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ESTRENO

Crítica. Le Mans 66: el calor de la pasión contra el frío industrialismo

jueves 14 de noviembre de 2019, 21:32h

Estas últimas semanas, la sabiduría de Martin Scorsese encendía un debate a cuenta de las películas de superhéroes. ¿Son cine? ¿Son entretenimiento? ¿Son ambas cosas a la vez o ninguna?

“Existen personas en la industria con una absoluta indiferencia sobre el aspecto artístico y una actitud displicente y posesiva —una combinación letal— sobre la historia del cine. Lamentablemente, la situación es que tenemos dos campos separados: el entretenimiento audiovisual mundial y el cine. De vez en cuando se solapan, pero eso sucede cada vez menos”, argumenta Scorsese en un artículo en el NY TImes donde expandía los razonamientos de su crítica.

Con este panorama, no podía resultar más paradójico y a tiempo el estreno de una película como Le Mans 66. Basada en la historia real que se esconde detrás del empeño de la todopoderosa Ford de ganar las 24 horas de Le Mans sobre Ferrari, casi por despecho tras una negociación fallida por comprar la marca italiana, nos encontramos en realidad con una historia con aroma a clásico David contra Goliath.

Dos amigos unidos por su amor por el mundo de motor luchan por hacer realidad el sueño de sus vidas a pesar de los traspiés que puedan poner los “encorbatados” empresarios. El Ford contra Ferrari anunciado se transforma en un choque entre el calor de una pasión pura y el frío discurrir empresarial.

El expiloto reconvertido a diseñador de coches Carrol Shelby (Matt Damon) y el mecánico y piloto Ken Miles (Christian Bale) contra el mundo. Y con una pareja así, además optando por centrar la historia en ellos en lugar de la batalla empresarial, la apuesta de Le Mans 66 es ganadora.

Ni el drama familiar que acompaña al piloto, ni las luchas internas que acarrea Shelby, ni las primorosas secuencias de carreras: Bale y Damon en pantalla. Para qué más. El carisma del actor galés, del que se puede disfrutar en su acento natal, se come la pantalla en uno de sus mejores papeles. Y su dinámica con Matt Damon se convierte en la gran baza de la película dirigida por James Mangold.

Un director, Mangold, que es casi un paradigma de realizador artesano al estilo hollywoodiense. Lo mismo saca adelante un western como El tren de las 3:10 -también con Bale- que saca lustre al género superheroico con Logan –logrando la nominación al Óscar a mejor guión- como que pone una estatuilla en los brazos de Reese Witherspoon con En la cuerda floja.

Ese solapamiento entre entretenimiento audiovisual y cine del que hablaba Scorsese lo tiene Le Mans 66. Y no sólo lo muestra en pantalla sino que también lo hace con su propia existencia.

Es una de esas películas en vías de extinción: dirigida a un público adulto y de presupuesto holgado. Dos variables que los grandes estudios están dejando de lado a menos que haya una capa ondeante de por medio que asegure el retorno de su inversión. 20th Century Fox –impulsora de este proyecto- era uno de los que más arriesgaba en este sentido pero con la compra de Disney queda por ver qué ocurrirá con esa estrategia.

¿Se impondrán los ejecutivos que harán películas como una cadena de montaje o habrá hueco aún para el viejo aroma a cine bien hecho? En el entretanto, mientras sigan saliendo películas como Le Mans 66, tocará disfrutar de ellas. Quién sabe si dentro de unos años, como al Ford GT40 que ganó la carrera, se revisionará con la mirada del que está ante una reliquia.

Le Mans 66

Título original: Ford vs Ferrari
Duración: 152 minutos
País: Estados Unidos
Dirección: James Mangold
Guión: Jason Keller, James Mangold, Jez Butterworth, John-Henry Butterworth (basado en el libro de A.J. Baime)
Fotografía: Phedon Papamichael
Banda sonora: Marco Beltrami
Reparto: Matt Damon, Christian Bale, Jon Bernthal, Caitriona Balfe, Noah Jupe, Josh Lucas, Tracy Letts
Sinopsis: Basada en la historia real del visionario diseñador americano de automóviles Carroll Shelby y el intrépido piloto británico Ken Miles, que se enfrentaron juntos a los obstáculos corporativos, las leyes de la física y sus demonios personales para construir un revolucionario coche de carreras para Ford Motor Company y acabaron con el dominio de los bólidos de Enzo Ferrari en las 24 Horas de Le Mans en Francia en 1966.
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