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ESCRITO AL RASO

En esta difícil hora de España

David Felipe Arranz
lunes 11 de noviembre de 2019, 20:08h

Temblor de España, abstención de muchos, congelación del voto, hartazgo, discursos como cuchillos de noviembre y fuego patriótico de la unidad nacional que sorprende: sube la derechona y el precipitado de Iglesias a los abismos de la incoherencia no ha llegado a tanto. El presidente va a tener complicado trocar en gobernabilidad los votos de los españoles, los debates de la tele, toda una época de desconcierto. El centro se queda sin su líder, que abandona a sus correligionarios diciendo que “La vida es mucho más que la política”. Y el amor. Y la poesía. Y todo, Albert, es mucho más que vuestra política.

Lo tuvo difícil Iglesias para compadecer su vida de rico con el salario del pobre, una vez se hizo casta y ascendió a los cielos de Galapagar. Porque la única verdad de las políticas, de la política, es que al entusiasmo le sigue la derrota, como al triunfo de Inés Arrimadas en Cataluña devino casi dos años después en mi pareja, mis padres y mi vida antes que esto. Francesc de Carreras, Xavier Pericay, De la Torre, Toni Roldán y Javier Nart saltaron del barco mucho antes de que a todos les llevase la riada de esta nostalgia: su negociación autonómica y municipal, su negativa a reunirse con Pedro Sánchez y sus vaivenes ideológicos –de socialdemócrata a liberal– le han dejado sin una gota de zumo de la que puedan libar sus discípulos.

España es políticamente de polos opuestos, de bipartidismo, de campaña de brocha gorda, de progresistas y conservadores, de turnismo, de pactos del Pardo a lo Cánovas y Sagasta. España es de hombres a caballo y del personal cabreado arrojando ladrillos a las fuerzas y cuerpos. España es de ¡Teruel existe! Y de un señor que va regalando anchoas de Santoña porque están muy ricas, porque lo suyo, lo de todos es la tierruca; y luego está la reunión sindical y el procesista parasitario que incendia Vía Layetana. Porque nuestra nación está sin resolver y el esfuerzo de tener que ir al colegio electoral el domingo ha resultado inane –menos para VOX–: el mismo retrato, solo que esta vez sí ha venido el frío y las luces en las ciudades están a punto de iluminarnos las molleras, un año más, antes de tiempo.

España es de bloqueos y la esperanza del cambio no es más que la escarcha que nos mantiene vivos a unos pocos, como la novela, el teatro o una conversa con nuestra amada Magüi Mira, que bien pudiese ser no solo ministra, sino presidenta del Gobierno. La España delas urnas es una España inútil que solo vela por los intereses de la casta, la legislatura, el pacto y la mamandurria, de partidos que revalidan su parasitismo de hemiciclo y que conoce mutaciones infinitas para mostrarnos caras distintas de un mismo desgaste. La España política es de beneficios electorales, más que de servicio al ciudadano, porque no hemos acabado la transición y seguimos enredados en un sistema tercermundista en el que el pueblo no puede elegir a sus líderes en una lista abierta, transparente, meritocrática.

Entonces la noche de 10-N salen a la palestra el Hombre-Traje, el Niño de Palencia, Santiago Matamoros y se cuelgan del pecho todas las medallas de nuestro descontento ante el aplauso de la turba, sin decir una sola palabra de economía, educación ni cultura. Políticos de coco-loco, golfos prenavideños, oportunistas de hueso de santo y buñuelo de viento, lumpenproletariado político… A Albert Rivera le dignifica haber dejado su escaño y la vida política: no es frecuente ver por aquí gestos así. La democracia no está siempre: va y viene según quién la practique. Han ganado las izquierdas y sus confluencias: ahora solo falta que se pongan de acuerdo. Pero lo que esperan ellos, unos y otros, es un cargo, el reparto, la responsabilidad de su cotarro, la rebatiña de los restos para recomponer un nuevo Gobierno en esta difícil hora de España.

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