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TRIBUNA

La banda de Sánchez

sábado 16 de noviembre de 2019, 20:27h

Soy de los que creen que el respeto al muerto no obliga a la loa. Por eso mismo, si me dispongo a darle la razón a Albert Rivera cuando es un cadáver político aún caliente, es porque lo hago con férrea convicción.

Que sí, que se equivocó de estrategia desde las elecciones de abril; que el tono más beligerante y crispado no casaba bien con su ambición de representar al centro liberal; que hace tiempo que su figura desgastada pedía el recambio de Inés Arrimadas. No obstante, con tiempo y perspectiva, sabremos apreciar mejor lo que hizo Rivera; y le echaremos de menos.

Joder, yo ya lo hago. Le echo de menos y han pasado horas desde su dimisión; horas que han bastado para que España se abrace al chavismo, ERC se ponga a hablar de “mesa de diálogo” para la independencia y Otegi exija la libertad de los “presos políticos” -etarras-.

De los días posteriores al 10N podemos sacar dos conclusiones: que Pedro Sánchez es un mentiroso compulsivo y que Rivera tenía razón; la banda de Sánchez existía y solo estaba esperando al momento idóneo para ser convocada.

Lo que expresaba Rivera en términos cleptómanos no era más que el impulso irracional de Sánchez -el ansia viva, que diría José Mota- por perpetuarse en el poder a cualquier coste, aunque para ello deba endeudarse con la peor chusma ibérica: el sedicioso Junqueras, el fugado Puigdemont, el filoterrorista Otegi o la extrema derecha -sí, la que tan bien conocen en País Vasco o Cataluña y de la que no se habla-. En definitiva, unas compañías que hacen parecer moderado a su socio Iglesias.

El tiempo le ha dado la razón a Rivera. Y ha dado argumentos también a quienes creen que la repetición electoral no era sino la estrategia del PSOE para dinamitar Ciudadanos e inflar a Vox con el fin de insuflar el miedo al ogro de la “ultraderecha” (sic). Aunque eso sería suponerle una pericia política a Sánchez que, probablemente, quede muy por encima de sus posibilidades. Yo soy más de la teoría del burro flautista.

Sea como fuere, Sánchez nos ha tomado el pelo a todos. En especial a sus votantes, aunque dudo que la borregada se lo reproche. Al fin y al cabo, es esa borregada la que se dice digna y “antifascista” mientras se pone morcillona con la idea de que Otegi sea ministrable. Voto a Dios que me espanta esta España.

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