecimiento.

Deberíamos estar cada vez más unidos y tener menos problemas, pero parece que sucede todo lo contrario. Lo que vende es la división y la polarización…

Sí. Las redes sociales respondían, en principio, a una necesidad de relación, pero han recibido un uso mucho más perverso. ¿Qué cambia de la campaña de Obama a Trump? El primero trató de llegar a cuanta más gente mejor mientras el segundo buscó la división, la polarización y el cabreo, identificando los elementos que pueden cabrear más a cada segmento de personas.

En el libro dice que 2018 será el año del fin del social media tal y como lo conocemos. ¿Qué quiere decir exactamente?

Empiezo a tener muchas dudas de que sea viable superponer a un modelo social otro basado en la monetización del usuario. Gran parte del rechazo que empiezan a tener algunos jóvenes hacia las redes sociales se debe a que piensan que, como no pagan por el producto, ellos son el producto. Creo que en algún momento nosotros, los ciudadanos, diseñaremos nuestra herramienta social, que será como nuestra página en la red, de la que seremos responsables. Y la parte publicitaria no estará necesariamente vinculada a estos espacios.

"En vez de nativos digitales hemos creado huérfanos digitales"

¿Son los jóvenes cada vez más superficiales, como consecuencia del (¿mal?) uso de la tecnología?

El problema con que se están encontrando las nuevas generaciones es que los adultos renunciaron a educarlos en el uso de las nuevas tecnologías. Cuando vemos que nuestros hijos utilizan nuestro móvil mejor que nosotros, porque no han tenido que desaprender, les dejamos de educar en un contexto nuevo. En vez de nativos digitales hemos creado huérfanos digitales.

Una de sus críticas al sistema educativo actual es que excluya a la tecnología, en vez de convertirla en un eje vertebrador del mismo…

No hemos introducido cambios para desarrollar herramientas muy necesarias hoy en día, como, por ejemplo, el pensamiento crítico. Seguimos utilizando el mismo sistema educativo, no muy diferente del que vivieron nuestros padres o abuelos. Seguimos dándoles a los jóvenes un libro de texto, como fuente única de conocimiento, y eso es un problema, porque posibilita la editorialización y la manipulación, y, además, impide que se enfrenten a una pluralidad informativa importantísima.

¿No le da miedo que se conviertan en lectores crónicos de Wikipedia, donde también existen sesgos?

No se trata de creer que van a encontrar información no sesgada sino de aprender a identificar ese sesgo. No hay que buscar la mejor fuente, sino recurrir a muchas para verificarlas y contrastarlas. Lo bueno surge de la discusión. Sigo pensando que podemos poner cargadores en los pupitres, animar a los alumnos a buscar información en sus móviles y discutirla en clase.

Si no nos hemos puesto de acuerdo en 40 años para un pacto educativo, ¿cree que podría llevarse a cabo un cambio tan radical como el que propone?

Desarrollar el sentido crítico no tiene tanto que ver con la tecnología como con la metodología. Buscamos que, cuando una persona acceda a una información –o desinformación-, sepa verificarla y contrastarla, eso sí, a través de la tecnología. Y lo bueno que tiene la tecnología es que cada vez es más potente y barata. Ahora mismo se puede montar un aula educativa en el centro de África pagando 28 euros por ordenador. No es un problema económico sino decisorio, político.

"La renta básica ya no es de izquierdas o derechas: las máquinas se quedarán con muchos trabajos y, si queremos que el sistema siga siendo viable, tendremos que cambiar la relación de las personas con el trabajo"

En materia de empleo, ya estamos viendo como cada vez más empleos humanos son sustituidos por máquinas. Su apuesta: una renta básica universal. ¿En qué condiciones y con qué financiación?

En el libro intento despojar a la renta básica de su aura política. Una parte de la izquierda la defiende como una forma de evitar que la gente no caiga en la pobreza. Y otra la considera una ‘paguita’ para contentar a la gente para que no proteste. En la derecha quien la rechaza dice que es una fábrica de vagos y quien la acepta la ve como una forma de reducir el papel del Estado. En realidad, la renta básica ya no es de izquierdas o derechas, sino que es una forma de prepararse para algo que va a pasar sí o sí: las máquinas se quedarán con muchos trabajos y, si queremos que el sistema siga siendo viable, tendremos que cambiar la relación de las personas con el trabajo.

¿Qué quiere decir?

El trabajo tiene que ser otra cosa. Dentro de 40 años, cuando recuerden que existían personas cuyo trabajo era escanear productos en una silla a la salida de un supermercado, pensarán lo mismo que pensamos hoy de la esclavitud. Les parecerá totalmente aberrante.

Cuando uno lee un libro, ve una película o simplemente imagina el futuro lo que le viene a la mente no es una civilización dividida en 194, con sus culturas, lenguas, costumbres, etc. ¿Tiene sentido el sistema económico-político actual?

No. No lo tiene. Un sistema administrativo basado en fronteras y en capacidad de decisión totalmente autónoma no tiene sentido. Y la prueba de ello es que hay compañías que aprenden a hackearlo, pagando un 2 % de impuestos o beneficiándose de la disparidad del entorno global. Muchas de las ventajas comparativas de los países hoy en día se basan precisamente en so. Si eres un norteamericano que vive en Wisconsin y te asomas a Nebraska, te darás cuenta de que quienes viven allí son muy parecidos a ti. Por eso, si quieres lanzar un negocio lo harás, como mínimo en los 49 estados contiguos. Si eres un español que tiene una idea, te asomas a Francia y ves que los franceses son distintos, Portugal es más pequeño, en Marruecos escriben raro… Gran parte de los problemas que tenemos provienen de la superposición de un sistema anticuado con otro globalizado, sin que exista un supervisor capaz de fijar el rumbo.

Si tuviera la oportunidad de reunirse con todos los líderes –económicos y políticos- de la Tierra, ¿qué les diría?

En primer lugar, les diría que el sistema actual, basado en el capitalismo o el motor de explosión, ha funcionado muy bien, pero es hora de cambiarlo a través de la descarbonización, volviéndonos sostenibles. En segundo lugar, tenemos que organizarnos porque los ordenadores están dejando de ser lo que eran. Antes les dábamos las reglas y los datos para que obtuviesen las soluciones, pero ahora les damos unos datos y las reglas las genera la máquina y aprende. Eso diferenciará a las empresas exitosas de las desplazadas.

¿Cree que le harían caso?

Creo que los que no hagan caso se encontrarán con severos problemas competitivos, porque los demás los bloquearán.

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